jueves, 1 de octubre de 2015

CAPITULO 15

Dicen que despues de la tempestad llega la calma, lo que no se suele escuchar es que el absoluto silencio, es el mejor promulgador de las tempestades.
Lo descubrí, tras ese apacible momento donde no se escuchaba nada. Ni pajaros, ni coches, ni pasos, ni siquiera mi respiración, pues contenía el haliento.
Fué entonces cuando la tormenta se desató.
El hombre de luz comenzó a correr hacia mi, con una impresionante espada en la mano, de esas que solo se veian el las peliculas de caballeros o de magia.
La espada desprendia una extraña luz por las grietas, o más bien grabados, que formaban un extraño dibujo sobre la afilada hoja.
Aterrada, me levanté y eché a correr, cruzando la calle y el parque vacío y entrando en una especia de vereda, donde los frondosos árboles formaban una cúpula que a penas permitia el paso de los rayos del sol, por lo que allí daba la impresión de estar oscureciendo.
"No dejes de correr Rave, si no me equivoco ese hombre viene a matarnos" Chilló histerica Soul.
"¿Porqué? ¿Porqué querría matarnos? Oh, Dios, no entiendo nada, Soul. Tengo miedo" le respondí al borde de las lágrimas, pero sin dejar de correr, aunque ya comenzaba a cansarme.
No me juzgueis, por que estar encerrada durante media vida en un loquero no es lo más oportuno para tener una forma física óptima.
Miré hacia atrás y no vi al hombre de luz, pero si vi a los colores, siguiendome.
Paré de correr y me metí entre los arbustos a los lados del camino, tumbandome en el suelo, de forma que nadie que pasara pudiera verme.
"¿Que narices estas haciendo? ¿Porqué has parado? ¡Nos va a alcanzar!" Volvió a gritar.
"¿A ti que te parece? ¡Me estoy escondiendo!"
"¡Eres una estúpida! ¡Vas a hacer que nos maten! ¿Es que no te has dado cuenta que las luces nos siguen? ¡Solo con verlas sabrá donde estamos!
¡Tenía razón!
Y justo cuando lo comprendí, sentí un fuerte tirón en mis pies y fui arrastrada por el suelo fuera de mi escondite.
Chillé como nunca lo habia hecho, pues jamás había experimentado tal nivel de miedo, hasta estar convencida de que el sonido, que retumbaba entre los árboles, habia llegado hasta Rimbaud.
El hombre de luz me giró y me dió un golpe en la cara con la mano abierta, torciendo mi rostro por el impacto y haciendome callar. Pude notar como un hilo de sangre se derramaba por mi nariz. Sigue arrastrandome hasta que me encuentro en la mitad del camino y en un movimiento rápido, que no me esperaba, me da una patada en el estómago, haciendo que el dolor de extienda por todo mi cuerpo y que me dobe en posición fetal, tan aturdida que no podía moverme.
Herida.
Indefensa.
No me moví, aunque obiamente no podía, pues el dolor lo impedia. Casi podía asegurar que me había roto una o varias cortillas. Simplemente esperé al siguiente golpe, pero no llegó.
En su lugar escuché el extraño sonido de algún objeto raspando en el suelo y vi al hombre de luz moviendose a mi alrrededor, agachado, como dibujando.
-Siento mucho haberte herido de esa manera, pero no podía permitir que delataras nuestra posición- habló con una voz demasiado ronca como para entenderla con claridad, a menos que prestaras atención.- No pretendia tener que causarte sangre tan pronto. Es un desperdicio. Pretendía llevarte para atraer a los otros, pero con tus heridas no durarias mucho. Supongo que será más facil matarte ahora, así no correré el peligro de tener que compartirte.
Se apartó y por primera vez pude ver bien su rostro.
Era un hombre apuesto, o al menos lo habría sido, hacia tiempo. Habría dicho que tenía cerca de los treinta años pues era lo que se observaba en esos enormes ojos azules y pomulos marcados. Lo habría dicho, de no ser por su pelo canoso, practicamente plateado, y las profundas arrugas que poblaban su piel, en manos, cuello y frente, que era lo unico de él que quedaba a la vista con el traje negro, de cuerpo entero, que llevaba.
-Por tu forma de mirarme supongo que te preguntas por qué hago esto. Te diría que porque lo necesito para sobrevivir, pero eso sería mentira. La verdad es que quiero más tiempo y tú, querida, tienes más que el de cualquier otra alma que haya visto jamás.- dijo inclinandose junto a mi rostro para que viera el anelo en sus ojos.
¿Pero anelo de qué?
"Eso ya no importa. ¡Corre por tu vida, Raven!" Gritó Soul.
La obedecí.
Aprovechando su cercanía levanté la pierna y lo golpeé con todas mis fuerzas, haciendolo caer lejos de mí.
Con dificultad conseguí levantarme y a penas pude observar el extraño dibujo que habia hecho a mi alrrededor antes de correr, cojeando.
Durante los pocos metros que recorrí, pude sentir que había algo mal en mi interior y entonces comencé a toser sangre.
Cuando a penas me quedaban unos metros para salir a la claridad del parque de nuevo, sentí un doloroso tirón en mi cabeza y fuí arrastrada por el pelo de vuelta.
-¿A donde pensabas ir? ¿Eh, zorrita? No tienes a nadie. No le importas a nadie. Nadie te escuchará. Rindete.
Eso se parecía tanto a lo que mi tía dijo. A lo que ocasionó mi silencio.
Tenía razón.
No le importaba a nadie.
Ni a mi abuela, que nunca venía a visitarme. Ni a Jace, la única persona en la que aún creia.
"¡No caigas Raven, eso es lo que quiere! ¡No te rindas!"
"¿Cómo no rendirse si no tienes nada por lo que luchar?"
El extraño (mi asesino) volvió a depositarme en el centro de el dibujo, pero esta vez, espada en mano.
Y lo siguiente que sentí fue el extraño metal templado atravesandome y a dos voces, llamandome.
Junto a mi, mi madre, tan bella como la recordaba, me ofrecia su mano, y la tomé.
Entonces cerré los ojos, extrañamente en paz y agradecida de que mi último recuerdo, fuera entre aquellos árboles, con el viento meciendo sus ojas y arrullandome.

Y morí.

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