Dicen que despues de la tempestad llega la
calma, lo que no se suele escuchar es que el absoluto silencio, es el mejor
promulgador de las tempestades.
Lo descubrí, tras ese apacible momento donde
no se escuchaba nada. Ni pajaros, ni coches, ni pasos, ni siquiera mi
respiración, pues contenía el haliento.
Fué entonces cuando la tormenta se desató.
El hombre de luz comenzó a correr hacia mi,
con una impresionante espada en la mano, de esas que solo se veian el las
peliculas de caballeros o de magia.
La espada desprendia una extraña luz por las
grietas, o más bien grabados, que formaban un extraño dibujo sobre la afilada
hoja.
Aterrada, me levanté y eché a correr, cruzando
la calle y el parque vacío y entrando en una especia de vereda, donde los
frondosos árboles formaban una cúpula que a penas permitia el paso de los rayos
del sol, por lo que allí daba la impresión de estar oscureciendo.
"No dejes de correr Rave, si no me
equivoco ese hombre viene a matarnos" Chilló histerica Soul.
"¿Porqué? ¿Porqué querría matarnos? Oh,
Dios, no entiendo nada, Soul. Tengo miedo" le respondí al borde de las
lágrimas, pero sin dejar de correr, aunque ya comenzaba a cansarme.
No me juzgueis, por que estar encerrada
durante media vida en un loquero no es lo más oportuno para tener una forma
física óptima.
Miré hacia atrás y no vi al hombre de luz,
pero si vi a los colores, siguiendome.
Paré de correr y me metí entre los arbustos a
los lados del camino, tumbandome en el suelo, de forma que nadie que pasara
pudiera verme.
"¿Que narices estas haciendo? ¿Porqué has
parado? ¡Nos va a alcanzar!" Volvió a gritar.
"¿A ti que te parece? ¡Me estoy
escondiendo!"
"¡Eres una estúpida! ¡Vas a hacer que nos
maten! ¿Es que no te has dado cuenta que las luces nos siguen? ¡Solo con verlas
sabrá donde estamos!
¡Tenía razón!
Y justo cuando lo comprendí, sentí un fuerte
tirón en mis pies y fui arrastrada por el suelo fuera de mi escondite.
Chillé como nunca lo habia hecho, pues jamás
había experimentado tal nivel de miedo, hasta estar convencida de que el
sonido, que retumbaba entre los árboles, habia llegado hasta Rimbaud.
El hombre de luz me giró y me dió un golpe en
la cara con la mano abierta, torciendo mi rostro por el impacto y haciendome
callar. Pude notar como un hilo de sangre se derramaba por mi nariz. Sigue
arrastrandome hasta que me encuentro en la mitad del camino y en un movimiento
rápido, que no me esperaba, me da una patada en el estómago, haciendo que el
dolor de extienda por todo mi cuerpo y que me dobe en posición fetal, tan
aturdida que no podía moverme.
Herida.
Indefensa.
No me moví, aunque obiamente no podía, pues el
dolor lo impedia. Casi podía asegurar que me había roto una o varias cortillas.
Simplemente esperé al siguiente golpe, pero no llegó.
En su lugar escuché el extraño sonido de algún
objeto raspando en el suelo y vi al hombre de luz moviendose a mi alrrededor,
agachado, como dibujando.
-Siento mucho haberte herido de esa manera,
pero no podía permitir que delataras nuestra posición- habló con una voz
demasiado ronca como para entenderla con claridad, a menos que prestaras
atención.- No pretendia tener que causarte sangre tan pronto. Es un
desperdicio. Pretendía llevarte para atraer a los otros, pero con tus heridas
no durarias mucho. Supongo que será más facil matarte ahora, así no correré el
peligro de tener que compartirte.
Se apartó y por primera vez pude ver bien su
rostro.
Era un hombre apuesto, o al menos lo habría
sido, hacia tiempo. Habría dicho que tenía cerca de los treinta años pues era
lo que se observaba en esos enormes ojos azules y pomulos marcados. Lo habría
dicho, de no ser por su pelo canoso, practicamente plateado, y las profundas
arrugas que poblaban su piel, en manos, cuello y frente, que era lo unico de él
que quedaba a la vista con el traje negro, de cuerpo entero, que llevaba.
-Por tu forma de mirarme supongo que te
preguntas por qué hago esto. Te diría que porque lo necesito para sobrevivir,
pero eso sería mentira. La verdad es que quiero más tiempo y tú, querida,
tienes más que el de cualquier otra alma que haya visto jamás.- dijo
inclinandose junto a mi rostro para que viera el anelo en sus ojos.
¿Pero anelo de qué?
"Eso ya no importa. ¡Corre por tu vida,
Raven!" Gritó Soul.
La obedecí.
Aprovechando su cercanía levanté la pierna y
lo golpeé con todas mis fuerzas, haciendolo caer lejos de mí.
Con dificultad conseguí levantarme y a penas
pude observar el extraño dibujo que habia hecho a mi alrrededor antes de
correr, cojeando.
Durante los pocos metros que recorrí, pude
sentir que había algo mal en mi interior y entonces comencé a toser sangre.
Cuando a penas me quedaban unos metros para
salir a la claridad del parque de nuevo, sentí un doloroso tirón en mi cabeza y
fuí arrastrada por el pelo de vuelta.
-¿A donde pensabas ir? ¿Eh, zorrita? No tienes
a nadie. No le importas a nadie. Nadie te escuchará. Rindete.
Eso se parecía tanto a lo que mi tía dijo. A
lo que ocasionó mi silencio.
Tenía razón.
No le importaba a nadie.
Ni a mi abuela, que nunca venía a visitarme.
Ni a Jace, la única persona en la que aún creia.
"¡No caigas Raven, eso es lo que quiere!
¡No te rindas!"
"¿Cómo no rendirse si no tienes nada por
lo que luchar?"
El extraño (mi asesino) volvió a depositarme
en el centro de el dibujo, pero esta vez, espada en mano.
Y lo siguiente que sentí fue el extraño metal
templado atravesandome y a dos voces, llamandome.
Junto a mi, mi madre, tan bella como la
recordaba, me ofrecia su mano, y la tomé.
Entonces cerré los ojos, extrañamente en paz y
agradecida de que mi último recuerdo, fuera entre aquellos árboles, con el
viento meciendo sus ojas y arrullandome.
Y morí.
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