martes, 30 de junio de 2015

CAPITULO 12
¿Iba a salir?
Por un momento pensé que era una broma, que solo quería burlarse de mí, pero entonces vi su cara de sinceridad y se hizo real.
Una sonrisa completamente genuina se plasmó en mi cara y parecía no querer abandonarme.
¡Iba a salir!
¡Por fin!
-¿A que estas esperando?- preguntó Jace. Yo lo miré confundida y él me empujó un poco hacia la entrada de las duchas femeninas- Corre a vestirte, cuanto antes te arregles, antes te sacaré de aquí.
Sin pararme a pensarlo dos veces corrí a los vestuarios y me desnudé para ducharme y eliminar el sudor causado por la noche pasada.
No me permití disfrutar del frescor del agua, eso ya lo podría hacer otro día.
Cualquiera que me hubiera visto, corriendo de un lado al otro, hubiera creído que mi locura iba en aumento, pero estaba tan ansiosa por respirar aire fresco que casi ni pensaba y a punto estuve de ponerme los pantalones del revés.
Cuando ya me había vestido vi mi reflejo en el espejo y por poco me echo a llorar al ver mi aspecto.
Sí. Era cierto que hasta ese momento no me había importado mi aspecto, pero no creía oportuno arreglarse para un grupo de enfermos, doctores, enfermeras y celadores.
Pero ahora que iba a salir y a ver gente nueva y lugares nuevos, la maraña en la que se había convertido mi pelo me desanimaba.
Fue en ese momento cuando Stella entró y me sonrió.
-Buenos días Raven, ya me he enterado que hoy te van a sacar de excursión. Estarás muy contenta ¿No?
Yo me encogí de hombros y volví a mirarme en el espejo, intentando alisar mi pelo con las manos y sin lograr un buen resultado. Stella me observó sonriente unos segundos, hasta que soltó una carcajada y se acercó a una taquilla, probablemente la suya, y de ella sacó un cepillo y un peine.
-Si quieres yo puedo arreglarte el pelo, trabajé un par de años en una peluquería para pagarme los estudios de enfermería.
Asentí y me senté en uno de los bancos que había junto a los espejos, mientras ella comenzaba a cepillar mi pelo.
-Sabes, a Jace le hace mucha ilusión poder salir contigo. No lo malinterpretes, no me refiero a una forma romántica, sino más bien fraternal. Aunque muchos de los otros celadores creen que está enamorado de ti.
No pude evitar sonrojarme ante ese comentario y no entendía por qué. Conocía a Jace de muchos años y nunca me había sentido atraída por él.
¿Por qué ahora no podía dejar de pensar en él?
“Puede que se te hayan despertado los instintos reproductivos” Conjeturó Soul “Recuerdo que en mi época no había nada más importante que procrear y más si era con un semental como él”
“¡Por Dios! ¿¡Pero qué dices!? Estas realmente tocada. Creo que voy a empezar a hacerle más caso al doctor Ghost, pero no por mí, sino por ti.” Le grité horrorizada por la forma tan desinhibida en la que hablaba de ello. “Además, ¿De qué época hablas? Nunca me dices nada de ti, solo sueltas cosas sin sentido que me confunden más”
“Créeme cuando te digo que no estás preparada para esto. Cuando llegue el momento te diré todo lo que necesites saber”
-Ya estas lista- Escuché decir a Stella- Mírate.
Me giré de cara al espejo y me topé con una chica de tez blanca, ojos verdes y un bonito recogido, mi pelo rizado había sido recogido en una coleta lateral que caía sobre mi hombro derecho y que estaba sujeto por el lazo blanco que Jace había traído en la bolsa.
Estaba preciosa.
En un impulso de agradecimiento le di un abrazo y la solté rápidamente, antes de salir por la puerta.
Fuera, Jace me esperaba, con la misma ropa de antes, solo que ahora se había puesto una llamativa chaqueta de cuero negro.
Al verme, me pareció ver sus pupilas dilatarse hasta que por un segundo sus ojos parecieron completamente negros y su respiración se alteró.
Aunque unos segundos después había vuelto a la normalidad y me hizo plantearme si su reacción no habría sido cosa de mi imaginación.
-¡Vaya, pequeña! Estas muy guapa. ¿Ha sido Stella quien te ha peinado?
Yo asiento y él se acerca y toca los rizos de mi coleta.
-Te queda muy bien- dijo haciéndome sentir como hipnotizada, casi podía oír a Soul soltándome un “te lo dije” en toda la cara, hasta que…- mejor que los pelos de loca que llevabas siempre.
El hechizo se rompió y la furia corrió por mis venas. Al parecer, Jace vio el enfado en mis ojos porque se apartó un paso y levantó las manos como intentando excusarse.
-No quería decir eso, Rave, era un broma, no lo decía en ese sentido.
“Vaya metida de pata” Dijo Soul riendo a carcajadas.
“¡Cállate!”
-Por favor, no te enfades por esa tontería, no lo he dicho con mala intención.
No le hice caso y miré hacia la puerta que nos llevaría a la entrada, la puerta que solo crucé una vez, cuando me arrebataron mi libertad.
Él, con gesto alicaído abrió camino y tocó al timbre que haría que los guardias abrieran las puertas.
Con un sonoro “clic” las puertas se abrieron y pude ver el vestíbulo, que no había cambiado ni un ápice desde que lo vi por última vez. Incluso las mismas flores adornaban el soso jarrón de la mesa de centro.
-Con que esta es tu paciente favorita ¿eh?- le dijo uno de los guardias a Jace, un guardia joven al que jamás había visto, a través de los cristales de la sala de seguridad.
-Sí, Joey, esta es Raven. No te molestes en hablarle, o por lo menos no esperes respuesta, no habla nunca.- Le informó este con tono ácido, como si algo le molestara.
-Bueno, entonces os deseo un agradable paseo.- Y volvió a su monitor, en el que podría apostar a que no habían imágenes de cámaras de seguridad.
Jace caminó hasta la gran puerta de madera de cuarto metros que constituía la entrada y se paró ante ella.
-¿Preparada?-Preguntó con la mano sobre el tirador.
Yo asentí fervientemente para que se diera prisa. Este era el momento que llevaba tantos años esperando.
Con un fuerte tirón abrió la pesada puerta y me apresuré a dar un paso.
En ese momento, cuando la ligera brisa golpeó contra mí y los rayos del sol, que llevaba días sin salir y que en ese momento parecía brillar solo para mí, me envolvieron, me sentí como si ese pequeño paso fuera equivalente o incluso de mayor importancia de lo que lo fue el primer paso en la luna.
Puede que para cualquiera solo fuera un pequeño paso, pero para mí, era un gran paso hacia la libertad.



CAPITULO 11
-Si dices que estas bien es hora de levantarse. Al parecer nos espera un día movidito.
Me incorporé con el mirándome fijamente.
“Buenos días, nena. Gracias por dejarme dormir anoche” dijo Soul mientras me acercaba al armario donde guardaba la poca ropa que me permitían tener, pues según las normas del centro los pacientes debían llevar un tipo de ropa selectivo, es decir, pijamas. “Por lo que veo tu tuviste una noche agitada. Interesante tu excursión”
“Fue de lo más raro, pero me alegro haber ayudado a Brigit” Dije sacando una camiseta negra y mis pantalones de pijama más nuevos, enviados por mi abuela unas semanas atrás, y saliendo de la habitación tras Jace.
Me abaniqué un poco con la mano, pues había vuelto a acalorarme sin entender la razón.
“Cielo, eso que sientes se llama atracción. Al parecer el fortachón te enciende.” se burló con una carcajada.
“No es eso” me defendí, pero no pude evitar darle un repaso de arriba  abajo al estupendo cuerpo de Jace.
Digo estupendo porque sus hombros eran anchos, su cintura estrecha y todos sus músculos se marcaban a la perfección. Por no mencionar que tenía un culo de lo más atractivo.
¿Cómo no me había dado cuenta antes de lo guapo que era?
Claro que, durante mi época de adolescencia no había visto a muchos hombres por lo que no tenía muy claro cómo era la belleza fuera de esas paredes.
“Créeme. El fortachón es como un modelo de esos actuales, además, esa belleza es y siempre ha sido la más llamativa. Es un tiarrón de lo más achuchable. Solo que tú te acabas de dar cuenta. Puede que sea por su ropa.”
Soul tenía razón. Jace no llevaba el típico uniforme blanco de la clínica, sino unos ajustados vaqueros y una camisa azul oscuro que le sentaba como un guante y no como la ancha bata que siempre llevaba.
“¿No te parece un poco raro?”Pregunté confundida. “Lo conozco desde hace años y es la primera vez que lo veo vestido de esta forma. ¿Irá a algún sitio?”
“¿Por qué no le preguntas?” Dijo ella en tono de guasa.
“Ya. Ja, ja, ja. Eres muy graciosa.”
“Nadie más que tú te impide hablar, Raven. Ya lo hemos discutido muchas veces, debes superar tu miedo y creo que Fortachón es un buen ratón de laboratorio para intentarlo.”
“No estoy preparada”
-Oye Rave, ¿Qué pensarías si te digo que tengo una sorpresa para ti?-Preguntó Jace cuando paramos ante las duchas.
Lo miré entrecerrando los ojos, pues no sabía muy bien que pensar de sus sorpresas. La última vez que me había dado una fue un pijama horrible de color rosa, como el de una niña de tres años, que por pena tuve que llevar durante semanas, hasta que “accidentalmente” se manchó con la mezcla secreta de Maggie, una de las cocineras, que era imposible de limpiar.
-No me mires así, no es un pijama como la última vez- Dijo como si me hubiera leído el pensamiento.-Por cierto, sé que lo ensuciaste a propósito, pero te perdono.
No pude evitar mi estúpida cara de sorprendida, pues creía que él no se había dado cuenta. Jace se echó a reír a carcajadas, llamando la atención de algunas enfermeras que pasaban por allí y que nos lanzaron una mirada de curiosidad.
-Tranquila. Apostaría mi vida a que esta sorpresa te va a ilusionar. Espera un momento.- Dijo haciendo señas con las manos para que no me moviera y dándose la vuelta, hacia los vestuarios masculinos.
“Tengo que admitir que sí que me estoy emocionando” le dije a Soul “¿Qué crees que será?”
“Puede que un juego de lencería. Tal vez por fin se ha decidido a hacerte una mujer. ARRRRR” Gruño de forma teatral, haciéndome sonrojar.
“De verdad que no entiendo cómo puedes ser parte de mi. Pareces una vieja verde de esas de las novelas de Sarah”
“Cielo, aunque no te lo creas soy mucho mayor de lo que imaginas. He vivido muchas cosas y sé que con ese pedazo de espécimen masculino tu serias de lo más feliz”
“¡Para ya de decir esas cosas! ¡Eres una pervertida! ¡No me gusta Jace y no vuelvas a mencionar el tema! ¿Vale?” Grité furiosa en mi mente.
“Chica, vale, vale, ya está. Voy a dejar el tema.” Dijo intentando tranquilizarme. “Por el momento” casi susurró, pues su voz desapareció, a la vez que su presencia.
Un sentimiento gélido me invadió, comenzando por mi pecho y extendiéndose a todo mi cuerpo, poco a poco, como si me bañara en él.
Daniel estaba cerca. Podía sentirlo.
“Buenos días preciosa, parece que anoche descansaste” Irrumpió en mi mente como si nada. Yo lo busqué con la mirada hasta que lo encontré entrando por las puertas de seguridad que separaban el pasillo principal del de las duchas.
No le contesté mientras que se acercaba a mí.
-Qué raro que tu perrito guardián te haya dejado sola ¿No crees? Creo que tienes algunas preguntas rondando por esa cabecita. Tal vez yo pueda ayudarte a responderlas.
No me digné a responderle y su enorme sonrisa de suficiencia se fue desvaneciendo, hasta convertirse en una clara mueca de enfado.
-Me necesitaras tarde o temprano y yo estaré esperando ese momento con ansias.- Advirtió, aunque casi sonó más a una amenaza.
Y así, tan rápido como había llegado se fue, justo uno par de segundos antes de que Jace volviera a aparecer entre las puertas del vestuario con una enorme sonrisa y una gran bolsa de papel negra, ajeno a todo lo que había pasado.
Al ver mi cara, posiblemente todavía en shock por la aparición de Daniel, su sonrisa se apagó y preguntó, preocupado:
-¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?
Yo negué con la cabeza y me obligué a poner en mi rostro lo más parecido a una sonrisa que pudiera. Aunque no pareció muy convencido, el también sonrió.
-Bien, toma- Me ofreció la bolsa y yo la cogí, mientras miraba lo que había dentro el me dijo –Espero que esto sí que te guste, lo he elegido yo mismo.
Dentro de la bolsa había unos bonitos vaqueros oscuros, un jersey de cuello alto gris, unos guantes grises sin dedos, de los que había oído que estaban de moda, un abrigo de color azul marino y un lazo para el pelo blanco,
¿Qué era todo eso?
-Se que te estarás preguntando para qué es eso. Pues te lo explico. Resulta que, según el doctor Ghost, has estado demasiado tiempo encerrada sin ver del exterior nada más que lo que ves por las ventanas y me ha pedido, como tu celador “personal” que te saque del centro por unas horas.

Me quedé atónita.
¿Iba a salir?

viernes, 19 de junio de 2015

CAPITULO 10

CAPITULO 10
-Brigit- grité corriendo hacia ella.
Apenas pude tocar su mano cuando comenzó a caer
El tirón de sentir todo su peso colgando de mi brazo resintió mi muñeca y me hizo gritar de dolor, lo que al parecer la hizo salir del trance, pues sus ojos volvieron a la normalidad, mirándome asustados.
-¡No me sueltes!-rogó chillando.
-No lo voy a hacer, pero podrías intentar ayudar un poco, casi no puedo contigo, no soy muy fuerte que digamos.
Clavando los pies en la roca del acantilado y conmigo tirando de ella, Brigit pudo subir y ambas nos tumbamos sobre el polvo y las cenizas que había en el suelo para recuperar el aliento.
-¿Qué te he pasado?-exigí saber enfadada.
-Sentía algo que me llamaba, me decía que sería la causante de desgracias y muertes y que si no moría el dolor que sentiría sería insoportable. Pero es mentira, yo sé que no soy mala, no puedo serlo- dijo comenzando a llorar.
-Tra…tranquila vale- dije un poco cortada porque no sabía cómo consolarla- Es una mentira, no pienses en ello. Olvídalo.- Al decir eso caí en la cuenta.-¡Que tonta! ¡Parezco ciega! ¡¿Cómo no he podido verlo?!
-¿A qué te refieres?-Preguntó confundida Brigit.
-¿No lo ves? Es parte de la advertencia. “Cuando te olvides de la mentira y el dolor”, ya se ha cumplido y la primera la he visto, he visto mis recuerdos a través del fuego.
-El siguiente es “Cuando abraces el miedo y persigas la lucha”, supongo que hay que dirigirse a los puentes de nuevo.-explicó temblorosa.
-¿Por qué? ¿Qué hay en los puentes?
-Lo que más temo en el mundo, las serpientes de fuego.
-Suena peligroso
-Me han atacado cientos de veces, por eso intento cruzar por el puente colgante, les pilla muy lejos.
-¿Y cómo son? Ya sabes, para estar alerta.
-Créeme, cuando las veas lo sabrás, el nombre que les puse es bastante gráfico.
Seguimos avanzando en silencio hasta que un estruendoso y desagradable sonido me hizo detenerme. Estaba claro que lo que hubiera hecho eso estaba vivo y también que era muy grande.
-Ya estamos cerca-dijo Brigit con el miedo tatuado en la cara.
De repente un calor abrasador, mayor del que ya estábamos soportando y nos mantenía empapadas de sudor, cubrió el aire, haciéndolo casi irrespirable. Podía sentir el fuego en mi rostro.
-¡Los puentes están ardiendo! ¡Corre antes de que se destruyan!-gritó cogiéndome la mano y arrastrándome tras ella mientras corría como si el demonio la persiguiera.
Fue en ese momento, cuando nos acercamos a los puentes ardientes, que vi a las criaturas de las que Brigit me había hablado y no pude evitar pensar en la razón que había tenido al llamarlas serpientes de fuego. Porque no había otra posible calificación para ellas.
Las serpientes de fuego eran gigantescos animales, tan grandes como caballos, con rocas ardientes por escamas y que quemaban todo lo que tocaban sus largos cuerpos.
Brigit seguía caminando arrastrándome tras ella, con una mirada de pura decisión en los ojos. Caminaba a paso tan ligero que no veía nada más que a las horripilantes criaturas a las que nos acercábamos, por lo que no vi una rama en el camino que me hizo tropezar, aunque mantuve el equilibrio. Pero la rama se partió emitiendo un débil aunque notable sonido, llamando la atención de las serpientes, que se enrollaban entorno a los puentes, paralelos, sobre el rio de lava.
Al vernos volvieron a emitir ese extraño rugido y tras una mirada entre ellas, como de complicidad que les daba un aspecto inteligente, casi humano, comenzaron a reptar hacia nosotras.
-Muy bien, ya nos estamos envolviendo en el miedo, aunque yo diría que más bien es meando de miedo, y nos acercamos a una lucha, aunque un poco desigual, que seguramente acabe con nuestra muerte. ¿Qué narices hay que hacer ahora?-Le pregunto con el miedo invadiendo cada fibra de mi ser.
Si pensaba que los animales eran grandes cuando los vi de lejos, a medida que se acercaban su magnitud se elevaba.
-Pues… supongo que luchar- Dijo sonando más como una pregunta que como una afirmación.-Aunque no se me ocurre como acabar con ellas.
-Se que suena un poco estúpido, viendo que estamos en una isla en la que todo lo que hay, hasta los animales, son de fuego, pero… No habrá algún lago o rio que en vez de roca fundida lleve agua ¿verdad?
-Aunque te parezca extraño, sí que lo hay. Pero está al otro lado de los puentes.
-Bien-afirmé mirando el avance de nuestros miedos.- Si cada una se encarga de una serpiente deberíamos poder cruzar.
-¿Cómo que encargarse de las serpientes? ¿Qué vamos a hacer?
-Yo me quedo con el de la derecha, tu el de la izquierda- Estaban a punto de alcanzarnos, a apenas unos metros, cuando grité- ¡Corre!-Mientras me interné en el bosque rojo unos metros para despistar a la serpiente y volví a emerger al camino unos metros después, a la ver que veía a Brigit correr entre las ramas todo lo rápido que podía.
Cada una era perseguida por una de las monstruosas serpientes, que reptaban velozmente intentando alcanzarnos. Apenas prestaba atención a lo que me rodeaba, solo miraba muy bien el suelo que pisaba para no correr el riesgo de caer y ser devorada, por lo que fue para mí toda una alegría ver y sentir los firmes, aunque ahora ardientes, tablones de madera del puente de la derecha, donde me permití levantar la mirada y comprobar que Brigit seguía mi mismo ritmo y también estaba sobre el otro puente, mirándome.
-¡Está a solo unos metros tras el follaje!-gritó señalando los arboles, de un tono más bien amarillento, que formaban un escudo entre el rio de lava y el supuesto lago.
Sin pararme a pensarlo traspasé las hojas de un salto y aterricé en agua, fresca, relajante y deliciosa agua.
Un chapoteo en el agua me indico que mi compañera estaba bien, igual que yo. Nadamos unos metros, apartándonos de la orilla, a tiempo de ver que ambas serpientes se precipitaban sobre el liquido que para ellas resultó mortal, pues al reptar hacia la orilla murieron cuando su fuego se extinguió.
Atravesamos el lago, pues no había forma de salir por donde habíamos entrado.
-Creo que les hemos bajado los humos-Dijo Brigit cuando salimos, haciéndome reír.
-Sí, me dan hasta pena, pero bueno.-Miré alrededor, notando que la luz había disminuido de golpe, como si hubiera anochecido.- No podemos volver atrás.
-Es era una de las estrofas-dijo Brigit buscando algo con la mirada y sonriendo. Parecía feliz.
-¿Qué pasa?
-Nunca se había hecho de noche, el sol era una constante en mis sueños, ahora incluso refresca, y mira- Dijo señalando hacia algún punto ante nosotras.- “El resplandor de la hoguera se encenderá en la noche” recitó con alegría iluminando sus ojos.
Y entonces lo vi.
En medio del bosque, ahora oscuro por la repentina noche, se encontraba un fuego tan grande como ninguno que hubiera visto jamás. Un fuego de llamas, no rojas y naranjas, sino verdes y azules, un fuego poderoso, pero que transmitía paz.
Habíamos llegado.
Ese era el lugar seguro de Brigit.
De verdad la había ayudado.
-Gracias- dijo con lagrimas resbalando por sus mejillas- Sin ti nunca habría llegado. –Se estiró hacia mí y me abrazó con fuerza.-Ya soy libre de soñar, igual que tu también lo serás algún día. Ahora lo entiendo todo Raven.
-¿Qué entiendes?-Pregunté confundida, pero no entendí bien lo que siguió pues mi vista comenzó a nublarse.
-Escucha.. tu tienes .. gra. Poder. Resiste … … Tien.. que… auydar.. todos…com. Mi.
-¡No te entiendo!
-Yo no ….. recordar… nada de …. Cuando yo despiert.
La neblina me invadía cada vez más hasta que ya no la veía.
-¡NO TE FIES DE ÉLLOS!-Gritó


-Eh, dormilona, despierta- dijo la conocida voz de Jace mientras lo sentía sacudirme un poco del brazo.
Abrí los ojos y lo miré allí, inclinado sobre mí con la preocupación pintada en sus ojos.
-Raven, estas empapada en sudor. ¿Estás enferma?- Negué con la cabeza y saqué los pies de la cama.
Era verdad que estaba muy mojada, lo que explicaba el inmenso calor que sentía.
Miré la pared donde mis citas descansaban y leí:
“las alteraciones de la vida no son ni mucho menos tantas como las de los sentimientos humanos”- Frankenstein de Mary Shalley.
Bien. Mi vida había cambiado.
Aún no estaba segura si para bien o para mal, pero estaba dispuesta a averiguarlo.

-Si dices que estas bien es hora de levantarse. Al parecer nos espera un día movidito.