El ronroneo de un motor fue lo único que pude percibir durante un momento ya que seguía con los ojos cerrados, tal y como me había dicho Alice.
No sabia que hacer, si seguir con los ojos cerrados a abrirlos.
Decidí que lo mejor era hacer lo segundo, ya que la curiosidad me estaba matando.
Al abrir los ojos lo primero que vi fue el cristal empañado por el toque del calor que envolvía el interior del coche con el frescor de la ventana.
A través del borroso cristal pude ver colores blancos, verdes y rojos mezclarse, mostrando la nieve que había caído sobre las hojas muertas de los arboles caducos y sobre los que no lo eran. La belleza de esa unión era impresionante, algo que siempre me alegraba, algo que pasaba cada diciembre.
Siempre había considerado diciembre como la mejor época del año. Era cuando el frío inundaba el bosque y la nieve lo iluminaba, brillando por muy escasa que fuera la luz solar. Era cuando encendían las antiguas calderas y el edificio se llenaba de un agradable calor, lo que no hacia durante todo el año, en el que o te asabas por el caluroso verano, pues no disponían ni de ventiladores ni aires acondicionados, o te congelabas por el gélido otoño, dado que no consideraban que el frío fuera el suficiente como para ser necesario mantener calientes a los pacientes, algunos de los cuales enfermaban.
Lo siguiente que noté fue lo que llevaba puesto.
Era un extraño camisón blanco, que cubría por completo mis piernas, dobladas y apretadas contra mi pecho, pues estaba en posición defensiva sentada en el asiento del copiloto. Ademas de ese camisón, llevaba cubriéndome los hombros una gruesa chaqueta, muy grande, por lo que supuse que era de un hombre, de color azul marino, tan oscuro que era fácil confundirlo con negro.
De vez en cuando unos temblores cruzaban mi cuerpo, aunque no estaba segura si era por el frio o por otra cosa.
Y lo siguiente de lo que me percaté, me dejó petrificada.
Vi mis ojos.
Mis ojos, los de la Raven que estaba frente a mi, sentada en el asiento, temblando y doblada sobre si misma acurrucada en el asiento de cuero negro.
No era de verdad.
Lo que estaba viendo no era real, eso no había pasado. Era una visión del futuro. Aunque creyera a Alice, ver eso con mis propios ojos era impresionante.
No podía dejar de observarme a mi misma, los ligeros movimientos que hacia, como si intentara no llamar la atención.
Fue entonces cuando caí en cuanta.
¿Quien estaba conduciendo?
Al mirar al puesto del conductor el reasplandor de este me cegó. Era mucho más intenso de lo habitual, pero esa luz era inconfundible, estaba en el coche con Daniel. No podia distinguir nada de el, ni su rostro, ni su pelo, ni su ropa, pero era su brillo.
¿Pero que hacía con el?
En la parte de atrás, era visible desde mi posición una pequeña maleta, de tela violeta, muy bonita, pero también desgastada por los años.
Conocía esa maleta.
Esa era mi maleta. La maleta con la que mi tía me había echado de mi casa, con la que me había llevado a la otra punta del país y con la que me había encerrado en aquella casa de locos para que me pudriera.
Esa maleta había permanecido guardada en el hueco bajo mi cama durante años, acumulando polvo, esperando el momento en el que me dejaran salir, un momento que había esperado durante la mitad de mi vida y que a estas alturas ya me había resignado a que no vería.
Pero la maleta estaba allí, en el asiento trasero de un coche, en el que yo también iba, que circulaba por el bosque con un hombre de luz conduciéndolo y que, estaba segura, se alejaba de Rimbaud.
Ese era el futuro. Un futuro luminoso, fresco y bello.
Un futuro libre.
Mientras sonreía con felicidad, e incluso soltaba algunas carcajadas, al comprender que de verdad podía salir y vivir como alguien normal, un tirón me arrastró a toda velocidad fuera de allí, haciendo que el resto del mundo se viera como un inmenso borrón, hasta que todo paró de golpe y volvía a estas con Alice, en su habitación, con la mano rozando las ahora tranquilas aguas, en las que a pesar de estar tocándola, no se desprendían hondas.
-Lleva cuidado, puedes marearte con facilidad cuando vuelves de una visión.- Advirtió mientras sacaba los dedos del agua y yo la imitaba.
-Ha sido impresionante, Alice. Nadie debería de creer que estas loca, tu don es maravilloso.
-Créeme, no lo es. Al parecer has tenido suerte y has visitado un buen futuro, pero no siempre es así. He visto guerras enteras, muertes sangrientas, mujeres violadas, hombres apaleados, he visto todo lo peor que la humanidad tiene para ofrecer y hazme caso, es mucho mas frecuente que las cosas buenas, las cuales, son mucho mas volubles. Porque, he de advertirte de que ahora que conoces ese futuro, es muy fácil que hagas algo, la mas mínima cosa, da igual que sea ir al baño a una hora distinta o pedir pan con la cena, la mas mínima diferencia, incluso tu intento porque nada fuera distinto, puede hacer cambiar tu futuro.
-Pero yo no quiero que cambie, ese futuro es el que deseo. Quiero ser libre Alice, no puedo permanecer mucho mas aquí sabiendo que voy a salir, o que habría salido si no hubiera sabido nada.-Le dije desesperada, agarrándole las manos y suplicándole con la mirada que me diera una solución.
-Siento mucho tu sufrimiento Raven, se que crees que nadie te entiende, que nadie sabe por lo que has pasado, pero yo si lo se. Se que lo has pasado fatal y que por desgracia, aun sufrirás mas, pero el futuro varía cada segundo, no es algo que este gravado en piedra. El destino existe, pero es el que cada un ayude a crear. También es cierto que en la vida de una persona existen momentos que , pase lo que pase, ocurrirán, pero son tus decisiones las que te guían. No sufras por eso, piensa, Raven.
La sensacion de mareo, la vision borrosa y la voz distorsionada de Alice me previnieron de que mi sueño estaba llegando a su fin.
-Alice, me marcho.-le advertí.
-Desconfía de él, Raven, abre los ojos, no merece la confianza que le das.- Gritó antes de que el sueño me sacara de allí.
Cogí aire bruscamente y me incorporé en la cama, mirando hacia todos lados para asegurarme de que estaba donde debía.
No entendía por que, pero tenia una extraña sensación de que no era mi habitación, o al menos de que había algo extraño en ella, aunque no lograba comprender qué había cambiado.
Unos fuertes golpes se escucharon cuando tocaron la puerta.
-Hora de levantarse señorita Blossom- Se escuchó la voz de Jace.
Fue extraño que me llamara por mi apellido después de tanto tiempo de tutearme.
"Es lo que tu querías" sonó la voz de Soul en mi cabeza. "Por el momento es mejor así"
"Lo se" le contesté seca y cortante.
"Todo es exactamente igual" pensé, mas para mi que para Soul, mientras observaba mi cuarto y escuchaba a Jace moverse del otro lado de la puerta, como había sido todos los días durante años. "Y a la vez completamente distinto"