miércoles, 5 de octubre de 2016

EPILOGO

-¿Por que?
-¿Porque que?- Preguntó Jace de vuelta al no comprender mi pregunta.
"¿Estas segura de que quieres saberlo? No creo que la respuesta te guste. Te ha salvado, céntrate en eso Raven." Advirtió Soul.
"Necesito saberlo. No se cuanto nos quede para llegar a un lugar seguro, pero necesito dejar esto atrás junto a Rimbaud."
-¿Por que mataste a Alice?
Un silencio gélido prosiguió a mi pregunta y apretó las manos en el cuero del volante, con fuerza, tanta que se le pusieron los nudillos blancos. Las ruedas avanzaban, acercándonos cada segundo mas a nuestro destino, desconocido para mi, y el silencio solo se hacia mas pesado.
-Necesito que me lo digas Jace, no puedo seguir adelante dejando incógnitas, necesito cerrarlo.
-No es algo fácil, Raven. He tenido que hacer cosas horribles en mi vida para proteger a otros. Solo puedo decirte que lo que hice, fue para protegerla.
-¿La mataste para protegerla? ¿Que sentido tiene eso?
-Se que para ti, en este momento no tiene sentido, pero dame tiempo, por favor. Hay muchas cosas que tu no sabes de este mundo y que yo no puedo explicarte. Solo piensa en lo que quería hacerte Daniel. Iba a ir a por Alice primero, lo que le hice fue mucho mejor que lo que le hubiera esperado con él.
Aunque su respuesta no fue satisfactoria me quedé en silencio, pues solo en el silencio estaba segura y no sabia que decir. Era verdad que lo que Daniel tenia preparado para mi me era incierto, pero seguro que era peor que la muerte por como había estado burlándose.
De nuevo el manto del silencio nos cubrió, ninguno dijo nada, casi no se escuchaban nuestras respiraciones. La noche estaba en calma, no como mi interior.
De pronto, el oscuro y cerrado camino entre los arboles se abrió en un claro, tan solo iluminado por la luz de la luna.
El coche paró ante lo que parecía una vieja casa de campo, con un jardín lleno de hojas y muy descuidado. La casa parecía abandonada, pero la puerta principal se abrió antes de que pudiera siquiera preguntar que hacíamos en ese lugar destartalado, mostrando un reguero de luz y un par de siluetas corpulentas en la entrada.
Jace salio del coche y se apresuró a abrirme la puerta, mientras que las siluetas volvían a entrar en la casa, dejando contemplar una pequeña visión del interior, de un pasillo limpio y bien cuidado.
-¿Que es este sitio?- Pregunté curiosa.
-Es mi casa. Bueno, en realidad no es mía, simplemente es donde he estado viviendo desde que entre a trabajar en Rimbaud.
-¿Porque... Porque estabas en Rimbaud? Creo que es mas que obvio que no eres un autentico celador.
-Lo sabrás todo enseguida. Entra, por favor.
Caminé hacia la puerta, seguida de cerca por él. 
Al traspasar el umbral, se hizo notable una gran diferencia entre el destartalado exterior y el limpio y ordenado interior, con las paredes pintadas de un reconfortante tono tierra y una mesita en el recibidor. En el pasillo, donde una escalera llevaba al piso superior, se abrían tres arcos. A la derecha estaba la entrada a un amplio salón, tan grande que daba cabida a tres sofás, una enorme televisión, una esa de billar, juego que había visto en muchas ocasiones en mi niñez, antes de entrar al centro, y un enorme armario con botellas de diferentes colores. El arco de la izquierda llevaba hasta una moderna cocina, con una nevera doble, dos hornos y una bonita isla. Respecto al tercer arco, no podía ver lo que había allí, puesto que era el único que estaba cerrado por una puerta.
Ademas de las estancias lo que mas resaltaba de la casa eran sus ocupantes. En el interior del salón habían tres hombres, altos y delgados. Parecían relajados, pero atentos a cada paso que daba. 
-¿Quienes son?- le pregunté en un susurro.
-Son mis compañeros.-contestó también en un susurro, pero con una dulce sonrisa, como si le hiciera gracia que le hablara así.
-Vaya Jace, cuando nos hablabas de Raven te quedaste un poco corto. Es realmente preciosa.- Dijo uno de ellos acercándose y mirándome de arriba a abajo. Era moreno, con pómulos pronunciados, ojos oscuros y una bonita sonrisa. Me ofreció la mano y yo se la estreché, pero el se la llevó a la boca y la besó- Encantado, mi nombre es Angus y es un placer poder conocerte al fin, Jace nos ha llenado la cabeza con información sobre ti.
-¿Que clase de información?-Pregunté mirando a Jace sin saber que pensar.
-Pues...- Otro de los hombres, de pelo castaño, ojos chocolate y tez pálida, se acercó y apartó a Angus.- Con palabras exactas "Raven tiene los ojos mas verdes y preciosos que jamás haya visto, son tan expresivos" o "Os sorprendería lo increíble que es, puede regodearse de darte una paliza con juegos de mesa sin una sola palabra, o ver la tristeza mas inmensa en su rostro"
- Además de todas las preocupaciones que lo asaltaban cuando tenia un día libre,-continuó el ultimo de ellos, de un aspecto muy similar al segundo, casi como familiar.- como "¿Crees que estará bien? Ella sola, con esos imbéciles que se hacen llamas celadores" o " Hoy hay tormenta, seguramente estará asustada". Ha sido un poco pesado todo este tiempo. Por cierto, mi nombre es Caleb y el es mi hermano Shawn, es un placer conocer...- se detuvo a mitad de la frase y miró tras de mi, al lugar donde estaban el vestíbulo y la escalera, al igual que los otros dos chicos.
-También hay que decir lo nervioso que ha estado estos últimos días caminando de un lado para otro divagando, " Seguro que me odia", "Piensa lo peor de mi, cree que soy una mala persona, pero claro, como no si me vio matar a..." Bueno, a mi.- Dijo una voz, una voz muy conocida que no esperaba volver a oír nunca más.
Estaba de pie junto a la escalera, con su brillante pelo negro húmedo, y una enorme sonrisa. Vestía un pijama azul, mas grande que su talla, seguramente prestado por alguno de los hombres presentes.
-¿Te has quedado muda de nuevo?- Preguntó Jace riendo.
-¿Alice?- pregunté incrédula.
"¿¿¡QUE COJONES!???" Chilló Soul "¿Que narices esta pasando?"
-Estas...Eeestas viva. Pero...¿Como?- Miré a Jace sin entender nada y el guardó silencio, esperando a que Alice explicara lo que había pasado.
-Verás, los últimos días que estuve en Rimbaud me sentí observada y me di cuenta de que Daniel comenzaba a pasar mas tiempo cerca de mi de lo que lo había hecho antes, así que empecé a sospechar que algo no estaba bien. Así que se lo dije a Jace. El fingió matarme, porque Daniel estaba al acecho y no podía sospechar que él era bueno, que nos quería ayudar, porque habría huido y nunca habrías podido estar a salvo. Eres mas poderosa que la mayoría. Así que él ideó el plan para sacarme de allí y hacer que Daniel actuara con rapidez. Lo que no habría imaginado fue lo que me encontré al salir, una casa llena de agentes del gobierno que llevaban años vigilandonos, cuidando de nosotras y todos los que fuimos encerrados allí porque las personas normales no nos entendían. Fue entonces que todo cobró sentido al fin. Supe que teníamos un futuro, todos nosotros y que era a lo que estábamos destinados. Todo gracias a Jace. Sabia que podía confiar en el. 
-¿Por tus visiones?
-No. Porque tu confiabas en el, y tu confianza es algo muy extraño y valioso.


El cristal estaba empañado por el toque del calor que envolvía el interior del coche con el frescor de la ventana.
A través del borroso cristal pude ver colores blancos, verdes y rojos mezclarse, mostrando la nieve que había caído sobre las hojas muertas de los arboles caducos y sobre los que no lo eran. La belleza de esa unión era impresionante, algo que siempre me alegraba.
Llevaba puesto un camisón blanco que me habían prestado, al parecer era una prenda de alguien que había vivido allí, que cubría por completo mis piernas, dobladas y apretadas contra mi pecho sentada en el asiento del copiloto. Ademas de ese camisón, llevaba cubriéndome los hombros una gruesa chaqueta de color azul marino, tan oscuro que era fácil confundirlo con negro, que Jace me había puesto antes de salir de la casa, hacia unas horas
Al mirar al puesto del conductor el resplandor de este me cegó. Era mucho más intenso que hacia unas horas, pero Jace me avisó que tras acabar con Daniel su brillo lo rodearía durante un tiempo, un de los inconvenientes de ser un Demon de su tipo. Me sentía estúpida al pensar que en la visión de este momento creí que Daniel seria mi salvador.
En la parte de atrás, era visible desde mi posición una pequeña maleta, de tela violeta, muy bonita, pero también desgastada por los años.
Esa era mi maleta. La maleta con la que mi tía me había echado de mi casa, con la que me había llevado a la otra punta del país y con la que me había encerrado en aquella casa de locos para que me pudriera.
Esa maleta había permanecido guardada en el hueco bajo mi cama durante años, acumulando polvo, esperando el momento en el que me dejaran salir, un momento que había esperado durante la mitad de mi vida y que a estas alturas ya me había resignado a que no vería.
Pero la maleta estaba allí, en el asiento trasero de un coche, en el que yo también iba, que circulaba por el bosque con un hombre de luz, no uno cualquiera, sino uno en el que confiaba, conduciéndolo y que se alejaba de Rimbaud.
Ese era el futuro. Un futuro luminoso, fresco y bello.
Un futuro libre.
Y esta vez, el futuro era real, tangible. Lo estaba viviendo.
FIN.

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Ahora sí, esto ha terminado. Quiero agradecer a todos los que habéis leído mis palabras, parte de mi alma y mi vida, con tanta devoción.
Me gustaría que estuvierais atentos a una posible segunda parte de esta historia, pues tengo planeada una Trilogía desde el principio.
Me duele cerrar este capitulo, pero bueno, todo fin no es mas que el principio de algo distinto.