martes, 20 de octubre de 2015

CAPITULO 21

El ronroneo de un motor fue lo único que pude percibir durante un momento ya que seguía con los ojos cerrados, tal y como me había dicho Alice.
No sabia que hacer, si seguir con los ojos cerrados a abrirlos.
Decidí que lo mejor era hacer lo segundo, ya que la curiosidad me estaba matando.
Al abrir los ojos lo primero que vi fue el cristal empañado por el toque del calor que envolvía el interior del coche con el frescor de la ventana.
A través del borroso cristal pude ver colores blancos, verdes y rojos mezclarse, mostrando la nieve que había caído sobre las hojas muertas de los arboles caducos y sobre los que no lo eran. La belleza de esa unión era impresionante, algo que siempre me alegraba, algo que pasaba cada diciembre.
Siempre había considerado diciembre como la mejor época del año. Era cuando el frío inundaba el bosque y la nieve lo iluminaba, brillando por muy escasa que fuera la luz solar. Era cuando encendían las antiguas calderas y el edificio se llenaba de un agradable calor, lo que no hacia durante todo el año, en el que o te asabas por el caluroso verano, pues no disponían ni de ventiladores ni aires acondicionados, o te congelabas por el gélido otoño, dado que no consideraban que el frío fuera el suficiente como para ser necesario mantener calientes a los pacientes, algunos de los cuales enfermaban.
Lo siguiente que noté fue lo que llevaba puesto.
Era un extraño camisón blanco, que cubría por completo mis piernas, dobladas y apretadas contra mi pecho, pues estaba en posición defensiva sentada en el asiento del copiloto. Ademas de ese camisón, llevaba cubriéndome los hombros una gruesa chaqueta, muy grande, por lo que supuse que era de un hombre, de color azul marino, tan oscuro que era fácil confundirlo con negro.
De vez en cuando unos temblores cruzaban mi cuerpo, aunque no estaba segura si era por el frio o por otra cosa.
Y lo siguiente de lo que me percaté, me dejó petrificada.
Vi mis ojos.
Mis ojos, los de la Raven que estaba frente a mi, sentada en el asiento, temblando y doblada sobre si misma acurrucada en el asiento de cuero negro.
No era de verdad.
Lo que estaba viendo no era real, eso no había pasado. Era una visión del futuro. Aunque creyera a Alice, ver eso con mis propios ojos era impresionante.
No podía dejar de observarme a mi misma, los ligeros movimientos que hacia, como si intentara no llamar la atención.
Fue entonces cuando caí en cuanta.
¿Quien estaba conduciendo?
Al mirar al puesto del conductor el reasplandor de este me cegó. Era mucho más intenso de lo habitual, pero esa luz era inconfundible, estaba en el coche con Daniel. No podia distinguir nada de el, ni su rostro, ni su pelo, ni su ropa, pero era su brillo.
¿Pero que hacía con el?
En la parte de atrás, era visible desde mi posición una pequeña maleta, de tela violeta, muy bonita, pero también desgastada por los años.
Conocía esa maleta.
Esa era mi maleta. La maleta con la que mi tía me había echado de mi casa, con la que me había llevado a la otra punta del país y con la que me había encerrado en aquella casa de locos para que me pudriera.
Esa maleta había permanecido guardada en el hueco bajo mi cama durante años, acumulando polvo, esperando el momento en el que me dejaran salir, un momento que había esperado durante la mitad de mi vida y que a estas alturas ya me había resignado a que no vería.
Pero la maleta estaba allí, en el asiento trasero de un coche, en el que yo también iba, que circulaba por el bosque con un hombre de luz conduciéndolo y que, estaba segura, se alejaba de Rimbaud.
Ese era el futuro. Un futuro luminoso, fresco y bello.
Un futuro libre.

Mientras sonreía con felicidad, e incluso soltaba algunas carcajadas, al comprender que de verdad podía salir y vivir como alguien normal, un tirón me arrastró a toda velocidad fuera de allí, haciendo que el resto del mundo se viera como un inmenso borrón, hasta que todo paró de golpe y volvía a estas con Alice, en su habitación, con la mano rozando las ahora tranquilas aguas, en las que a pesar de estar tocándola, no se desprendían hondas.
-Lleva cuidado, puedes marearte con facilidad cuando vuelves de una visión.- Advirtió mientras sacaba los dedos del agua y yo la imitaba.
-Ha sido impresionante, Alice. Nadie debería de creer que estas loca, tu don es maravilloso.
-Créeme, no lo es. Al parecer has tenido suerte y has visitado un buen futuro, pero no siempre es así. He visto guerras enteras, muertes sangrientas, mujeres violadas, hombres apaleados, he visto todo lo peor que la humanidad tiene para ofrecer y hazme caso, es mucho mas frecuente que las cosas buenas, las cuales, son mucho mas volubles. Porque, he de advertirte de que ahora que conoces ese futuro, es muy fácil que hagas algo, la mas mínima cosa, da igual que sea ir al baño a una hora distinta o pedir pan con la cena, la mas mínima diferencia, incluso tu intento porque nada fuera distinto, puede hacer cambiar tu futuro.
-Pero yo no quiero que cambie, ese futuro es el que deseo. Quiero ser libre Alice, no puedo permanecer mucho mas aquí sabiendo que voy a salir, o que habría salido si no hubiera sabido nada.-Le dije desesperada, agarrándole las manos y suplicándole con la mirada que me diera una solución.
-Siento mucho tu sufrimiento Raven, se que crees que nadie te entiende, que nadie sabe por lo que has pasado, pero yo si lo se. Se que lo has pasado fatal y que por desgracia, aun sufrirás mas, pero el futuro varía cada segundo, no es algo que este gravado en piedra. El destino existe, pero es el que cada un ayude a crear. También es cierto que en la vida de una persona existen momentos que , pase lo que pase, ocurrirán, pero son tus decisiones las que te guían. No sufras por eso, piensa, Raven.
La sensacion de mareo, la vision borrosa y la voz distorsionada de Alice me previnieron de que mi sueño estaba llegando a su fin.
-Alice, me marcho.-le advertí.
-Desconfía de él, Raven, abre los ojos, no merece la confianza que le das.- Gritó antes de que el sueño me sacara de allí.


Cogí aire bruscamente y me incorporé en la cama, mirando hacia todos lados para asegurarme de que estaba donde debía.
No entendía por que, pero tenia una extraña sensación de que no era mi habitación, o al menos de que había algo extraño en ella, aunque no lograba comprender qué había cambiado.
Unos fuertes golpes se escucharon cuando tocaron la puerta.
-Hora de levantarse señorita Blossom- Se escuchó la voz de Jace.
Fue extraño que me llamara por mi apellido después de tanto tiempo de tutearme.
"Es lo que tu querías" sonó la voz de Soul en mi cabeza. "Por el momento es mejor así"
"Lo se" le contesté seca y cortante.
"Todo es exactamente igual" pensé, mas para mi que para Soul, mientras observaba mi cuarto y escuchaba a Jace moverse del otro lado de la puerta, como había sido todos los días durante años. "Y a la vez completamente distinto"

Capitulo 20

La extraña nada me envolvió durante unos segundos, en los que lo único que sentía a mi alrededor era una intensa humedad, casi tanta como la que había sentido al recobrar la conciencia en el rio.
¿Donde estaba ahora?
No podia ver nada.
Fue entonces cuando comenzó a aclararse todo.
Me encontraba en lo que parecía una habitación cerrada. No habían ventanas ni puerta, nada que me permitiera ver que había mas allá de aquellas cuatro sucias y destartaladas paredes.
Me recordaba mucho a mi propia habitación, una pequeña cama de sabanas que antaño habían sido blancas pero que con los años y numerosos lavados se habían vuelto beis, un antiguo tocador de madera con un espejo ovalado y una pequeña mesilla con una lampara que estaba encendida.
Y ahí se acababan las similitudes.
La verdad sea dicha, la habitación era algo mas pequeña que la mía, pero ka atmósfera que la rodeaba le daba un aspecto mucho mayor y algo misterioso. A quien quiero engañar, la habitación exhumaba misterio.
La luz azulada que llevaba observando desde que desperté a este sueño estaba por todas partes, pero sin salir de ningún lado. Era como si el aire que respiraba fuera la luz.
En el centro vacío de la sala la luz se ondulaba, creando formas extrañas, como si allí, donde la nada parecía tomar forma, realmente hubiera algo escondido.
La curiosidad me arrastraba hacia aquel lugar, aunque con pasos lentos y cautelosos. Al estirar la mano hacia la ondulación esta tubo un extraño efecto de succión y de repente sentí cada célula de mi cuerpo ser separadas, absorbida y de nuevo unidas.
Al ser consciente de nuevo de encontrarme en la habitación tuve que comprobar que todo mi cuerpo estaba tal y como debería de estar pasando las manos como loca por todas mis extremidades.
Cuando estuve segura de que mis pies estaban colocados hacia alante, mis brazos en su lugar y mi cabeza en la posición correcta, mi corazón comenzó a desacelerar su rápido ritmo y me permití mirar el lugar en el que me encontraba ahora.
Podría decir que era la misma habitación, que lo era, pero a la vez era distinta. Algo había cambiado. La diferencia del cambio de la habitación con el del pasillo es que allí podía decir que era lo que había cambiado. Los muebles eran los mismos, viejos y destartalados, la luz era mas azul que nunca, brillando con fuerza casi cegadora, y no había puerta.
Todo igual, pero a la vez distinto.
La gran diferencia era la enorme cuba de agua, clara y limpia, que había en el mismo centro del cuarto, del que cada pocos minutos se desprendían pequeñas nubes de vapor azul que lo invadían todo de ese hermoso color.
La cuba era tan extraña porque desde la distancia a la que me encontraba de ella, podía escuchar susurros que salían de ella. Un dulce murmullo que no cesaba y que sonaba, si lo escuchabas con mucha atención, como una nana. Una nana del pasado.
-Te estaba esperando-Habló una voz que salio de la nada.
Fue muy extraño.
Un segundo.
No había nadie.
Al siguiente.
Ella estaba allí.
-Llegas tarde, llevo media hora esperándote.- me regañó.
-¿Alice?
-Si, soy yo. Vaya, tienes una voz muy bonita, claro que ya lo sabia, pero no es lo mismo escucharla en persona. Bien, no tenemos demasiado tiempo, tenemos cosas que hacer.
La pequeña chic adolescente, de unos 17 años, aparentaba ser mas bien una niña de doce, por su baja estatura y su cuerpo menudo. Solía tener un aspecto enfermizo, pues era una de las pacientes mas medicadas, debido a que nunca había dejado de ocultar y proclamar que podía ver el futuro. Si, es cierto, cualquiera que lo oyera sin conocerla pensaría que estaba loca, pero los que habíamos presenciado como ella había precedido que algo pasaría un tiempo antes de que realmente ocurriera, como cuando dijo que el celador Anderson se resbalaría con el vomito de la pobre Johanna porque esta tendría una mala reacción a su nueva medicación contra la esquizofrenia, no la considerábamos una loca. Claro que esas personas eramos los que estábamos considerados como locos, por lo que era como un circulo vicioso, que la mantenía allí encerrada.
Pero ahora, su débil aspecto había desaparecido.
Su pelo, mucho mas largo que en la realidad, le caía en delicadas hondas hasta la cintura y su color oscuro relucía con salud renovada. Su rostro habitualmente grisáceo, pálido, se encontraba con un delicado tono rosado, con sus mejillas ruborizadas y llenas. Sus ojos brillaban con alegría y sus labios rosados sonreían.
-Me encanta poder hablar contigo, aunque sea solo en un sueño.
-¿Sabes que es esto?-Pregunté, deseando saber lo que estaba pasando.
-Claro que si. Es una... especie de conexión.
-¿Una conexión mental?
-En parte, aunque lo importante de esta conexión no es tu mente, sino tu alma. ¿No te has preguntado por que no escuchas a Soul estando aquí?
-¿Como sabes tu de Soul?- Pregunté, confusa. Ella solo me dedico una mirada, como diciendo "¿No es obvio?"- Lo has visto ¿No?
-Desde la primera vez que te vi supe lo que eras. Supe que no estabas loca. Que eras especial.
Caminó hacia la cuba y comenzó a remover el agua con las manos, de forma distraiga y relajada.
-¿Puedes decirme lo que soy?- Dije mientras me acercaba a su lado y observaba el agua, contemplando las hipnotizantes hondas que en ella se formaban.
-Lo siento, hay cosas que no te puedo revelar, tienes que averiguarlo tu sola, pero tranquila, he visto que pronto sabrás todo.
-Si no me vas a decir nada ¿que hago aquí? ¿Necesitas ayuda?
-No. Yo no soy la que necesita ayuda, eres tu, Raven. Estas en peligro. Te he visto, una gran sombra de maldad va tras de ti.
-Bueno, creo que llegas algo tarde. ¿Quieres saber lo que me ha pasado hoy en mi salida?
-Has muerto. Ese hombre de luz desconocido te ha atacado y consiguió matarte, después apareció Daniel, que te salvó, aunque no sabes como desaparecieron tus heridas ni como volviste del mundo de los muertos. Te voy a contar algo, para que confíes completamente en mi. Soy descendiente de una larga estirpe de oráculos, descendencia del oráculo de Delfos. ¿Sabes lo que es?
-He leído un libro de historia antigua, sobre Grecia. Lo mencionaban en algunas de las leyendas de los héroes. ¿Quieres decir que eres la descendiente de un mito griego?
-No es un mito, es real, pero son muy pocos los que conocen ese secreto. La historia no ocurrió tal y como la conocemos, fue cambiada al antojo de los poderosos y se ocultaron muchas cosas para poder controlar el mundo con mayor facilidad.
-No quiero sonar tonta, pero no entiendo como puede ayudar al control esconder a una adivina griega.
-No solo escondieron a mis antepasados, sino a montones de personas que ahora son consideradas leyendas. Y... no las escondieron. Las persiguieron e intentaron erradicarlas a lo largo de los años. El ejemplo mas conocido es la inquisición, en la que "supuestamente" se perseguía a los infieles, pero extraoficialmente, en las hogueras ardieron personas que se oponían a este ocultamiento, gente que conocía la verdad y por no permanecer en silencio fueron ejecutados.
-¿Por que me cuentas esto? Dijiste que no me dirías nada.
-No te he dicho nada sobre quien eres, solo te he contado un dato importante de la historia. Mi historia y tu historia. Soy un oráculo, pero no solo veo el futuro, puedo ver hechos del pasado. He visto tu vida Raven, se que has sufrido y todavía no has acabado, pero puedo asegurarte que dentro de poco podrás ser feliz. Te digo esto como un aviso, porque si no llevas cuidado, morirás antes de alcanzar la felicidad.
Cuando acabó de hablar, no pude contestarle, pues el miedo inundaba mi sistema nervioso.
-Ven, te mostraré algo que creo que te ayudará.
Tomé su mano, que había extendido hacia mi y las introdujo juntas en el agua.
-Cierra los ojos.
La obedecí, pero al principio no sentí nada.
Pero a los pocos segundos un cosquilleo comenzó.

jueves, 1 de octubre de 2015

CAPITULO 19

Se puede decir que el resto del día fue bastante tranquilo. Volví a la sala de ocio, donde todos pasaban su tiempo con tranquilidad y en cuanto me senté, Alice y Brigit corrieron hacia mi mesa y se pusieron a jugar entre ellas con mi ajedrez, sin hablar, pero mirándome, Alice intensamente, como expectante y Brigit con una amplia sonrisa.
Stella se paseaba de arriba para abajo siempre sin quitarme el ojo de encima más de unos segundos, como si esperara que comenzara a gritar o a hacer alguna “locura”.
No vi a Jace el resto de la tarde.
Durante la cena, pude ver a Daniel, que ayudaba a servirla en las mesas a alguno de los pacientes más mayores y que cuando me vio mirándolo sonrió de forma efusiva.
A la hora de dormir, cuando estaban a punto de apagar las luces sentí una extraña vibración en mi cabeza.
“Creo que estas recibiendo una llamada perdida” rió Soul, que ya había dejado atrás todo ese dramatismo de unas horas antes.
“¿De quién?” Pregunté por seguirle el juego.
“El chico iridiscente quiere hablar contigo. O eso, o implantarte fantasías subidas de tono para que sueñes con él”
“No es una mala idea, preciosa numero 2”interrumpió la voz de Daniel.
Eso era genial. Fantástico. Ahora ya ni siquiera podía estar tranquila en mi propia cabeza.
Estaba más que acostumbrada a Soul rondando todo el tiempo. No podía pensar en un instante en el que ella no hubiera estado, pero esto era distinto. La idea de que en cualquier momento Daniel pudiera meterse en mi cabeza y saber lo que pensaba me inquietaba, y mucho.
"¿Que quieres? No paras de aparecer. Te gusta mucho parlotear ¿no?" me burle mientras me volví a acostar en la cama, de donde me había incorporado al escuchar su voz.
"En realidad..." comenzó a decir con un tono de voz que jamás hubiera esperado oír en él. Sonaba casi... Tímido."Solo quería saber como estabas"soltó rápidamente" Hoy has muerto y vuelto a la vida, no es lo que se dice, un gran día"
Creo que el se pensó que mi silencio, el que siguió a su declarada preocupación, fue por orgullo, por no querer mostrar debilidad ante el, pero la verdad es que me quedé perpleja.
¿Realmente le importaba como me sentía o era un truco para ganarse mi confianza?
"Nos ha salvado, Raven, pero no se" dudó "No se que pensar de él" admitió temerosa.
Temerosa por confiar de nuevo en alguien y volver a salir heridas, como ya había pasado con Jace.
"Estoy bien" le dije a Daniel volviendo a la 'comunicación' que tenia con él. " lo mejor que se puede, supongo"
"¿Que pasó con el grandullón? Ya sabes, tu perro guardián. Me sorprendió muchísimo que permitiera acercarse a ese tío lo suficiente como para que pudiese herirte, ya no decir matarte" Y eso fue todo. La timidez se fue. Y volvió el fanfarrón.
"Primero que nada, no te importa. Segundo, es mi vida. Te agradezco mucho que nos salvaras, de verdad, pero no creo que te de derecho a meterte en mi mente todo el tiempo. Por favor, si quieres hablar conmigo no irrumpas como si fuera tu casa. Te debo mucho, pero mi vida es mía y es lo único real que me queda."
El silencio mental y físico era casi palpable. Podía sentir a Soul, que trataba con todas sus fuerzas de no hacer ni un solo ruido, lo que no debería ser muy difícil, teniendo en cuenta que no tenia un cuerpo para producir sonido alguno.
"De acuerdo, tienes razón. Cuando quiera hablar contigo lo haré sin ser invasivo. Me alegro de haber podido tener una conversación seria contigo, preciosa. Buenas noches"
"¡Espera! No hemos terminado de hablar. ¡Tienes que decirme lo que ha pasado hoy! ¿Que eran esas armas? ¿Que quería ese hombre de mi?"
"Lo siento, preciosa, pero sigues sin estar preparada para la verdad. Aún tienes que pasar duras pruebas, pero ya queda menos"
Cada vez su voz se oía menos, más lejana, como si hubiera estado a mi lado todo el tiempo y ahora se fuera.
"¡No puedes hacerme eso! ¡Necesito saber!"le grité enfadada porque no fuera capaz de darme respuestas.
"Tu misma lo has dicho, nena. Es tu vida, pero eso no quiere decir que tu lo puedas controlar todo. En la vida a penas puedes controlar algo. Tu eres demasiado joven e ingenua para entender lo que pasa, pero pronto abrirás los ojos." sentenció. Y entonces el zumbido de la conexión se desvaneció.
"Vaya cabronazo" dijo Soul unos segundos después de que el silencio total se instaurara en la habitación y en mi mente.
"Por una vez, querida mía, estamos de acuerdo" le dije mientras me tapaba con la sabana y me colocaba en posición fetal para dormir, o al menos intentarlo.


Este despertar fue algo distinto, aunque no logro saber el porqué. Todo estaba exactamente igual. La cama, la luz, esta vez azulada que le daba un toque algo macabro al pasillo, el cual veía desde mi posición por la puerta abierta. Todo era igualmente distinto.
De forma mecánica, ya como un mero hábito, no me negué y salí de la habitación, recorriendo el pasillo, esta vez con esa luz azulada y algunas bombillas titilando a mi paso, dirijiendome a la segunda planta por las escaleras.
Cuando llegué, allí estaban las puertas, exactamente igual que los otros días, pero distintas de alguna extraña forma.
Solo había una cosa en todo el pasillo que pudiera afirmar con toda seguridad que había cambiado.
Y eso había hecho que la felicidad mas grande me inundara, sin siquiera saber por que ese extraño hecho me hacia tan feliz, ni lo sabría hasta tiempo después.
La primera puerta.
La puerta de la llama en el pomo, la que llevaba hasta los sueños de la pequeña Brigit, ya no estaba. Había desaparecido.
En su lugar se encontraba la colorida sombra, y digo colorida porque la impresionante gama de tonalidades era similar a una hermosa puesta de sol, de una llama.
Cuando la mirabas con intensidad suficiente, la llama parecía tener vida propia y crepitar como en fuego intenso de una hoguera.
La paz que ver esa llama me daba me hizo continuar inspeccionando puertas, pues estaba segura de que Brigit estaría bien.
Mi inspección a las puertas vecinas duro bien poco, debido a que mi atención se centro en una en particular. Una puerta exactamente igual a todas las demás. Pero igual de una forma distinta.
No sabia porqué, pero esa puerta encajaba a la perfección con todo lo que había sido el sueño nada mas despertar. Eso fue lo que me dio la seguridad para traspasarla.
Algo dentro de mi, muy, muy dentro, me decía que esa debía ser mi siguiente prueba.
En el mango la puerta no había un símbolo tan visible como el de Brigit y realmente supe que había un símbolo porque lo buscaba. Sabia que tenia que estar ahí. Si cualquier otra persona lo hubiera mirado sin buscarlo lo habría pasado por alto.
El símbolo era como una especie de esfera, que al posar mi mano sobre el no fue atravesado, como si lo fue la otra puerta, sino que parecía a relieve.
Al tocarlo, cuando mi dedo lo rozó, la esfera a relieve comenzó a desprender un color azul exactamente igual a la luz del pasillo, y aún así, distinto.
Entonces, con un ligero chirrido y sin ningún movimiento por mi parte, la puerta se abrió, dando paso a una nada luminosa.
Di un paso, decidida, y atravesé esa nada, que al tacto era como una cortina de agua tranquila. Y entonces... Nada.


CAPITULO 18

NARRA RAVEN
“Y entonces no recuerdo nada hasta Jace” Concluyó Soul cuando su visión se apagó.
“¿Daniel nos salvó?” Pregunté confundida
“Yo tampoco lo entiendo. No tengo ni idea de donde salió, ni que hacía allí, solo sé que gracias a él ambas estamos vivas.” Sentenció.
Antes de que pudiera decir nada más el coche comenzó a reducir la velocidad.
-Ya hemos llegado, Raven.- informó Jace con voz baja y relajante, como si creyera que estaba dormida y no quisiera despertarme bruscamente.
Comencé a moverme con lentitud, fingiendo despertarme.
Al abrir los ojos lo encontré mirándome fijamente, como si estuviera esperando volver a oírme hablar.
Le dediqué una mirada de “ni lo sueñes” y él pareció comprenderlo, pues se giró y salió del coche, dando rápidamente la vuelta para abrirme la puerta.
“¡Demasiado tarde para ser caballeroso, gilipollas!” gritó Soul tan alto que pensé que me explotarían los tímpanos.
-¿Has dicho algo Raven?- preguntó extrañado y lo miré poniendo cara de “¿en serio crees que te he hablado?” y él rápidamente lo desestimó- No me hagas caso, lo habré imaginado.
“Este está para que lo ingresen aquí” Volvió a burlarse Soul.
“Pensaba que te gustaba” Comenté mientras caminábamos hacia la puerta y contemplaba la poca libertad que había tenido y observaría desde lejos el resto de mi vida.
“Puede que antes pensara que sería una buena pareja para ti. Parecía comprenderte tan bien” Soltó un suspiro teatral y continuó “Solo con una mirada tuya él sabe lo que piensas, ese nivel de compenetración es difícil de conseguir incluso en parejas que llevan toda la vida juntas. Créeme, lo he visto. Además, mira esos músculos esculpidos por dioses” lloriqueó “Habrías tenido a un gran partido. Tendría que haberme dado cuenta de que era imposible que fuera tan perfecto. Una escoba con falda le pasa por delante y el muy estúpido se va detrás. Me ha decepcionado muchísimo.”
“Pobrecita” Me burlé, ya que la que lo había sufrido no había sido ella.
Las enormes puertas de entrada se abrieron con un crujido dando paso de nuevo a un mundo oscuro, sombrío, tétrico.
No recordaba haberme sentido nunca tan enjaulada, como en el momento que las puertas volvieron a cerrarse.
Jace, que iba delante de mí, saludó de nuevo al guardia de la puerta interior y este la abrió sin decir nada y observando mi ahora mojado cabello.
La ropa seguía estando húmeda y aunque ya no chorreaba, para todos los que me observaban, celadores, médicos y enfermeras, era más que obvio que me había empapado.
El celador Marcus, uno de los de peor reputación y del cual sabia que se había aprovechado de muchas de las mujeres que habían pasado por allí, pacientes y enfermeras, fue el único que al verme no se cayó.
-Vaya, Blackhole. ¿Qué le has hecho? ¿Tan mal la has dejado que has tenido que ponerla a remojo?- se burló.
“¿Está diciendo lo que yo creo que está diciendo?” Pensé colérica.
“El muy asqueroso piensa que se ha aprovechado de ti” Sentenció Soul.
Jace, en vez de seguirle la broma, como yo pensaba que haría, caminó hasta él y le dio un puñetazo directo en la cara, tumbándolo de un solo golpe.
Con rapidez, otros dos celadores agarraron a Jace y lo alejaron, por si tenia intención de seguir pegándole, y se lo llevaron a la sala de descanso.
Stella se acercó a mí y agarrándome con suavidad de los hombros me empujó en dirección a los baños.
Marcus permaneció inerte en el suelo, sangrando por la nariz y sin que nadie mostrara el más mínimo interés de ayudarlo.
Al cerrarse la puerta del baño, Stella me ayudó a quitarme la ropa y me observó con curiosidad cuando quedé en ropa interior.
-¿Estás bien? No parece que te hayas hecho daño.-Yo asentí, confirmándole que estaba bien. Ella dudó antes de continuar hablando, como si no supiera cómo decir algo.- Sabes que si Jace te ha hecho algo, puedes decirlo, ¿verdad? No creo realmente que te hiciera daño de forma intencionada, es un chico estupendo, pero estaba bastante alterado. ¿Ha pasado algo malo?
Negué con la cabeza y dejé de mirarla. Parecía realmente preocupada, pero lo de Jace me había enseñado una lección muy importante.

 No hay que confiar en nadie.

CAPITULO 17

El coche avanzaba en un silencio ensordecedor.
Había decidido sentarme atrás en cuanto abrió las puertas del vehículo. Ahora sentía su mirada en el retrovisor cada pocos segundos, pero lo ignoraba.
“Pareces triste. ¿Estás bien?” Preguntó Soul, con tono preocupado.
“Supongo que estoy algo… Decepcionada. Jace era la única persona en la que confiaba. Supongo que fui tonta. Caí en sus encantos y sin darme cuenta comencé a creer que de verdad le importaba algo”
“Vamos, que yo tenía razón al decir que estas coladita” dijo ella con suficiencia.
“Yo no he dicho eso, no seas tonta. Pensaba que él me veía como a una hermana, que realmente le importaba si algo me pasaba, pero ahora veo que solo soy una loca mas a la que tiene que cuidar”
“Bueno, tienes que admitir que eso tampoco es verdad. Nunca te ha tratado como si estuvieras loca y cuida de ti más que de los demás”
“¿Podemos dejar el tema, por favor?” La corté ya cansada de hablar de él.
“Vale, yo solo quería ayudar. El doctor dice que es bueno mostrar los sentimientos negativos y quitárselos de encima”
“¿Y desde cuando le haces caso a ese “charlatán” y “matasanos”, como sueles llamarlo?”
“Solo pensaba que si te ha dejado salir tal vez deberíamos escucharlo un poco más”
“Claro, porque la salida ha sido genial, ¿verdad?” repliqué
“Touche”
“Tampoco quiero hablar del doctor. Mejor, ¿porqué no me cuentas lo que pasó? Ya sabes, cuando morí.”
“No estoy muy segura de que sea una buena idea, Rave. Tal vez si no lo recuerdas es mejor así.”
“Quiero saberlo, Soul. Creo que tengo derecho”
“Como quieras. Te lo mostraré, pero cierra los ojos, es mejor que finjas estar dormida, él no para de mirarte.”
Cerré los ojos y me dejé absorber por el torrente de imágenes.

NARRA SOUL
Cuando apenas le quedaban unos metros para salir a la claridad del parque de nuevo, un doloroso tirón en la cabeza le impidió continuar y fuimos arrastradas por el pelo de vuelta al improvisado altar de sacrificios.
-¿A dónde pensabas ir? ¿Eh, zorrita? No tienes a nadie. No le importas a nadie. Nadie te escuchará. Ríndete.
Oh mierda. Eso se parecía tanto a lo que su tía le dijo en su última visita. A lo que ocasionó su silencio.
De repente pude palpar el cambio en la mentalida de Raven. La desolación que la inundaba.
La rendición.
"¡No caigas Raven, eso es lo que quiere! ¡No te rindas!" Le grité tratando de traerla de vuelta del vacío al que, notaba, había caído.
"¿Cómo no rendirse si no tienes nada por lo que luchar?"Respondió con voz casi espectral, pues no mostraba nada, ni miedo, ni pena, ni ira. Solo vacío.
El extraño volvió a depositarnos en el centro del dibujo, pero esta vez, espada en mano.
Y lo siguiente que sentí fue el extraño metal templado atravesándonos, de forma casi indolora.
Podía sentir a Raven abandonarme. A su alma dejando su cuerpo.
Sentía el dolor de, por primera vez en miles de años, controlar un cuerpo humano.
Entonces nuestros ojos se cerraron y ella ya no estaba allí.
Cuando los volví a abrir, todo lo que vi fue una espada idéntica aparecer cruzando el pecho del asesino y a este derretirse como si fuera un helado en pleno julio.
La sangre y la carne derretida en proceso de putrefacción comenzó a caerme encima y en apenas unos segundos podía sentir el líquido ardiente cubriéndome por completo.
Sinceramente en ese momento creía esperar cualquier cosa, pero al ver a la persona que apareció al derretirse el cuerpo y que sostenía la espada, comprendí que no era cierto.
-Vaya, preciosa, nunca imaginé encontrarte de esta manera- sonrió mostrando sus blancos dientes con su arrebatadora sonrisa.
No le contesté, pues además de no saber qué decir, no podía casi ni respirar.
-Supongo que eres la preciosa número dos. Rave ya no está ahí ¿verdad?
Intenté asentir pero apenas conseguí un ligero movimiento.
-De acuerdo. Traigámosla de vuelta.
Con un veloz movimiento arrancó la espada aún hundida en el estomago y la partió por la mitad, haciendo que de ella goteara una extraña luz azulada y derramándola sobre la ahora expuesta herida.
-Bien, con eso debería bastar. Aúpa.-dijo agachándose y recogiéndome del suelo, no sin dificultad pues la carne putrefacta y derretida me había pegado al pavimento de la vereda.- Estas asquerosa. Así no te puedo llevar a ningún lado.
En vez de tomar el camino por el que habíamos venido, él se internó en el bosque caminando decidido, como si supiera hacia donde se dirigía.
Comencé a escuchar agua a lo lejos, pero cada vez el sonido se acercaba más y más, hasta que los árboles se abrieron a un pequeño acantilado de unos cuatro metros, que daba al río, que por allí pasaba rápido, pero calmado.
-Lo siento, preciosa, pero es necesario.

Y me arrojó al río.

CAPITULO 16

-No puedes hacer esto Raven- me reprendió mi madre- Aún no es tu hora.
No podía verla, solo oía su voz, tan clara como mis recuerdos.
-Pero estoy muerta, mamá-repliqué.
-No por mucho tiempo.
Y entonces, un tirón, similar al que me sacaba de los extraños sueños del pasillo y las puertas, me llevó de vuelta a un mundo donde el dolor se extendía por todo mi cuerpo, pero me era imposible retorcerme o intntar escapar de él.
-Venga, pequeña, desierta, no puedes morir todavía.- Me alentó una voz muy conocida y al abrir los ojos me encontré con esas lagunas, habitualmente azules, que ahora eran como pozos sin fondo, completamente negros-¡Gracias a dios! Pensaba que no volverías. ¡Llevas sin respirar más de diez minutos, Raven!- Exclamó Jace al vorde de un ataque de nervios.
De repente, en cuanto abrí los ojos, el dolor había desaparecido. Miré hacia abajo y no vi ni un rasguño en la ropa, ninguna marca o mancha que implicara que habia estado herida y... Muerta.
En lugar de sangre, estaba completamente empapada, como si me hubieran puesto a remojo.
Fue entonces que me di cuenta de que no estaba en el tunel de árboles, sino en una porción de cesped verde a un lado del río.
"¿Qué... qué ha pasado?" pensé confundida.
"¡Menos mal que despiertas Rave, estaba muy asustada!" Gritó Soul causandome dolor de cabeza.
"¿Qué ha pasado, Soul? ¿Qué hacemos aquí?"
"¡Estabas muerta! Moriste nada más esa cosa te atravesó. No creerias lo que pasó despues."
"¿Pudiste ver lo que sucedió después de que yo ya no estubiera? ¿Cómo es eso posible?"
"Creo que... Mmm... Una vez tu abandonaste este cuerpo, se me concedió... ¿Como decirlo sin que suene mal? El acceso y el control sobre él. No podía moverme, o sentir otra cosa que no fuera tu ausencia, pero podía oir y ver. No fué como cuando tu estabas allí, que veia todo lo que tu mirabas como si fuera una pantalla, sino que podía ver lo que yo quería, yo lo controlaba."
"Pero..." dije sin entender nada "Ahora estoy bien, estoy viva, Soul. ¿Cómo es posible? ¿Que ha pasado para que vuelva?"
"No estoy muy segura" dijo con voz vacilante "Creo que será mejor que te lo muestre en el coche. Jace te esta hablando"
-¡Raven!- gritó este zarandeandome- Dios, aunque no respondas puedes dar alguna señal de que me entiendes. Estas en Shock. ¿Quieres agua? No, que estúpido, has estado a punto de ahogarte. ¿Qué necesitas?- preguntó desesperado, sin saber que hacer.
Y por primera vez, lo ayudé a saber como mesentía.
-Me abandonaste- dije con voz ronca por el desuso. La sorpresa tiñó su rostro y sus ojos amenazaron con salirse de sus orbitas.- Quiero irme, no quiero estar contigo.-susurré, apartandome un poco de él.
-¡Oh,Dios mio!-Exclamó no solo con sorpresa, sino tambien con lo que parecía... Pena. - Has hablado. ¿Y eso es lo primero que me dices? Rave, lo siento tanto.-Dijo con lo que parecía autentico arrepentimiento en sus ojos. Pero ya era tarde.- De verdad que no sé lo que me pasó, yo...
Lo interrumpí, levantando la mano para decirle que parara.
-Solo lo he hecho para que ya no tengas nada por lo que seguir hablandome. Querías lograr que te hablara. Lo has conseguido. Ahora quiero irme- dije levantandome, como pude.- Y escucha bien, Jace, porque es lo último que diré. Has roto lo único en lo que tenía fé. Ya no confío en tí.
Y con esas primeras y últimas palabras, caminé hacia el coche, sin esperar a que me siguiera y limpiandome una lágrima que se me escapó de la humedad e mis ojos.

Me prometí que no lloraría y no lo haría.

CAPITULO 15

Dicen que despues de la tempestad llega la calma, lo que no se suele escuchar es que el absoluto silencio, es el mejor promulgador de las tempestades.
Lo descubrí, tras ese apacible momento donde no se escuchaba nada. Ni pajaros, ni coches, ni pasos, ni siquiera mi respiración, pues contenía el haliento.
Fué entonces cuando la tormenta se desató.
El hombre de luz comenzó a correr hacia mi, con una impresionante espada en la mano, de esas que solo se veian el las peliculas de caballeros o de magia.
La espada desprendia una extraña luz por las grietas, o más bien grabados, que formaban un extraño dibujo sobre la afilada hoja.
Aterrada, me levanté y eché a correr, cruzando la calle y el parque vacío y entrando en una especia de vereda, donde los frondosos árboles formaban una cúpula que a penas permitia el paso de los rayos del sol, por lo que allí daba la impresión de estar oscureciendo.
"No dejes de correr Rave, si no me equivoco ese hombre viene a matarnos" Chilló histerica Soul.
"¿Porqué? ¿Porqué querría matarnos? Oh, Dios, no entiendo nada, Soul. Tengo miedo" le respondí al borde de las lágrimas, pero sin dejar de correr, aunque ya comenzaba a cansarme.
No me juzgueis, por que estar encerrada durante media vida en un loquero no es lo más oportuno para tener una forma física óptima.
Miré hacia atrás y no vi al hombre de luz, pero si vi a los colores, siguiendome.
Paré de correr y me metí entre los arbustos a los lados del camino, tumbandome en el suelo, de forma que nadie que pasara pudiera verme.
"¿Que narices estas haciendo? ¿Porqué has parado? ¡Nos va a alcanzar!" Volvió a gritar.
"¿A ti que te parece? ¡Me estoy escondiendo!"
"¡Eres una estúpida! ¡Vas a hacer que nos maten! ¿Es que no te has dado cuenta que las luces nos siguen? ¡Solo con verlas sabrá donde estamos!
¡Tenía razón!
Y justo cuando lo comprendí, sentí un fuerte tirón en mis pies y fui arrastrada por el suelo fuera de mi escondite.
Chillé como nunca lo habia hecho, pues jamás había experimentado tal nivel de miedo, hasta estar convencida de que el sonido, que retumbaba entre los árboles, habia llegado hasta Rimbaud.
El hombre de luz me giró y me dió un golpe en la cara con la mano abierta, torciendo mi rostro por el impacto y haciendome callar. Pude notar como un hilo de sangre se derramaba por mi nariz. Sigue arrastrandome hasta que me encuentro en la mitad del camino y en un movimiento rápido, que no me esperaba, me da una patada en el estómago, haciendo que el dolor de extienda por todo mi cuerpo y que me dobe en posición fetal, tan aturdida que no podía moverme.
Herida.
Indefensa.
No me moví, aunque obiamente no podía, pues el dolor lo impedia. Casi podía asegurar que me había roto una o varias cortillas. Simplemente esperé al siguiente golpe, pero no llegó.
En su lugar escuché el extraño sonido de algún objeto raspando en el suelo y vi al hombre de luz moviendose a mi alrrededor, agachado, como dibujando.
-Siento mucho haberte herido de esa manera, pero no podía permitir que delataras nuestra posición- habló con una voz demasiado ronca como para entenderla con claridad, a menos que prestaras atención.- No pretendia tener que causarte sangre tan pronto. Es un desperdicio. Pretendía llevarte para atraer a los otros, pero con tus heridas no durarias mucho. Supongo que será más facil matarte ahora, así no correré el peligro de tener que compartirte.
Se apartó y por primera vez pude ver bien su rostro.
Era un hombre apuesto, o al menos lo habría sido, hacia tiempo. Habría dicho que tenía cerca de los treinta años pues era lo que se observaba en esos enormes ojos azules y pomulos marcados. Lo habría dicho, de no ser por su pelo canoso, practicamente plateado, y las profundas arrugas que poblaban su piel, en manos, cuello y frente, que era lo unico de él que quedaba a la vista con el traje negro, de cuerpo entero, que llevaba.
-Por tu forma de mirarme supongo que te preguntas por qué hago esto. Te diría que porque lo necesito para sobrevivir, pero eso sería mentira. La verdad es que quiero más tiempo y tú, querida, tienes más que el de cualquier otra alma que haya visto jamás.- dijo inclinandose junto a mi rostro para que viera el anelo en sus ojos.
¿Pero anelo de qué?
"Eso ya no importa. ¡Corre por tu vida, Raven!" Gritó Soul.
La obedecí.
Aprovechando su cercanía levanté la pierna y lo golpeé con todas mis fuerzas, haciendolo caer lejos de mí.
Con dificultad conseguí levantarme y a penas pude observar el extraño dibujo que habia hecho a mi alrrededor antes de correr, cojeando.
Durante los pocos metros que recorrí, pude sentir que había algo mal en mi interior y entonces comencé a toser sangre.
Cuando a penas me quedaban unos metros para salir a la claridad del parque de nuevo, sentí un doloroso tirón en mi cabeza y fuí arrastrada por el pelo de vuelta.
-¿A donde pensabas ir? ¿Eh, zorrita? No tienes a nadie. No le importas a nadie. Nadie te escuchará. Rindete.
Eso se parecía tanto a lo que mi tía dijo. A lo que ocasionó mi silencio.
Tenía razón.
No le importaba a nadie.
Ni a mi abuela, que nunca venía a visitarme. Ni a Jace, la única persona en la que aún creia.
"¡No caigas Raven, eso es lo que quiere! ¡No te rindas!"
"¿Cómo no rendirse si no tienes nada por lo que luchar?"
El extraño (mi asesino) volvió a depositarme en el centro de el dibujo, pero esta vez, espada en mano.
Y lo siguiente que sentí fue el extraño metal templado atravesandome y a dos voces, llamandome.
Junto a mi, mi madre, tan bella como la recordaba, me ofrecia su mano, y la tomé.
Entonces cerré los ojos, extrañamente en paz y agradecida de que mi último recuerdo, fuera entre aquellos árboles, con el viento meciendo sus ojas y arrullandome.

Y morí.

CAPITULO 14

-Bienvenida a Witches.- Dijo usando una especie de tono tetral, como si el pueblo debiera preocuparme.- Mejor nos damos prisa en entrar si queremos una visita guiada.-Me cogio de la mano y me arrastró hacia la entrada del edificio, donde un hombre anciano, de pelo grisaceo, rostro arrugado y enormes gafas marrones, nos miró como si estubieramos haciendo algo inapropiado.
-Buenos dias jovenes, ¿Puedo ayudarles en algo?
-Si, hemos venido a ver el museo.
-Han llegado a tiempo, la visita guiada esta a punto de comenzar, por favor, dirijanse hacia allí-dijo señalando hacia un enorme arco que se abria hacia otra habitación.
"Creo que esto va a ser un aburrimiento" se quejó Soul.


La verdad era que la visita habia sido interesante, sobre todo porque nosotros fuimos los unicos en ella.
Jace se la habbia pasado haciendo bromas tontas y comentarios que la señora que nos dio el tour no entendió, lo que a él parecia hacerle más gracia.
Ahora estabamos caminando por las estrechas callejuelas de piedra, que a mi me parecian encantadoras, en busca de la heladeria donde Jace decia que hacin los mejores helados que había probado.
-Realmente, en mi opinión, es lo único bueno que tiene este pueblo.
Lo miré confundida, pues si tanto odiaba ese pueblo, no comprendía porqué vivía allí, en lugar de marcharse.
Él me miró y pareció notar mi confusión.
-Sí, lo sé, suena estupido que me queje tanto, lo siento, tu estas mucho peor. La verdad es que no podria irme, aunque quisiera. Mi trabajo es importante para mí y fué por eso que me mudé aquí. Además, yo no podria dejarte... Bueno, no podría dejar Rimbaud.
Yo asentí y simplemente caminé mirando hacia el suelo, pues sentia un poco de tristeza al saber que no era porque yo le importara que no dejaba Rimbaud.
-Vaya, Jace, que sorpresa -dijo una voz femenina en tono meloso.
Yo alcé la vista y vi a la chica, a la que odié por puro instinto. Era una chica alta, de al menos 1´70 m, de pelo tan rubio que parcia blanco, piel que era casi tranlucida y ojos de un inquietante tono marrón rojizo. Era una chica bella de aspecto fragil e incluso dulce, pero la mirada que me lanzó, la hizo parecer peligrosa.
-Avery, ¿Que estas haciendo aquí?- Preguntó jace, sobresaltado y en tensión.
-He venido a verte, por supuesto. Me quedé muy triste- dijo mientras se acercaba  a él, le rodeaba el musculoso brazo con ambas manos y le hacia un puchero- cuando te fuistes sin decirme nada despues de pasarnoslo tan bien en mi habitación.
Esas palabras fueron como un golpe directo a mi estomago y me aparté un poco de ellos dos, sin saber muy bien como comportarme.
-Yo no puedo atenderte ahora, estoy con Raven de paseo.
-Mmm... ¿En serio?- ella se asomó a una lado de Jace para mirarme y sonrió con suficiencia- Que mona, pero creo que ya es mayorcita, ¿No te parece? Puede cuidarse un rato solita.
De repente, tras mirarla un momento y que ella le diera un pico en la boca, la postura rígida de Jace cambió y se relajó.
-Tienes razón, puede cuidarse sola un rato.
Al oirlo decir eso me tensé por completo. Él giró hacia mi, con una sonrisa dura y una mirada de superioridad, que estaba habituada a contemplar en el rostro de la mayoría de celadores, pero que jamás habia visto en él y el pánico fluyó por mi corriente sanguinea.
-Lo siento, nena, pero te quedas sola un ratito. Quiero que te sientes ahí- dijo señalando una especie de taburete de piedra que habia donde la calle de ladrillo se abría a una carretera y una pradera verde donde habia un parque- y que no te muevas hasta que yo vuelva, o te arrepentirás.
Estaba segura que el miedo y la incredulidad estaban claros como el agua en mi expresión, mientras me sentaba y lo veia marcharse, a un ritmo rápido, con Avery agarrada a su brazo. Ella, antes de desaparecer por la esquina se giró un poco hacia mí y sonrió mostrando una hilera de dientes afilados, como los de un tiburón, que antes no había visto.
Entonces se hizo el silencio.
No se oia nada más que mi respiración.
Fue entonces cuando las luces inundaron el callejón por el que habiamos venido. Flotaban a mi alrrededor, de cientos de tonalidades de colores distintas, ninguna igual a otra. Casi parecía que bailaban, cuando todo paró.
No fué hasta que lo vi aparecer, que comprendí que llevaba mucho tiempo sin ver a nadie.
La calle estaba vacía.
Solo estabamos yo, las luces y el enorme cuero del extraño hombre de luz.