De nuevo el
mismo extraño despertar.
Ya casi lo
veía como algo normal.
Esta vez
sabía que era lo que tenía que hacer, así que salí de la habitación y me dirigí
directamente a la puerta de Brigit. Sin pensarlo di un paso adelante y caí y
caí y caí.
Me sentía
como si fuera Alicia cayendo por la madriguera hacia el país de las maravillas.
De repente,
una fuerte ráfaga de viento frenó mi caída, haciendo que cuando esta
desapareciera, mi cuerpo tocara la tierra.
Volvía a
estar cubierta de cenizas, al igual que el suelo y los espesos matorrales de
color naranja a mí alrededor.
La
vegetación a mi alrededor parecía la típica de una frondosa selva suramericana,
salvo que las hojas eran de intensos rojos y naranjas.
-Has
venido-Escuché a una voz tras de mí. Allí estaba Brigit, con su vaporoso
vestido rojo y el pelo recogido en un desordenado moño.- Pensé que no vendrías
más.
-Si te soy
sincera no sé porque estoy aquí, simplemente tuve la sensación de que debía
venir. Supongo que no podía dejarte sola en este infierno.
-Gracias.
-No hay de
qué- me ayudó a incorporarme y me sacudí las cenizas de mis pantalones- Esto es
distinto de lo de ayer.
-Es otra
parte de la isla de fuego. Atravesando los puentes sobre el rio negro se supone
que se llega a una zona segura.-dijo haciendo señas explicando el camino
-Perdóname,
pero me he perdido.
-La primera
vez que soñé con esto, al despertarme en el suelo rodeada de cenizas, había un
mensaje marcado en ese árbol-Señaló un enorme árbol de hojas verdes con flores
de color rojo y naranja.
-Es un
Flamboyán, lo llaman el árbol de la llama.- Dije emocionad, pues nunca pensé
ver uno de verdad. Brigit me miró extrañada y yo me encogí de hombros.- Me
gusta leer y en la biblioteca de Rimbaud no encuentras libros muy interesantes,
había uno de árboles del mundo.
Me acerqué
al árbol y leí
A través de las llamas
veras recuerdos de lo que solías ser.
Cuando te olvides de la
mentira y el dolor.
Cuando abraces el miedo
y persigas la lucha.
Y no puedas volver
atrás.
El resplandor de la hoguera
se encenderá en la noche.
ESTE ES EL PUNTO DE NO
RETORNO.
No pude
evitar estremecerme al leerlo, era como una profecía.
-¿Sabes a lo
que se refiere?-Pregunté volviendo a leerlo.
-Lo único
que entiendo es que no puedo volver atrás, desde el día en que lo vi no he
vuelto a soñar con otra cosa. Un poco más abajo pone que si llegas a la zona
segura todo habrá pasado, así que todas las noches intento hacerlo, pero muero
antes de llegar a los puentes.
-Entonces
habrá que intentarlo.
Durante un
rato caminamos en silencio entre las llamas hasta que lo rompió.
-¿Qué edad
tienes, Raven? Siento mucha curiosidad por ti.
-Tengo 19
años.- Me limité a contestar.
-¿Es cierto
que llevas en Rimbaud más que ningún otro paciente?-Volvió a preguntar.
-Sí.
-No eres una
persona de muchas palabras, ¿verdad?
-No, la
verdad es que no- escuché algo extraño, como si me llamaran, pero decidí
ignorarlo- No estoy acostumbrada a hablar o a responder preguntas, no me gusta-
Volví a escuchar mi nombre y me enfadé-¡Quieres dejar de llamarme, estoy a tu
lado y hablándote!- Le grité parándome.
-Yo no te he
llamado, pensaba que tú habías dicho mi nombre.
Guardamos
silencio cuando volvimos a oír la extraña voz, susurrando, hasta que me di
cuenta de que venía de todas partes.
-Ya voy- respondió
Brigit con voz apagada.
Cuando me di
la vuelta para mirarla ella tenía los ojos completamente rojos y caminaba sin
mirar nada en especifico, estaba hipnotizada, como fantaseando.
-Brigit-la
llamé.
-Las cenizas
me llaman- dijo sonriendo y caminando siguiendo el sendero.- Vierte el
combustible, aviva las llamas, no hay que dejar que se apaguen… Vierte el
combustible, aviva las llamas,…- repetía una y otra vez.
-Brigit,
para ya, despierta- la llamé de nuevo-¡¿Como narices se puede hipnotizar a
alguien que ya está en un sueño?!- Al ver que no paraba la seguí intentando
agarrarla del brazo, pero su piel estaba ardiendo y me quemé.
Llegamos a
una zona de matorrales ardiendo que Brigit traspasó como si nada, mientras que
yo salté sobre ellos, viendo extrañas imágenes que me traían recuerdos bailando
en el fuego.
“Raven, ven
a bailar”- escuché una oz muy conocida y que casi había olvidado llamar desde
uno.
-¿Mamá?
Entre el
fuego habían dos figuras, una de una mujer y la otra de una niña, ambas
bailando y riendo. Felices.
Yo solía ser
feliz.
-A esto se
refería con los recuerdos.- No pude evitar soltar una lágrima, aunque había
prometido a mi madre que sería fuerte.
Cuando
levanté la mirada Brigit se dirigía directamente hacia el borde de un
acantilado que caía sobre un rio negro.
-¡Brigit!-
grité corriendo hacia ella.