martes, 26 de mayo de 2015

CAPITULO 9

De nuevo el mismo extraño despertar.
Ya casi lo veía como algo normal.
Esta vez sabía que era lo que tenía que hacer, así que salí de la habitación y me dirigí directamente a la puerta de Brigit. Sin pensarlo di un paso adelante y caí y caí y caí.
Me sentía como si fuera Alicia cayendo por la madriguera hacia el país de las maravillas.
De repente, una fuerte ráfaga de viento frenó mi caída, haciendo que cuando esta desapareciera, mi cuerpo tocara la tierra.
Volvía a estar cubierta de cenizas, al igual que el suelo y los espesos matorrales de color naranja a mí alrededor.
La vegetación a mi alrededor parecía la típica de una frondosa selva suramericana, salvo que las hojas eran de intensos rojos y naranjas.
-Has venido-Escuché a una voz tras de mí. Allí estaba Brigit, con su vaporoso vestido rojo y el pelo recogido en un desordenado moño.- Pensé que no vendrías más.
-Si te soy sincera no sé porque estoy aquí, simplemente tuve la sensación de que debía venir. Supongo que no podía dejarte sola en este infierno.
-Gracias.
-No hay de qué- me ayudó a incorporarme y me sacudí las cenizas de mis pantalones- Esto es distinto de lo de ayer.
-Es otra parte de la isla de fuego. Atravesando los puentes sobre el rio negro se supone que se llega a una zona segura.-dijo haciendo señas explicando el camino
-Perdóname, pero me he perdido.
-La primera vez que soñé con esto, al despertarme en el suelo rodeada de cenizas, había un mensaje marcado en ese árbol-Señaló un enorme árbol de hojas verdes con flores de color rojo y naranja.
-Es un Flamboyán, lo llaman el árbol de la llama.- Dije emocionad, pues nunca pensé ver uno de verdad. Brigit me miró extrañada y yo me encogí de hombros.- Me gusta leer y en la biblioteca de Rimbaud no encuentras libros muy interesantes, había uno de árboles del mundo.
Me acerqué al árbol y leí
A través de las llamas veras recuerdos de lo que solías ser.
Cuando te olvides de la mentira y el dolor.
Cuando abraces el miedo y persigas la lucha.
Y no puedas volver atrás.
El resplandor de la hoguera se encenderá en la noche.
ESTE ES EL PUNTO DE NO RETORNO.
No pude evitar estremecerme al leerlo, era como una profecía.
-¿Sabes a lo que se refiere?-Pregunté volviendo a leerlo.
-Lo único que entiendo es que no puedo volver atrás, desde el día en que lo vi no he vuelto a soñar con otra cosa. Un poco más abajo pone que si llegas a la zona segura todo habrá pasado, así que todas las noches intento hacerlo, pero muero antes de llegar a los puentes.
-Entonces habrá que intentarlo.
Durante un rato caminamos en silencio entre las llamas hasta que lo rompió.
-¿Qué edad tienes, Raven? Siento mucha curiosidad por ti.
-Tengo 19 años.- Me limité a contestar.
-¿Es cierto que llevas en Rimbaud más que ningún otro paciente?-Volvió a preguntar.
-Sí.
-No eres una persona de muchas palabras, ¿verdad?
-No, la verdad es que no- escuché algo extraño, como si me llamaran, pero decidí ignorarlo- No estoy acostumbrada a hablar o a responder preguntas, no me gusta- Volví a escuchar mi nombre y me enfadé-¡Quieres dejar de llamarme, estoy a tu lado y hablándote!- Le grité parándome.
-Yo no te he llamado, pensaba que tú habías dicho mi nombre.
Guardamos silencio cuando volvimos a oír la extraña voz, susurrando, hasta que me di cuenta de que venía de todas partes.
-Ya voy- respondió Brigit con voz apagada.
Cuando me di la vuelta para mirarla ella tenía los ojos completamente rojos y caminaba sin mirar nada en especifico, estaba hipnotizada, como fantaseando.
-Brigit-la llamé.
-Las cenizas me llaman- dijo sonriendo y caminando siguiendo el sendero.- Vierte el combustible, aviva las llamas, no hay que dejar que se apaguen… Vierte el combustible, aviva las llamas,…- repetía una y otra vez.
-Brigit, para ya, despierta- la llamé de nuevo-¡¿Como narices se puede hipnotizar a alguien que ya está en un sueño?!- Al ver que no paraba la seguí intentando agarrarla del brazo, pero su piel estaba ardiendo y me quemé.
Llegamos a una zona de matorrales ardiendo que Brigit traspasó como si nada, mientras que yo salté sobre ellos, viendo extrañas imágenes que me traían recuerdos bailando en el fuego.
“Raven, ven a bailar”- escuché una oz muy conocida y que casi había olvidado llamar desde uno.
-¿Mamá?
Entre el fuego habían dos figuras, una de una mujer y la otra de una niña, ambas bailando y riendo. Felices.
Yo solía ser feliz.
-A esto se refería con los recuerdos.- No pude evitar soltar una lágrima, aunque había prometido a mi madre que sería fuerte.
Cuando levanté la mirada Brigit se dirigía directamente hacia el borde de un acantilado que caía sobre un rio negro.
-¡Brigit!- grité corriendo hacia ella.


viernes, 1 de mayo de 2015

Capitulo 8


La ducha fue como estar en la gloria. La relajación en la que te sumerges cuando en agua caliente cae sobre ti es como celestial.
-¡Oye Raven! ¡No se tarda tanto en ducharse! ¡¿Qué estás haciendo ahí, pervertida?! ¡Si no sales pronto entraré, me da igual si estas presentable o no!- Gritó Jace desde el otro lado de la puerta de la pequeña cabina en la que me estaba lavando.
“Se acabó el cielo” Se burló Soul.

El resto del día no fue demasiado interesante. Lo único que cabe destacar es la actitud hostil de Jace hacia Daniel.
Cada vez que Daniel aparecía en una habitación, ya fuera llevado cajas de comida en el comedor, o ayudando  a alguno de los pacientes, Jace aparecía, como un fantasma, junto a mí, sin despegar los ojos de un muy despreocupado Daniel, e incluso poniéndole mala cara.
Este hecho no les pasó desapercibidos a los otros celadores, pues algunos de ellos parecían divertidos ante la protección exagerada de Jace, y a las enfermeras, como Stella, que se acercó a hablar con él y a decirle que se relajara un poco.
En resumen, tuve un perro guardián, más insistente de lo normal.
Soul tampoco desperdicio esa oportunidad para molestarme, diciendo que “el pobre guaperas de Jace”, como ella lo solía llamar, estaba tan celoso que le salía humo por las orejas.
Yo, como la mayoría de las veces, la ignoré, pero me divertí bastante viendo a Jace refunfuñar y de mal humor.
Volví a darle una paliza al ajedrez.
Cuando fueron las ocho de la noche Jace me acompañó a mi habitación y me dio las buenas noches antes de marcharse, mirando bien el pasillo para asegurarse de que no hubiera “nadie” escondido, como un padre mirando bajo la cama de un niño por si hubieran monstruos.
Me senté en mi cama y esperé a que el sueño me llegara.
Cuando mis ojos se estaban cerrando algo me lo impidió.
“Parece que tu guardián no me permitirá acercarme a ti más. Pobre tonto, piensa que vigilándome me impedirá hablarte” Retumbó una voz por la habitación.
“¿Daniel?” Pregunté confundida.
“Tengo al muy tonto justo frente a mí y no tiene ni idea de que estoy comunicándome contigo. Me divierte la insignificancia de los humanos, creen que lo saben todo pero no llegan ni a la mitad” Rió de nuevo.
“¿Qué dices? ¿Humanos? ¿Por qué lo dices de ese modo?” Pregunté confundida.
“¿De qué modo Raven?”
“Como si no tuviera nada que ver contigo, como si tu no fueras humano” Expliqué algo cohibida, pues el sueño me invadía y notaba la pesadez de mis parpados vencerme.
“Eso es porque no lo soy. Buenas noches, preciosa”