viernes, 24 de abril de 2015

CAPITULO 7


La puerta de la habitación se abrió con fuerza y Jace entró con rostro preocupado.
Estaba empapada en sudor y mi respiración muy agitada. No lograba entender por qué estaba así.
Una sensación en mi pecho como de ahogo y un escalofrió me embargaban. Sentía como si estuviera en peligro, como si algo malo hubiera estado a punto de pasarme y estaba segura que no era por caer a la lava.
Rápidamente, Jace se acercó hasta mí y, sentándose en mi cama, me abrazó para intentar tranquilizarme.
-Shhhh, tranquila, todo está bien, estas a salvo.-susurró en mi oído mientras me mecía como si fuera una niña pequeña.
Tras un par de minutos así, mi corazón se estabilizó y mi respiración volvió a la normalidad.
“¡Joder! Me has dado un susto de muerte” Exclamó Soul en mi cabeza. “¿Estás bien? He sentido un gran peligro acechándote.”
“No tengo ni idea de lo que ha pasado, lo único que sé es que estaba en uno de esos sueños extraños y… ¿morí?” La confusión llenó mi mente hasta que Jace se apartó, recordándome que me estaba abrazando, y tuve su rostro casi pegado al mío, dándome una perfecta vista de sus bonitos ojos azules y su sonrisa tranquilizadora, haciéndome sonrojar.
Al verme roja este se apartó un poco de mí, pero sin llegar a levantarse y preguntó:
-¿Estás bien?
Asentí y me levanté.
“Por favor chica, un poquito de compostura. El hombre solo te está cuidando, no te tienes que poner así por un simple abrazo. Si supieras las cosas que hice yo.” Reprendió sonando casi como una anciana.
“¿Qué cosas hiciste?” Pregunté curiosa, pues en nuestras largas charlas jamás dijo nada de que tuviera un pasado, antes de ser mi conciencia personal, si es que las conciencias tenían pasado.
¿Qué hacían? ¿Pasar de un cuerpo al otro? ¿Comerle el coco a cientos de personas durante la eternidad? Porque los pensamientos no morían, o al menos eran lo último en morir.
¿Un pensamiento podía existir sin un cuerpo? Puede que por eso Soul estuviese en el mío, porque necesitaba uno y no lo tenía.
“¡Eh, Raven!” prácticamente gritó Soul.
“¡¿Qué?!, ¡No me grites!”Exclamé yo.
“Llevas minutos abstraída, el guaperas te está hablando y tu ni te enteras”
-Raven-llamó Jace- ¿Seguro que te encuentras bien? Pareces un poco confusa. ¿Quieres que llame al Dr. Ghost?
Negué efusivamente con la cabeza. No. No quería que me drogaran. Solo serviría para dejarme peor.
-Bueno, si tú dices que estás bien te creeré, pero si te ocurre algo ya sabes que puedes contármelo.- Me giré hacia él y le eché una mirada de ‘¿en serio crees que te voy a hablar?’- Bueno, al menos por señas- Añadió haciéndome sonreír sin poder evitarlo.
Se quedó mirándome sin decir nada durante un tiempo, directamente a los ojos, como en trance y de repente se puso rojo y se apartó.
-Mmm, es casi la hora de desayunar, será mejor que bajemos.
Yo asentí y caminé hacia la puerta, a tiempo de ver a Daniel bajando por las escaleras. Al parecer, Jace también lo vio porque puso mala cara y me miró con semblante serio.
-Escucha muy bien Raven, he oído que Daniel te ha estado… persiguiendo, por decirlo de algún modo. Si intenta algo raro, lo que sea, o incluso te mira mal, tienes que avisarme, aunque sea con señales de humo. No pienso permitir que te haga nada.-yo asentí, sorprendida de la forma tan extraña en la que lo dijo- Bien. ¿Ha intentado algo?-Preguntó preocupado.
Yo negué con la cabeza y caminamos juntos hasta el comedor.


Ese día por fin me dejaron una hora tranquila para poder ducharme.
Cuando entraba a las duchas, vi a Brigit salir con el pelo mojado y los ojos hinchados, dándole el aspecto de haber estado llorando.
Cuando nuestras miradas se encontraron vi reconocimiento en sus ojos y pareció alegrarse de verme, lo que nunca antes había pasado.

Fue en ese momento cuando supe que no había sido un sueño.

viernes, 17 de abril de 2015

CAPITULO 6

FUEGO
La cena fue bastante bien, teniendo en cuenta que Daniel me estuvo vigilando casi sin pestañear, pero no se acercó a mí, por lo que lo considero una victoria.
Cuando la hora de apagar las luces llegó el sueño me estaba ganando la batalla.
“Tranquila, seguro que esta noche será distinta. Y si aparecen de nuevo las puertas… traspásalas y ves lo que hay detrás. La curiosidad me está matando”. Dijo Soul, con tono casi enfadado por la impotencia.
“Puede que lo haga. Buenas noches.” Y cerré los ojos.


De nuevo el mismo sueño. Sin pararme a contemplar la habitación ni los pasillos, cuya iluminación había cambiado a tonos más cálidos, rojizos, que daban un aspecto siniestro a todo, bajé al primer piso y, comprobando que no había nadie cerca, me acerqué a la primera puerta.
Al fijarme, me di cuenta que había algo que la noche anterior no había visto. En el lugar donde debería estar el picaporte había una marca en la madera, una figura, un dibujo con la forma de una llama.
Con curiosidad intenté pasar el dedo por encima de la señal, pero atravesó la puerta y pude notar el calor rozando mi piel. Al sacar la mano unos restos grises, como de cenizas, la cubrían.
“¡Raven!” Exclamo una voz en mi cerebro. Al girar la cabeza hacia las escaleras encontré a Daniel allí, como alarmado. Al ver mi intención de cruzar la puerta gritó “Espera ¡No!” mientras se lanzaba hacia mí, pero ya era tarde.
Dando un paso crucé la puerta con los ojos cerrados.
Al instante el olor a humo impregnó el aire y el calor se intensificó.
Cuando abrí los ojos apenas podía creerme lo que veía.
Ante mi se extendía un sendero cubierto de ceniza, con arboles chamuscados a sus laterales, algunos con llamas en sus ramas, pero eso no era lo que me impresionaba, no. Lo que me dejó estupefacta fue el inmenso abismo que se cernía a los lados del sendero, en cuyo fondo fluía un mar de lava hirviente. De él salían columnas largas de humo y ese intenso olor a azufre.
El calor era demasiado por lo que me di la vuelta para volver a cruzar la puerta y cuál sería mi sorpresa al encontrar que allí no había nada, solo el abismo directo al mar de roca fundida.
El miedo comenzó a retorcerse desde lo más profundo de mi ser pero lo mantuve a raya y observé el cielo rojizo, como en llamas, recordándome a la luz extraña de los pasillos. Ahora que me paraba a pensarlo, ese color parecía como una premonición de lo que me esperaba.
“Tranquila, Raven.” Me dije a mi misma. “Solamente relájate y sigue el sendero, esto es solo un sueño.”
Caminé con pasos inseguros ya que el sendero no parecía muy fiable y de él se desprendían trozos que caían a la lava ardiente, haciéndome pensar en lo que ese fuego líquido me haría a mí si llegara a caer.
Cuando ya llevaba una media hora andando y casi chorreaba sudor, de ello eran pruebas claras mi camiseta y mi pantalón, completamente pegados a mi cuerpo como si me hubiera metido con ellos en la bañera, vi a lo lejos un extraño bulto, colocado en mitad del camino. Al acercarme más pude ver que era una persona, una mujer a juzgar por su larga melena roja, que se encaramaba con fuerza al camino intentando no caer, ya que la mitad inferior de su cuerpo colgaba del precipicio.
Corrí hacia ella lo más rápido que pude y la alcancé justo cuando la rama en la que apoyaba sus pies para no caerse cedió. Se agarró con fuerza a mis brazos hasta llegar a hacerme daño.
La chica respiró agitada y se revolvió, como intentando levantarse. Con mis brazos, a los que seguía agarrada, la impulsé hasta que estuvo de pie.
Cuando apartó todo ese pelo, rojo como el fuego y la roca fundida que nos rodeaba, pude ver su cara. Su rostro era infantil, se veía que acababa de entrar en la adolescencia. Sus ojos eran del color negro del carbón y en ellos brillaban vetas rojas y naranjas, como si fueran ascuas.
-¿Brigit?- Pregunto confundida. Era la pirómana.
-¿Raven? ¿Qué haces en mi sueño? ¿Y cómo es que hablas?
-Si te soy sincera no sé muy bien como he llegado aquí. Yo solo he seguido el camino.
-Pero… Este es mi sueño, nunca hay nadie más en él, es la primera vez que veo a alguien cuando estoy dormida.-dijo confundida mirando hacia todas partes como si en algún lado pudiera encontrar algo que la hiciera resolver el misterio.
-¿Siempre sueñas lo mismo?
-Cada día desde que cumplí los diez años.
-¿Y qué haces todos los días aquí?- pregunto pensando que no habrá mucho que hacer.
-Mmm… Pues normalmente camino. No siempre sueño con la misma parte, es como si fuera… mmm… ¡Una isla! ¡Sí! Tiene varias partes, aunque básicamente, todo es fuego y calor. Cuando me despierto aquí normalmente camino hasta que llego al bosque de fuego. Aunque muchas veces me caigo a la lava, como me ha estado a punto de pasar ahora. Por cierto, muchas gracias.
-No hay de qué. Escucha, no tengo ni idea de que hago aquí pero ¿por qué no seguimos caminando a ver qué sucede?- sugiero intentando sonar alentadora.-Puede que nos despertemos.
Ella simplemente asintió y caminamos en silencio.
A veces me propuse a romper el silencio y hablar con ella pero, seamos realistas, llevaba años sin hablar con alguien, no tenía ni idea de que decir.
De repente el color del cielo se oscureció, tornándose de un rojo aterrador. Al verlo, Brigit abrió los ojos desmesuradamente.
-Oh, mierda.
No entendía por qué se ponía así hasta que vi emerger de entre las infernales nubes a unas extrañas figuras, como pájaros que casi se camuflaban con el cielo.
-Raven- Llamó Brigit. Cuando la miré susurró-Corre.
Ambas comenzamos a correr lo más rápido que el adusto camino nos permitía, con las extrañas aves rojas y negras persiguiéndonos.
Fu entonces cuando un fuerte empujón me dejó colgando al borde del abismo.
Brigit retrocedió y me agarró de la mano, dando tirones, intentando subirme, pero las aves, a las que ahora veía perfectamente y cuyo plumaje era más bien llamas que al rozarte quemaban como una temporada en el infierno, no se lo permitían. Picoteaban sus brazos y mis dedos que se aferraban a la tierra llena de ceniza y al brazo de mi fugaz compañera.
Al comprender que no íbamos a ganar, que no iban a ceder, miré a Brigit que parecía asustada.
-Suéltame- ordené, como si tuviera alguna autoridad. Ella negó pero yo insistí.- Hazlo, es solo un sueño.
Tras un minuto de vacilación, su mano me liberó y solté el saliente, cayendo hacia el mar ardiente.
Durante el minuto que mi cuerpo estuvo quemándose recuerdo que pensé que no era tan malo. Yo me esperaba sufrimiento, dolor, pero en cambio solo sentí paz.

Entonces, como si de una película a cámara rápida fuera, todo los acontecimientos del sueño pasaron ante mis ojos y al coger aire y gritar, estaba de nuevo en mi cama, con luz entrando por las ventanas.

viernes, 10 de abril de 2015

Trailer My Demon

Para que lo sepais, he tardado como cuatro horas en hacerlo, y es la primera vez que hago un video, espero que os guste.

lunes, 6 de abril de 2015

CAPITULO 5

CAPITULO 5
No es fácil ignorar a alguien que se supone que tiene que cuidarte.
Llevaba todo el día intentando ignorar a Daniel pero aparecía en todos lados. Se estaba volviendo cansino.
Al parecer no fui a la única a la que le llamó la atención que anduviera todo el día detrás de mí pues Nancy y Stella comenzaron a mirarlo a penas apartando los ojos de él, como si lo vigilaran.
A parte de la extraña persecución, fue un día aburrido, más de lo habitual, pues que Jace no estuviera para hacer sus tonterías hacía a la mansión aún más oscura de lo que ya de por si era. No es como si no pudiera vivir sin él, simplemente el día se hacía más pesado sin un payaso.
-Señorita Blossom, es su turno.- Informó una voz por la destartalada megafonía del centro.
Me levanté y salí de la sala común junto a los celadores Gómez y Marcus.
Era miércoles, día de consultas. Los doctores se encerraban en sus despachos nada más llegar e iban revisando a los pacientes por orden de lista, mirando análisis, cambiando la medicación y todo tipo de tonterías que solo servían para sacar el dinero a las familias. Nadie mejoraba.
Muchos habían salido del centro, yo tenía el record de permanencia, pero nunca porque se hubieran recuperado. Siempre ocurría algo que hacía que abandonaran el centro. La familia se sentía culpable por abandonar a alguien allí y se lo llevaban a casa, o no eran capaces de seguir pagando la mensualidad. Otra de las razones frecuentes era que el paciente empeorara, como algunos casos en los que habían llegado a ser auténticos peligros contra la seguridad y la vida, suya y de los demás.
El único motivo por el que jamás se había ido alguien era por curarse. Allí no te curaban. Te atiborraban a pastillas hasta que solo podías dormir, te hacían terapias que nunca funcionaban o simplemente te dejaban vagar por los pasillos sin hacer nada por ti.
El pasillo de las consuntas era uno de los pocos lugares de la casa en el que los fluorescentes del techo no parpadeaban. Las placas con los nombres de los doctores brillaban en las puertas mientras pasábamos por delante hasta que los celadores pararon frente a una puerta cuya chapa rezaba: “Dr. A. Ghost.”
El Dr. Ghost era de lo mejorcito de entre los doctores. Desde que me habían asignado a él casi nunca me obligaba a hincharme a pastillas para dormir que me dejaban grogui todo el día, como si que hacia el Dr. Phillies. El se sentaba y me hacía preguntas a las que yo no respondía, miraba mis análisis y me despachaba con una amable aunque en ocasiones falsa sonrisa de cuarentón.
Ese día no fue diferente.
Al abrir las puertas de su despacho, miré el escritorio situado en la esquina más alejada de la ventana, como si le molestara el sol para trabajar. Sobre el estaban colocados montones de papeles desordenados que no había tocado en años. Junto a las ventanas se encontraba un sofá, antaño gris, pero que ahora era de un color sucio, y se hundía ligeramente cuando te sentabas. Frente a este y en el centro de la habitación había un sillón negro, de aspecto reconfortante, y en el que el doctor siempre estaba sentado.
-Buenos días, señorita Blossom.-saludó el doctor con rostro amable.
Sin decir nada, caminé por la estancia y me senté en el sillón, dándole la espalda al doctor y mirando, de forma anhelante como solía decir él, por la ventana, hacia los arboles a unos metros, en la linde del bosque.
Deseaba poder salir a pasear entre los enormes arboles, sentir el sol y las sombras que las hojas causaban, meter las manos en la tierra y pisar con los pies desnudos las hojas marrones del suelo.
Parecía tan agradable.
Pero nunca pasaría.
-Bueno, como siempre mirando por la ventana. Eres la única que lo hace ¿Sabes? Los demás pacientes se sientan, me miran y hablan durante horas, pero tu no. Eso me hace preguntarme en lo que estarás pensando.
Durante sus sesiones, realmente no pensaba en nada. Simplemente me relajaba y evadía. Supongo que en cierto modo ese aspecto de la terapia funcionaba.
-Me han comentado algunas enfermeras que el nuevo celador esta… como decirlo de forma suave… Interesado en ti de forma preocupante. ¿No tienes nada que decir a eso?
Aparté la vista de la ventana y la fijé en él. Negué con la cabeza.
“No creo que haya nada que puedas hacer por quitarme a ese pirado de encima, a no ser que tengas poder para despedirlo, que lo dudo.” Pensé para mí.
-Muy bien. No sé si debería de preocuparme o hablar con Jace sobre el tema. De momento lo dejaremos estar pero si ocurre algo… Algo malo, tienes que informarnos inmediatamente.
Durante el resto de la hora habló sin parar, pues nuestras sesiones parecían más terapia para él que para mí. Yo no le prestaba atención y él lo sabía, aunque no parecía importarle.
Cuando dio por acabada la sesión el sol ya empezaba a esconderse y la hora de la cena se acercaba.
“¿Soul? ¿Estás ahí?”Pregunté mientras caminaba hacia el comedor.
“Si, aunque me siento un poco rara. ¿Puede estar una consciencia sin cuerpo mareada?”Respondió y un gran alivio inundó mi cuerpo.
“No lo sé, pero me alegro de escucharte, ese tío está pirado, no ha parado de decirme cosas de lo más extrañas”
“No entiendo la mayoría de las cosas y no se que hay que hacer con esto, pero creo que de momento debes ser cautelosa y te lo digo porque cada vez que el está cerca yo no puedo ayudarte. Ten cuidado”
“Es la hora de cenar y supongo que él estará allí, guardemos silencio y veamos que pasa”.