miércoles, 5 de octubre de 2016

EPILOGO

-¿Por que?
-¿Porque que?- Preguntó Jace de vuelta al no comprender mi pregunta.
"¿Estas segura de que quieres saberlo? No creo que la respuesta te guste. Te ha salvado, céntrate en eso Raven." Advirtió Soul.
"Necesito saberlo. No se cuanto nos quede para llegar a un lugar seguro, pero necesito dejar esto atrás junto a Rimbaud."
-¿Por que mataste a Alice?
Un silencio gélido prosiguió a mi pregunta y apretó las manos en el cuero del volante, con fuerza, tanta que se le pusieron los nudillos blancos. Las ruedas avanzaban, acercándonos cada segundo mas a nuestro destino, desconocido para mi, y el silencio solo se hacia mas pesado.
-Necesito que me lo digas Jace, no puedo seguir adelante dejando incógnitas, necesito cerrarlo.
-No es algo fácil, Raven. He tenido que hacer cosas horribles en mi vida para proteger a otros. Solo puedo decirte que lo que hice, fue para protegerla.
-¿La mataste para protegerla? ¿Que sentido tiene eso?
-Se que para ti, en este momento no tiene sentido, pero dame tiempo, por favor. Hay muchas cosas que tu no sabes de este mundo y que yo no puedo explicarte. Solo piensa en lo que quería hacerte Daniel. Iba a ir a por Alice primero, lo que le hice fue mucho mejor que lo que le hubiera esperado con él.
Aunque su respuesta no fue satisfactoria me quedé en silencio, pues solo en el silencio estaba segura y no sabia que decir. Era verdad que lo que Daniel tenia preparado para mi me era incierto, pero seguro que era peor que la muerte por como había estado burlándose.
De nuevo el manto del silencio nos cubrió, ninguno dijo nada, casi no se escuchaban nuestras respiraciones. La noche estaba en calma, no como mi interior.
De pronto, el oscuro y cerrado camino entre los arboles se abrió en un claro, tan solo iluminado por la luz de la luna.
El coche paró ante lo que parecía una vieja casa de campo, con un jardín lleno de hojas y muy descuidado. La casa parecía abandonada, pero la puerta principal se abrió antes de que pudiera siquiera preguntar que hacíamos en ese lugar destartalado, mostrando un reguero de luz y un par de siluetas corpulentas en la entrada.
Jace salio del coche y se apresuró a abrirme la puerta, mientras que las siluetas volvían a entrar en la casa, dejando contemplar una pequeña visión del interior, de un pasillo limpio y bien cuidado.
-¿Que es este sitio?- Pregunté curiosa.
-Es mi casa. Bueno, en realidad no es mía, simplemente es donde he estado viviendo desde que entre a trabajar en Rimbaud.
-¿Porque... Porque estabas en Rimbaud? Creo que es mas que obvio que no eres un autentico celador.
-Lo sabrás todo enseguida. Entra, por favor.
Caminé hacia la puerta, seguida de cerca por él. 
Al traspasar el umbral, se hizo notable una gran diferencia entre el destartalado exterior y el limpio y ordenado interior, con las paredes pintadas de un reconfortante tono tierra y una mesita en el recibidor. En el pasillo, donde una escalera llevaba al piso superior, se abrían tres arcos. A la derecha estaba la entrada a un amplio salón, tan grande que daba cabida a tres sofás, una enorme televisión, una esa de billar, juego que había visto en muchas ocasiones en mi niñez, antes de entrar al centro, y un enorme armario con botellas de diferentes colores. El arco de la izquierda llevaba hasta una moderna cocina, con una nevera doble, dos hornos y una bonita isla. Respecto al tercer arco, no podía ver lo que había allí, puesto que era el único que estaba cerrado por una puerta.
Ademas de las estancias lo que mas resaltaba de la casa eran sus ocupantes. En el interior del salón habían tres hombres, altos y delgados. Parecían relajados, pero atentos a cada paso que daba. 
-¿Quienes son?- le pregunté en un susurro.
-Son mis compañeros.-contestó también en un susurro, pero con una dulce sonrisa, como si le hiciera gracia que le hablara así.
-Vaya Jace, cuando nos hablabas de Raven te quedaste un poco corto. Es realmente preciosa.- Dijo uno de ellos acercándose y mirándome de arriba a abajo. Era moreno, con pómulos pronunciados, ojos oscuros y una bonita sonrisa. Me ofreció la mano y yo se la estreché, pero el se la llevó a la boca y la besó- Encantado, mi nombre es Angus y es un placer poder conocerte al fin, Jace nos ha llenado la cabeza con información sobre ti.
-¿Que clase de información?-Pregunté mirando a Jace sin saber que pensar.
-Pues...- Otro de los hombres, de pelo castaño, ojos chocolate y tez pálida, se acercó y apartó a Angus.- Con palabras exactas "Raven tiene los ojos mas verdes y preciosos que jamás haya visto, son tan expresivos" o "Os sorprendería lo increíble que es, puede regodearse de darte una paliza con juegos de mesa sin una sola palabra, o ver la tristeza mas inmensa en su rostro"
- Además de todas las preocupaciones que lo asaltaban cuando tenia un día libre,-continuó el ultimo de ellos, de un aspecto muy similar al segundo, casi como familiar.- como "¿Crees que estará bien? Ella sola, con esos imbéciles que se hacen llamas celadores" o " Hoy hay tormenta, seguramente estará asustada". Ha sido un poco pesado todo este tiempo. Por cierto, mi nombre es Caleb y el es mi hermano Shawn, es un placer conocer...- se detuvo a mitad de la frase y miró tras de mi, al lugar donde estaban el vestíbulo y la escalera, al igual que los otros dos chicos.
-También hay que decir lo nervioso que ha estado estos últimos días caminando de un lado para otro divagando, " Seguro que me odia", "Piensa lo peor de mi, cree que soy una mala persona, pero claro, como no si me vio matar a..." Bueno, a mi.- Dijo una voz, una voz muy conocida que no esperaba volver a oír nunca más.
Estaba de pie junto a la escalera, con su brillante pelo negro húmedo, y una enorme sonrisa. Vestía un pijama azul, mas grande que su talla, seguramente prestado por alguno de los hombres presentes.
-¿Te has quedado muda de nuevo?- Preguntó Jace riendo.
-¿Alice?- pregunté incrédula.
"¿¿¡QUE COJONES!???" Chilló Soul "¿Que narices esta pasando?"
-Estas...Eeestas viva. Pero...¿Como?- Miré a Jace sin entender nada y el guardó silencio, esperando a que Alice explicara lo que había pasado.
-Verás, los últimos días que estuve en Rimbaud me sentí observada y me di cuenta de que Daniel comenzaba a pasar mas tiempo cerca de mi de lo que lo había hecho antes, así que empecé a sospechar que algo no estaba bien. Así que se lo dije a Jace. El fingió matarme, porque Daniel estaba al acecho y no podía sospechar que él era bueno, que nos quería ayudar, porque habría huido y nunca habrías podido estar a salvo. Eres mas poderosa que la mayoría. Así que él ideó el plan para sacarme de allí y hacer que Daniel actuara con rapidez. Lo que no habría imaginado fue lo que me encontré al salir, una casa llena de agentes del gobierno que llevaban años vigilandonos, cuidando de nosotras y todos los que fuimos encerrados allí porque las personas normales no nos entendían. Fue entonces que todo cobró sentido al fin. Supe que teníamos un futuro, todos nosotros y que era a lo que estábamos destinados. Todo gracias a Jace. Sabia que podía confiar en el. 
-¿Por tus visiones?
-No. Porque tu confiabas en el, y tu confianza es algo muy extraño y valioso.


El cristal estaba empañado por el toque del calor que envolvía el interior del coche con el frescor de la ventana.
A través del borroso cristal pude ver colores blancos, verdes y rojos mezclarse, mostrando la nieve que había caído sobre las hojas muertas de los arboles caducos y sobre los que no lo eran. La belleza de esa unión era impresionante, algo que siempre me alegraba.
Llevaba puesto un camisón blanco que me habían prestado, al parecer era una prenda de alguien que había vivido allí, que cubría por completo mis piernas, dobladas y apretadas contra mi pecho sentada en el asiento del copiloto. Ademas de ese camisón, llevaba cubriéndome los hombros una gruesa chaqueta de color azul marino, tan oscuro que era fácil confundirlo con negro, que Jace me había puesto antes de salir de la casa, hacia unas horas
Al mirar al puesto del conductor el resplandor de este me cegó. Era mucho más intenso que hacia unas horas, pero Jace me avisó que tras acabar con Daniel su brillo lo rodearía durante un tiempo, un de los inconvenientes de ser un Demon de su tipo. Me sentía estúpida al pensar que en la visión de este momento creí que Daniel seria mi salvador.
En la parte de atrás, era visible desde mi posición una pequeña maleta, de tela violeta, muy bonita, pero también desgastada por los años.
Esa era mi maleta. La maleta con la que mi tía me había echado de mi casa, con la que me había llevado a la otra punta del país y con la que me había encerrado en aquella casa de locos para que me pudriera.
Esa maleta había permanecido guardada en el hueco bajo mi cama durante años, acumulando polvo, esperando el momento en el que me dejaran salir, un momento que había esperado durante la mitad de mi vida y que a estas alturas ya me había resignado a que no vería.
Pero la maleta estaba allí, en el asiento trasero de un coche, en el que yo también iba, que circulaba por el bosque con un hombre de luz, no uno cualquiera, sino uno en el que confiaba, conduciéndolo y que se alejaba de Rimbaud.
Ese era el futuro. Un futuro luminoso, fresco y bello.
Un futuro libre.
Y esta vez, el futuro era real, tangible. Lo estaba viviendo.
FIN.

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Ahora sí, esto ha terminado. Quiero agradecer a todos los que habéis leído mis palabras, parte de mi alma y mi vida, con tanta devoción.
Me gustaría que estuvierais atentos a una posible segunda parte de esta historia, pues tengo planeada una Trilogía desde el principio.
Me duele cerrar este capitulo, pero bueno, todo fin no es mas que el principio de algo distinto.

viernes, 10 de junio de 2016

CAPITULO 29: FIN

-Tu tienes una de las almas mas poderosas que uno de los míos sueña jamas con poder contemplar, cuanto menos probar.
Sacó la lengua y la pasó por todo mi pómulo derecho, haciéndome sentir mas asco del que antes podía haber sentido al tenerle cerca.
-Y eso es porque tu, preciosa, eres un Demon.
Se apartó con brusquedad, poniéndose en pie y sonriendo ampliamente.
-Comprendo que el decirte ese termino para ti no significa nada, pero por suerte para ti, soy como una enciclopedia andante, me encanta hablar de los platos mas deliciosos, lo que se dice gourmet, y hablarle a los platos endulza su sabor.
<<Veras, hay leyendas sobre la creación de los Demons desde la antigua Grecia, en la que se mencionan a los dioses como padres de los primeros Demons. No esta probado, algunos, como yo, creemos que todos nosotros, criaturas sobrenaturales, somos producto de la evolución. Los Demons sois criaturas de cuerpo humano, pero con un gen diferente al resto, que hace que al nacer, vuestro corazón se pare y muráis. Cuando el alma del bebe abandona el cuerpo, pura, un alma extraña, de alguna criatura, ya sea humana o no, que no avanzó al otro lado al morir, penetra en el cuerpo del pequeño, arrastrando con ella al alma pura, devolviendo al bebé la vida en el proceso y quedándose atrapado en el interior del cuerpo, como un huésped. No todos los casos de Demons son iguales, como te he dicho, las almas de las huéspedes pueden proceder de diferentes criaturas mágicas, como era el caso de la pequeña Alice, su linea de sangre proviene de las antiguas sacerdotisas griegas, por lo que al nacer un oráculo la salvó. Esa es la razón de sus visiones.
¿El sabia que Alice tenia visiones? Nunca había dicho nada sobre ella.
-En tu caso es un poco mas complicado determinar tu procedencia. Eres muy extraña, lo que hace que tu alma resulte mas apetecible. Por como te has comportado mientras te he estado observando creo que eres un demon guardián, los cuales entran en la categoría de inmensamente raros, tanto que nunca antes había visto uno, pero si que he oído hablar de sus grandes poderes, entre los que se encuentran el penetrar en las conciencias y sueños de los demás demons cuando llegan a la madurez.
<Es por eso que has empezado a soñar consciente y a bagar por los pasillos, tu cuerpo lleva años preparándose para esto y el dique de tu poder esta a punto de desbordar. Me hubiera gustado poder retener mas de tu poder en tu interior, pero al desmayarte hoy en las duchas, he comprendido que eres mas fuerte de lo que creía y que si seguía esperando podrías morir y me quedaría sin nada.
Detuvo de nuevo su paseo y me miró, sonriendo ampliamente.
-Seguro que te estabas preguntando porque no podías escuchar a tu voz interior hoy. La verdad es que al retener tu poder, también la retengo a ella, por eso el silencio, por eso cada vez que yo estaba cerca ella no podía comunicarse. También es por mi culpa el que te hayas estando sintiéndote tan mal. Todo en ti rezuma poder en estado puro, lo que te hacia deliciosamente tentadora, pero para poder consumir todo lo posible tuve que retener el poder en tu interior. Normalmente no supone un problema. Las otras personas a las que he consumido simplemente experimentaban un subidón de energía durante unos días, antes de que... bueno, los devorara. Pero tu, oh querida, tu tenias que ser diferente.
<Todo el poder en ti, encarcelado en ese pequeño cuerpo ha hecho que comenzaras a enfermar, hasta resultar demasiado y que te desmayaras. Entonces supe que si no hacia pronto el ritual, o morías o te perdía, porque tu poder esta a punto de madurar hasta el punto de ser demasiado incluso para poder ser devorado.
De repente, se paró y de la nada sacó un bonito puñal plateado con runas azules, igual que el que había matado a Alice, igual que la espada que me había atravesado y asesinado.
-Esto es una daga de litio. Se que ya estas familiarizada con este tipo de armas, pero supongo que no puedes entender que la diferencia de cualquier otra arma. Los seres como nosotros, mas que simples humanos, podemos ser heridos por los materiales terrenales, como ya sabrás tras tantos años aquí encerrada, siendo constantemente pinchada, pero lo que no sabes es que las armas humanas no pueden matarnos, pueden intentar envenenar nos, pero nuestro cuerpo rechaza rápidamente los agentes externos, como las drogas y el alcohol. Pueden disparar nos, aunque sea en un órgano vital, y seguiremos con vida. Solo hay dos cosas que puedan matar a alguien del sumundo. La mas certera es un arma de litio, que son muy difíciles de encontrar y que tienen doble función, matan al cuerpo y aprisionan al alma, lo que hace que podamos alimentarnos de su energía durante semanas. La segunda forma de morir es ser decapitado, porque ¿quien sobrevive sin su cabeza? Pero es muy difícil, la cabeza no se desprendería del cuerpo a la primera, habría que cortar mucho rato, lo que necesitaría la cooperación de aquel al que fueras a matar, o algunas cadenas y cuerdas para retenerlo.
Me horrorizaba la forma tan natural con la que hablaba de asesinar y descuartizar a alguien, pero me asustaba aun mas el verlo acercarse a mi, con la sonrisa de satisfacción mas grande que jamas hubiera visto.
-Bueno pequeña, ha llegado tu hora. No vale la pena preguntarte si quieres decir unas ultimas palabras, de todas formas no me interesa escucharlas.
Al acercarse, la daga comenzó a brillar, al mismo tiempo que lo hacían los brazaletes de mis cadenas, como si estuvieran conectados.
-En serio pequeña, siento que haya tenido que pasar tan pronto.
Levanto la daga sobre su cabeza con las dos manos  justo sobre mi tórax y cerré los ojos, esperando el dolor de la puñalada y la muerte acudiendo a mi.
La daga cayó sobre mi cortando mi camisón y mi piel justo sobre las costillas, pero a esto le siguió el sonido del metal al chocar contra el suelo y un gemido de dolor, que no provenía de mi.
Volví a abrir los ojos y por un segundo la intensa luz que desprendía Daniel, mas fuerte que cualquiera que hubiera visto antes, me deslumbró por unos segundos, hasta que la luz comenzó a disminuir y pude verlo, con los ojos en blanco, el rostro descompuesto por una grotesca mueca de dolor y un hilo de sangre en la comisura de su boca. Bajé la mirada, confusa y mis ojos fueron atrapados por el resplandor del azul liquido de las runas sangrientas que sobresalían de su pecho en una hoja igual que la que el había tenido en la mano unos momentos antes, justo donde se encontraba su corazón.
Con un ultimo quejido, la luz restante en el lo abandonó por completo y cayó inerte sobre el suelo, dejando la gloriosa vista de un ser tan brillante como el sol, que sostenía en su mano la deslumbrante daga azul y carmesí.
Al ver otro de ellos me eche a llorar. Por un segundo, al ver la vida desaparecer de Daniel, tuve algo de esperanza. Pero de nuevo se había esfumado.
El ser tiró la espada al suelo, se acercó a mi y, dejándome atónita, me rodeó con sus brazos y me abrazó.
-Tranquila Raven, soy yo.- susurró meciéndome como si fuera un bebé.
-¿Jace?- solté sin pensarlo, pues mi corazón había despegado como un cohete al escuchar esa voz, tan natural y tranquilizante.
-Si, soy yo. Estas a salvo.
Por un minuto nos quedamos allí, yo sollozando y el apretándome cono si temiera que fuera a desaparecer. Luego me apartó, besó mi frente y se incorporó.
-Voy a soltarte ¿vale? No te preocupes, no te pasará nada malo. Todo ha terminado.
Al ver la habitación ahora, supe que estaba en el mundo real, no en un sueño y que en algún momento de los últimos minutos había despertado, estado exactamente en la misma posición que en el sueño, esposada al cabecero y con un corte aun abierto sobre las costillas.
Con solo las manos partió de un tirón las esposas, liberando mis manos, con las muñecas irritadas por el anterior esfuerzo de escapar.
-Jace, abajo todo esta controlado. ¿Llegamos a tiempo?- Preguntó un hombre desde la puerta, con mas hombres tras el, todos vestidos con el mismo uniforme negro y con chalecos antibalas como los de la televisión en los que ponía FBI.
Entonces me di cuenta de que Jace iba vestido idénticamente.
-Hemos llegado justos Dan. Por suerte al sujeto le gustaba demasiado hablar.
-Vuestro transporte esa preparado para llevaros a la base. Llevatela, después de todo lo que ha pasado necesita descansar. Nosotros recogeremos sus cosas y las llevaremos.
En silencio, Jace me tomó en brazos y salió de la habitación, dejando a los tres hombres a solas con el cadáver de Daniel.
El edificio bullía de actividad, con agentes por todas partes, ayudando a algunos de los enfermos a salir de sus habitaciones y esposando a algunos celadores y enfermeras.
Jace ordenaba en ocasiones que soltaran a alguno, como a Johnsson, que corrió hacia Johanna y la abrazó, y a Stella, que rápidamente ayudó a los agentes a transportar a los pacientes.
Cuando al bajar nos encontramos las puertas abiertas de par en par, hacia el vestíbulo y mas allá hacia el exterior, pude ver los primeros rayos del día asomando tras las altas montañas y los espesos arboles.
El frescor de la madrugada bañó mi piel antes de que me dejara en el asiento del copiloto de un enorme Jeep negro de aspecto militar.
-Siento haber llegado tan tarde. Casi muero solo de pensar en lo que estaba a punto de hacerte. 
No puedo contestarle, aun no me siento preparada para hablar de lo que ha pasado esta noche, asi que hago lo que mejor se y guardo silencio.
Avanzamos con el sol saliendo, entre los arboles, y en el asiento junto al mio, pues el repentino resplandor de Jace sigue tan intenso como hacia un tiempo.
cuando ya llevamos media hora de silencio y el sol ilumina el camino, premitiendome ver en la lejanía el pueblo Witches desaparecer, el vuelve a hablar.
-No tendrás que volver a un centro- me miró un segundo y volvió a centrarse en la carretera- quería decírtelo para que no temas que volvamos a encerrarte. Se que no estas loca, no permitiré que te vuelvan a encerrar. Llevas tantos años ahí dentro que nadie sabe decir cuantos. No volverás.
El silencio regresa, pero esta vez es diferente, me pesa.
-11 años- digo con voz ronca por el desuso.
-¿Que?- pregunta confuso y sorprendido.
-He estado en Rimbaud 11 años, pronto serian 12.- Aclaro.
-No tendrás que volver jamás.

FIN

CAPITULO 28

EL PEOR ASESINO DEL MUNDO, ES LA CONFIANZA.
Miré hacia el cabecero y allí estaban mis manos, sujetas por unos grilletes plateados, con las mismas runas azules que el cuchillo que había matado a Alice y que la espada que me había matado a mi.
Un chirrido fuera me hizo mirar a la puerta, entreabierta.
Entonces comprendí que esto era un sueño, pero no un sueño bueno.
Jace me iba a matar.
Pero de pronto, un manto gélido que me resultaba conocido me envolvió, dejándome helada y con la piel de gallina.
-Me alegro de que estés despierta, preciosa.
Las palabras provenían de la nada, hasta que un pesado cuerpo se materializó en mitad de mi habitación, entre la puerta y yo. Unos penetrantes ojos claros se clavaron en mi, con una sonrisa gélida de suficiencia en su rostro.
Era extraño, pues desde que lo conocí siempre resplandecía, no es que hubiera dejado de hacerlo, simplemente la luz ya no era cálida. Todo en el desprendía frialdad.
-Por un momento pensé que había sobrestimado tu poder y te había matado.- Dijo Daniel apoyándose con tranquilidad sobre la cómoda y mirándome de arriba a abajo.-Es una autentica lastima que no seas mas fuerte, tu cuerpo débil me obliga a hacer esto antes de lo que hubiera querido. ¿Sabes? Planeaba sacarte de aquí, llevarte a algún lugar bonito, lejos de ese estúpido guardaespaldas tuyo y divertirme un poco.
Comenzó a pasear por la habitación, sin apartar la mirada de mi, como si no quisiera perderse ni una sola de mis expresiones.
-No te confundas, hacer que dudaras del grandullón, hasta temerle tanto como para creer que te mataría ha sido muy divertido, mas incluso que el ponerlo celoso hasta el punto de querer matarme. Me extraño tanto que mi truco con Avery funcionara, pensé ella tendría que embrujarlo como es debido, pero al parecer una simple hipnosis sirvió para alejarlo de ti. El pobre bonachón tiene una mente muy simple ¿Verdad?
Al ver mi expresión sorprendida, o mas bien estupefacta, soltó una risa cantarina, que en cualquier otro momento y lugar hubiera sido encantadora.
-Bueno querida, pareces confusa. No quiero eso, enturbia tu aura, así que te lo explicaré todo para que entiendas la razón de todos los acontecimientos de las ultimas semanas, así entenderás como llegamos a esto. ¿Que te parece?- hizo una pausa en su caminar y yo solo lo mire fijamente con el mas puro odio marcado en mi rostro. No abrí la boca, pues no quería decirle nada.- Que tonto que soy a veces, preguntándote. ¡Como si tuvieras alguna elección!- soltó con una larga carcajada, esta vez mas parecida a la de un villano de película que a un dulce sonido.
Camino hasta la pared lisa y sucia que había cubierto con tantas de mis citas literarias favoritas a lo largo de los años.
-Tienes una interesante colección por aquí, señorita lectora.
Pareció leer con atención durante unos segundos. Luego soltó un pesado suspiro y volvió a mirarme. 
-Tal vez deberías ponerte cómoda, puedo tardar un rato en contarte tu ultimo cuento para dormir, aunque seria mas correcto llamarlo un cuento para morir ¿No?
El comentario me afectó mas de lo que me hubiera gustado, pero intenté no mostrarlo.
-Pues veras, resulta que escuche como Jace y tu doctor hablaban sobre tu encierro de años y sobre que no podía ser beneficioso para tu... estado, el haber permanecido tanto tiempo sin que te de mas que el aire que pasa por las ventanas. Fue cuando me di cuenta de que el estaba enamorado de ti. Desde el primer día supe que seria un enorme problema para mi plan, por su preocupación por ti, pero al comprender que sus sentimientos iban mas aya, me di cuenta que tenia que alejarlo de ti, como fuera. Y que mejor manera de hacerlo sin que sospechara de que tramaba algo que hacer que tu lo odies y le exigieras que se alejara.
<< No se me ocurría una forma de hacerlo, así que en un día libre, mientras tomaba algo en un bar local, vi como Avery intentaba hacer... Bueno, ya sabes, progresos con Jace. El simplemente la apartó y se fue. Entonces me acerqué a ella, la invité a una copa y charlamos. Para alguien como yo, una persona de mundo, es fácil reconocer a alguien sobrenatural. Todo en ella gritaba "bruja". Resulta que llevaba unos meses tras de Jace y este se le resistía, cosa que para ella solo lo hacia mas irresistible.
<<Así que ella y yo hicimos un trato. El día que Jace te sacara de aquí, yo la llamaría para que lo alejara de ti con hipnosis. Dijo que lo había privado antes, pero que no era su fuerte. Yo supuse que al estar contigo, Jace bajaría la guardia y seria mas influenciable, pero no esperaba un control total sobre el. Cuando Avery lo alejo de ti, mandé a Darril a por ti.
Su constante paseo no cesaba y yo no le quitaba la vista de encima, pensando una manera de soltarme, y a la vez, algo distraída por su historia. No entendía nada. No sabia por que se había esforzado tanto en separarme de Jace. Por que era tan importante para el. Lo que quería de mi.
Pero lo que menos entendía era por que había llegado a Rimbaud en primer lugar.
-¿Sabes? Jace tenia razón. En ocasiones vasta mirarte para saber lo que estas pensando, las cosas que dirías. Si lo que te preocupa es hablar, puedes hacerlo, no romperás esa estúpida norma tuya de silencio, esto es un sueño. Bueno, lo que se refiere a tu cuerpo encadenado, yo soy muy real y tu muerte también lo sera.
Guardo silencio por un momento, esperando a ver si realmente rompía el silencio y le preguntaba todas las cuestionas que pasaban por mi cabeza. Al no hacerlo, continuo con su paseo, como un centinela ante un prisionero.
-Como quieras, no necesito que hables para saber lo que piensas. Seguro que te preguntas el por que. Y también quien coño es Darril. Bueno, la primera pregunta es mas larga, así que la responderé después. En cuanto a Darril, ¿No puedes adivinarlo?
Una simple persona me vino a la cabeza. El hombre que me había matado. El mismo al que Daniel había atravesado con su enorme espada de runas azules.
-OHH! Tus ojos querida. Son tan expresivos. ¿Como no me había dado cuenta antes? Es tan fácil ver todo, perdí mi tiempo y mi energía penetrando en tu mente, lo tienes todo escrito en la cara. Si supones que Darril es el hombre que te persiguió y te asesinó, estas en lo correcto. Seguro que estaras pensando en como pude matarlo si era de los mios. Simple, era solo un peón, cuando lo llamé sabia que tendría que matarlo, por eso lo elegí, no ve mas allá de una chica bonita y una buena cena. Le dije que podría tenerte y que me trajera tu cadáver. Y cuando estaba a punto de rematar lo que quedaba de vida en tu cuerpo, lo maté, sabiendo que tu otro yo estaría observando como os salvaba y te haría confiar en mi.
Todo lo que decía tenia sentido, y yo me sentía una tonta. Habia sido tan estúpida como para creer en el.
Entonces comprendí las palabras de Alice, "Desconfía de él, Raven, abre los ojos, no merece la confianza que le das".
No se refería a Jace, sino a Daniel, pero ciega por todo su teatro había creído lo contrario.
Habia confiado en el.
Y esa confianza me iba a matar.
-Bien, nuestra conversación avanza hasta un punto importante. Ahora te contaré el porqué de todo esto.
Caminó hacia la cama y se acuclillo, dejando su rosto a la altura del mio y me agarró con fuerza la barbilla cuando intenté apartarme.
-Veras preciosa, resulta que no soy humano. Supongo que eso no suena tan extraño, sabiendo todo lo que puedo hacer. Mi especie es un poco... La marginada del submundo. Y esto es así por nuestra exigente dieta. Nosotros devoramos almas. Toda criatura tiene alma, lo que nos ayuda bastante, pero solo unas almas especificas nos dan la fuerza para vivir, pues dependiendo de la fuerza del alma de la que nos alimentamos viviremos mas o menos años. Si quieres verlo de otra manera, digamos que soy bastante mas viejo de lo que aparento y para mantenerme joven, fuerte y vivo, necesito de gente. Gente como tu.
Se acercó mas, rozando su nariz contra mi mejilla y tomando una profunda respiración, oliéndome.
-Porque resulta, preciosa, que tu tienes un de las almas mas poderosas que uno de los míos sueña jamas con poder contemplar, cuanto menos probar.
Sacó la lengua y la pasó por todo mi pómulo derecho, haciéndome sentir mas asco del que antes podía haber sentido al tenerle cerca.
-Y eso es porque tu, preciosa, eres un Demon.

CAPITULO 27

Un sonido consiguió traspasar la oscuridad. 
Una voz.
No.
No cualquier voz.
Su voz.
-... ines que despertar. Por favor pequeña, no has llegado hasta aquí para acabar así.
Comencé a sentir un hormigueo en donde suponía que deberían de estar las puntas de mis dedos del pie.
Lejos, muy lejos, otra voz pareció susurrar algo que no entendí, pero al parecer Jace si.
-¡Si, trae un botiquín! ¡Rápido! Tiene una contusión muy fea en la cabeza.
Poco a poco volvía a sentir mi cuerpo y con este, el dolor y el frío.
-Por favor - suplico con voz desesperada, mientras me abrazaba  sentía un roce cálido sobre mis labios congelados y seguramente morados.- Abre los ojos.
Con mucho esfuerzo intente separar los pesados parpados y estos se abrieron, dejándome ver a través de las oscuras y húmedas pestañas el rostro al que tantas vueltas le había dado en los últimos días.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, pude ver la desesperación y el miedo en sus oscuros ojos azules, sentimientos que rápidamente dejaron paso a un arrollador alivio.
-Dios, menos mal. Estas despierta. ¿Como te encuentras? ¿Te duele algo?
Estaba muy cerca, tan cerca que me costaba ver algo que no fuera a el.
Con delicadeza, cogió un mechón de pelo que tenia pegado al rostro, aun mojado, y lo puso tras mi oreja.
Fue en ese momento, al sentir mi pelo mojado pegado a los hombros y la espalda y las frías losas del suelo directamente sobre mi piel, que me di cuenta de que estaba completamente desnuda y en los brazos de Jace.
Rápidamente lo empujé y me tapé lo que pude con los brazos.
Entonces, su mirada se dirigió al lugar que mis manos protegían y un rubor rojo tiñó sus mejillas antes de apartar la mirada de nuevo.
Un golpe en la puerta, como si la hubieran abierto con agresividad, nos advirtió de que alguien se acercaba.
El celador Jonhsson y Stella entraron en la zona de las duchas apresuradamente y se nos quedaron mirando por un segundo.
Stella se adelantó con un maletín blanco y rojo en la mano y se arrodillo a nuestro lado.
-Ya estoy aquí. Parece que tu torpeza se ha elevado a otro nivel, Raven. Hace mucho que no tienes un accidente y ahora estas a punto de morir en la ducha. No es una buena forma de acabar.- Dijo mientras abría el maletín y sacaba una botella de desinfectante, en tono de broma.
Johnsson no dio nada, pero cogió mi toalla colgada de un gancho y se la acercó a Jace, que se había puesto en pie e intentaba mirar a cualquier sitio menos a mi figura en el suelo. Este me la echo encima, sin mirar y me tape como pude.
De repente, Stella presiono algo contra mi cabeza y siseé de dolor.
-Lo siento, tienes una buena brecha aquí arriba, necesitara un par de puntos. Tenemos que llevarla a la sala de examen, en el botiquín no llevo lo necesario para cerrarle la herida ni ara comprobar sus constantes ni sus reflejos. Lo mas probable es que tenga una conmoción leve.
Sin decir nada más, Jace me cogió en volandas, apretándome con fuerza contra su pecho. Yo no protesté, porque no valía la pena, pero me asegure de que no se cayera la toalla.


La sala de examen era como cualquier consulta medica, cualquiera de los años setenta.
Un camastro duro ocupaba el centro de la habitación, en la que tan solo habían armarios con material medico como gasas, alcohol, desinfectante o yeso, y un enorme y anticuado ordenador que parecía tener mas edad que yo sobre un raído escritorio de madera oscura.
Yo estaba tendida sobre el catre, sobre una sabana de papel que mi goteante cabello mojaba. Una enfermera había entrado hacia un rato para dejar mi ropa, la que había dejado en los bancos de los vestuarios, sobre una mesa de metal con ruedas con mas material medico y me había dicho que me vistiera.
Jace, Johnsson y Stella me habían dejado allí y se habían ido.
La puerta se abrió, sobresaltándome, y la enfermera Shiver entro con su habitual porte regio.
Shiver era la jefa de enfermeras, una mujer mayor, de unos 50 años con pelo oscuro y cano, piel pálida y arrugada y siempre maquillada en exceso. Su moño, siempre perfecto, sostenía el gorro típico de los trajes de las enfermeras antiguas. Si cualquiera fuera de allí la viera pensaría que venia de una fiesta de disfraces, pues era la única que vestía ese uniforme.
Sentía gran curiosidad por ella, pues era una de las pocas trabajadoras de las que no conocía el nombre. Pero ademas, no solía mezclarse con los pacientes, o ninguno de los otros trabajadores, excluyendo a Mallis. Ellos dos controlaban Rimbaud en la ausencia del gestor  y del dueño, que no pasaban por allí mas que un par de veces al año, para el día de puertas abiertas, en el que todo se lavaba y abrillantaba para hacerlo parecer agradable.
Nunca me había gustado Shiver, pero ahora, tras saber que ella estaba enterada de mis problemas con mi tía y de la verdadera razón de que yo estuviera allí, no soportaba verla.
-Parece que no puede mantenerse usted a salvo, señorita Blossom. Dijo una vez estuvo a mi lado.
La mire fijamente, mientras ella acercaba la mesita metálica al lado del catre y cortaba unas gasas.
-Sabe, su tía ha estado muy interesada en su estado de salud. Al parecer se acerca una fecha importante.
"¿Una fecha importante?¿De que esta hablando?" Pregunté mentalmente. Mientras esperaba una respuesta recordé que llevaba un tiempo sin oír a Soul.
Me sentía confusa y desorientada. Y las palabras de Shiver no ayudaban a aclararme nada.¿Que día era hoy?
-Al parecer, tendremos una fiesta que celebrar en unas semanas.
¡Es cierto! ¡Mi cumpleaños era en tres semanas! Y... Seria mayor de edad para cobrar la herencia de mi madre. 
Y eso mi tía no lo permitiría.
La malefica sonrisa de Shiver fue lo ultimo que vi antes de desmayarme.


Cuando abrí los ojos de nuevo, no estaba en la sala de examen. 
Estaba en mi habitación.
Por la estrecha ventana a penas entraba un  atisbo de luz plateada que dibujaba los barrotes en el suelo, como una sombra mas en el oscuro cuarto.
Había pasado prácticamente todo el día dormida.
Cuando intenté incorporarme algo me lo impidió.
Miré hacia el cabecero y allí estaban mis manos, sujetas por unos grilletes plateados, con las mismas runas azules que el cuchillo que había matado a Alice y que la espada que me había matado a mi.
Un chirrido fuera me hizo mirar a la puerta, entreabierta.
Entonces comprendí que esto era un sueño, pero no un sueño bueno.
Jace me iba a matar.

jueves, 10 de marzo de 2016

CAPITULO 26

Podía escuchar los pesados pasos en el pasillo, tras mi puerta cerrada.
Se acercaban, se detenían unos segundos, como si dudara sobre si entrar o llamar, daba la vuelta y volvía a caminar por el pasillo.
Ya llevaba unos diez minutos haciendo lo mismo, sin dejarme relajarme porque en cualquier momento podría entrar.
No podía ver quien era, pero lo sabia.
Tras tantos años de ser despertada por la misma persona había aprendido a reconocer los paso de Jace.
Tenia miedo de el. Sabia que a esa hora no había nadie ni en mi planta ni en la de debajo, tan solo un par de celadores en la planta baja sentados en la sala de personal sin hacer mas que ver la televisión o jugar a las cartas.
Normalmente, por las noches se quedaban unos cinco celadores y otras tantas enfermeras, pero el señor Mallis, supervisor de los trabajadores  del centro, les dio el día libre a la gran mayoría del personal por todo el jaleo que se había armado tras lo de Alice.
No sabia que hacia Jace allí, porque había oído decir a Stella, mientras hablaba con la cocinera, que le habían ofrecido unas vacaciones pagadas por la traumática experiencia que había pasado conmigo y con el cadáver de Alice.
Por lo que podía escuchar de sus erráticos pasos y sus esporádicos suspiros, las había rechazado.
Tampoco había tenido ningún problema con la policía.
Finalmente, tras detenerse de nuevo ante mi puerta, aunque mas tiempo que en las anteriores ocasiones, se dio la vuelta y sus pisadas se  alejaron hasta que me llegó el amortiguado sonido de sus pasos bajando las escaleras.
"Por fin se ha ido" suspiró Soul, que había estado tan callada como yo, expectante.
"Estoy asustada Soul. ¿Crees que intentará matarme?"
"No lo se. Eres la única que sabe lo que ha hecho, pero fácilmente podría alegar que tu estado mental no es "optimo", ya sabes, como aquella chica que dijo que el celador Samuels la había forzado. Nadie la creyó, el dijo que estaba loca."
"Si, es cierto, fue horrible. No se que hacer Soul. El Jace al que yo conocía jamas haría daño a nadie. Era tan amable con todos. ¿Que ha pasado?"
"Creo que deberías intentar descansar"
Giré sobre mi costado y cerré los ojos, a la espera de que el sueño se apoderara de mi.


El golpe en la puerta me despertó con un sobresalto.
-Hora de levantarse señorita Blossom- dijo una voz masculina, que me resultaba familiar pero no odia reconocer. Era obvio que no eran ni Jace ni Daniel.
Al levantarme sentí mareo y mi cuerpo incomodo, dolorido, como si hubiera hecho mucho ejercicio el día anterior. Caminé hasta la puerta y la abrí, encontrándome allí al celador Johnsson, con las manos agarradas a su espalda y aspecto jovial. 
Me alegre de que fuera él quien había sido asignado a  acompañarme. Era uno de los pocos celadores confiables, entre los que hacia poco incluía a Jace. Era amable, aunque algo tímido. Se sonrojaba cuando alguno de los otros celadores hacían algún comentario referente al sexo, lo cual hacían con frecuencia. Otro de los momentos en los que se sonrojaba era cuando estaba cerca de Johanna, una de las chicas tratadas por esquizofrenia, de la que todos sabían que estaba enamorado, aunque el creyera que lo ocultaba.
-Hoy seré tu celador. El señor Mallis me ha pedido que te acompañe y te informe de que hoy el doctor Kendrick no ha podido venir, por lo que no tendrás terapia hasta mañana.
Asentí y volví a cerrar la puerta para coger mis cosas.
"Otra vez despierto sin soñar nada" pensé mientras abria mi armario "No entiendo que pasa, no recuerdo nada. Solo oscuridad" Comenté esperando que Soul hablara. 
Pero no lo hizo.
"¿Soul?"
No contestó.

Bajamos las escaleras, de forma lenta, pues los músculos me molestaban y sentía la cabeza dar vueltas si me movía demasiado rápido. Caminamos en dirección a los vestuarios femeninos de los que salieron Brigit, que me dedico una sonrisa triste, y Johanna, que tan solo miró al celador Johnsson y le sonrió, lo que lo hizo ponerse tan rojo que su rostro parecían ascuas ardientes.
Tras ellas, escoltándolas, estaba Jace.
Me dedicó una mirada y casi sentí como si todo se moviera a cámara lenta. Sus ojos, de un azul tan oscuro como la noche, destellaron de miles de tonalidades de azul al cruzar la mirada conmigo, como si fueran fuegos artificiales. Eran semejantes a como los había visto cuando había matado a Alice.
Aparté la mirada y me cubrí el rostro con el pelo.
Johnsson se quedó junto a la puerta mientras que yo pasaba. Abrí la taquilla en la que dejaba mi toalla, sacándola y depositando allí mi ropa limpia. 
Me desnudé y dejé la ropa sucia encima del banquillo que había entre las hileras de taquillas. Según había leído en libros, el vestuario parecía diseñado como los vestuarios que describían de un instituto, aunque no entendía la razón.
Caminé descalza hacia las duchas, enrollan fuertemente la toalla a mi alrededor. El suelo de las duchas estaba aun húmedo del anterior uso, así que lo pise con precaución, pues mi malestar, mi torpeza ocasional y un suelo mojado no era una gran combinación.
"¿Soul?¿Donde te has metido?" Pregunté intentando comunicarme con ella de nuevo. Me sentía nerviosa, ya que ella no solía callarse. Cuando guardaba silencia había que esperarlo todo, sobre todo algo malo.
Giré el grifo del agua y esperé a que estuviera caliente para meterme bajo la inconstante lluvia de agua clarificada.
Estar limpia de nuevo me hizo sentir un poco mejor y el agua sobre mi ayudo a relajar un poco la tensión acumulada y los nervios. Llevaba el pelo sucio, por lo que el jabón fue un alivio y el agua ayudó a disipar mi malestar.
O eso pensaba.
De pronto un intenso dolor atacó mis sienes y me agarré la cabeza con fuerza,como si fuera a explotar e intentara retenerlo entre mis manos. Intenté recostarme contra la pared, pues la sensación de mareo iba en aumento junto con el dolor, hasta que se volvió insoportable y abrí mis labios para pedir ayuda, pero no sabia si algún sonido había salido de ellos.
Ya no oía nada. No veía nada. Solo sentía dolor.
Y entonces la oscuridad lo envolvió todo.