CAPITULO 12
¿Iba a
salir?
Por un
momento pensé que era una broma, que solo quería burlarse de mí, pero entonces
vi su cara de sinceridad y se hizo real.
Una sonrisa
completamente genuina se plasmó en mi cara y parecía no querer abandonarme.
¡Iba a
salir!
¡Por fin!
-¿A que
estas esperando?- preguntó Jace. Yo lo miré confundida y él me empujó un poco
hacia la entrada de las duchas femeninas- Corre a vestirte, cuanto antes te
arregles, antes te sacaré de aquí.
Sin pararme
a pensarlo dos veces corrí a los vestuarios y me desnudé para ducharme y
eliminar el sudor causado por la noche pasada.
No me
permití disfrutar del frescor del agua, eso ya lo podría hacer otro día.
Cualquiera
que me hubiera visto, corriendo de un lado al otro, hubiera creído que mi
locura iba en aumento, pero estaba tan ansiosa por respirar aire fresco que
casi ni pensaba y a punto estuve de ponerme los pantalones del revés.
Cuando ya me
había vestido vi mi reflejo en el espejo y por poco me echo a llorar al ver mi
aspecto.
Sí. Era
cierto que hasta ese momento no me había importado mi aspecto, pero no creía oportuno
arreglarse para un grupo de enfermos, doctores, enfermeras y celadores.
Pero ahora
que iba a salir y a ver gente nueva y lugares nuevos, la maraña en la que se había
convertido mi pelo me desanimaba.
Fue en ese
momento cuando Stella entró y me sonrió.
-Buenos días
Raven, ya me he enterado que hoy te van a sacar de excursión. Estarás muy
contenta ¿No?
Yo me encogí
de hombros y volví a mirarme en el espejo, intentando alisar mi pelo con las
manos y sin lograr un buen resultado. Stella me observó sonriente unos
segundos, hasta que soltó una carcajada y se acercó a una taquilla, probablemente
la suya, y de ella sacó un cepillo y un peine.
-Si quieres
yo puedo arreglarte el pelo, trabajé un par de años en una peluquería para
pagarme los estudios de enfermería.
Asentí y me
senté en uno de los bancos que había junto a los espejos, mientras ella
comenzaba a cepillar mi pelo.
-Sabes, a
Jace le hace mucha ilusión poder salir contigo. No lo malinterpretes, no me
refiero a una forma romántica, sino más bien fraternal. Aunque muchos de los
otros celadores creen que está enamorado de ti.
No pude
evitar sonrojarme ante ese comentario y no entendía por qué. Conocía a Jace de
muchos años y nunca me había sentido atraída por él.
¿Por qué
ahora no podía dejar de pensar en él?
“Puede que
se te hayan despertado los instintos reproductivos” Conjeturó Soul “Recuerdo
que en mi época no había nada más importante que procrear y más si era con un
semental como él”
“¡Por Dios!
¿¡Pero qué dices!? Estas realmente tocada. Creo que voy a empezar a hacerle más
caso al doctor Ghost, pero no por mí, sino por ti.” Le grité horrorizada por la
forma tan desinhibida en la que hablaba de ello. “Además, ¿De qué época hablas?
Nunca me dices nada de ti, solo sueltas cosas sin sentido que me confunden más”
“Créeme
cuando te digo que no estás preparada para esto. Cuando llegue el momento te
diré todo lo que necesites saber”
-Ya estas
lista- Escuché decir a Stella- Mírate.
Me giré de
cara al espejo y me topé con una chica de tez blanca, ojos verdes y un bonito
recogido, mi pelo rizado había sido recogido en una coleta lateral que caía
sobre mi hombro derecho y que estaba sujeto por el lazo blanco que Jace había traído
en la bolsa.
Estaba
preciosa.
En un
impulso de agradecimiento le di un abrazo y la solté rápidamente, antes de
salir por la puerta.
Fuera, Jace
me esperaba, con la misma ropa de antes, solo que ahora se había puesto una llamativa
chaqueta de cuero negro.
Al verme, me
pareció ver sus pupilas dilatarse hasta que por un segundo sus ojos parecieron
completamente negros y su respiración se alteró.
Aunque unos
segundos después había vuelto a la normalidad y me hizo plantearme si su reacción
no habría sido cosa de mi imaginación.
-¡Vaya, pequeña!
Estas muy guapa. ¿Ha sido Stella quien te ha peinado?
Yo asiento y
él se acerca y toca los rizos de mi coleta.
-Te queda
muy bien- dijo haciéndome sentir como hipnotizada, casi podía oír a Soul soltándome
un “te lo dije” en toda la cara, hasta que…- mejor que los pelos de loca que
llevabas siempre.
El hechizo
se rompió y la furia corrió por mis venas. Al parecer, Jace vio el enfado en
mis ojos porque se apartó un paso y levantó las manos como intentando excusarse.
-No quería decir
eso, Rave, era un broma, no lo decía en ese sentido.
“Vaya metida
de pata” Dijo Soul riendo a carcajadas.
“¡Cállate!”
-Por favor,
no te enfades por esa tontería, no lo he dicho con mala intención.
No le hice
caso y miré hacia la puerta que nos llevaría a la entrada, la puerta que solo
crucé una vez, cuando me arrebataron mi libertad.
Él, con
gesto alicaído abrió camino y tocó al timbre que haría que los guardias
abrieran las puertas.
Con un
sonoro “clic” las puertas se abrieron y pude ver el vestíbulo, que no había cambiado
ni un ápice desde que lo vi por última vez. Incluso las mismas flores adornaban
el soso jarrón de la mesa de centro.
-Con que esta
es tu paciente favorita ¿eh?- le dijo uno de los guardias a Jace, un guardia
joven al que jamás había visto, a través de los cristales de la sala de
seguridad.
-Sí, Joey,
esta es Raven. No te molestes en hablarle, o por lo menos no esperes respuesta,
no habla nunca.- Le informó este con tono ácido, como si algo le molestara.
-Bueno,
entonces os deseo un agradable paseo.- Y volvió a su monitor, en el que podría apostar
a que no habían imágenes de cámaras de seguridad.
Jace caminó
hasta la gran puerta de madera de cuarto metros que constituía la entrada y se
paró ante ella.
-¿Preparada?-Preguntó
con la mano sobre el tirador.
Yo asentí
fervientemente para que se diera prisa. Este era el momento que llevaba tantos
años esperando.
Con un
fuerte tirón abrió la pesada puerta y me apresuré a dar un paso.
En ese
momento, cuando la ligera brisa golpeó contra mí y los rayos del sol, que
llevaba días sin salir y que en ese momento parecía brillar solo para mí, me
envolvieron, me sentí como si ese pequeño paso fuera equivalente o incluso de
mayor importancia de lo que lo fue el primer paso en la luna.
Puede que
para cualquiera solo fuera un pequeño paso, pero para mí, era un gran paso
hacia la libertad.


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