CAPITULO 11
-Si dices
que estas bien es hora de levantarse. Al parecer nos espera un día movidito.
Me incorporé
con el mirándome fijamente.
“Buenos
días, nena. Gracias por dejarme dormir anoche” dijo Soul mientras me acercaba
al armario donde guardaba la poca ropa que me permitían tener, pues según las
normas del centro los pacientes debían llevar un tipo de ropa selectivo, es
decir, pijamas. “Por lo que veo tu tuviste una noche agitada. Interesante tu
excursión”
“Fue de lo
más raro, pero me alegro haber ayudado a Brigit” Dije sacando una camiseta
negra y mis pantalones de pijama más nuevos, enviados por mi abuela unas
semanas atrás, y saliendo de la habitación tras Jace.
Me abaniqué
un poco con la mano, pues había vuelto a acalorarme sin entender la razón.
“Cielo, eso
que sientes se llama atracción. Al parecer el fortachón te enciende.” se burló
con una carcajada.
“No es eso”
me defendí, pero no pude evitar darle un repaso de arriba abajo al estupendo cuerpo de Jace.
Digo
estupendo porque sus hombros eran anchos, su cintura estrecha y todos sus
músculos se marcaban a la perfección. Por no mencionar que tenía un culo de lo
más atractivo.
¿Cómo no me
había dado cuenta antes de lo guapo que era?
Claro que,
durante mi época de adolescencia no había visto a muchos hombres por lo que no
tenía muy claro cómo era la belleza fuera de esas paredes.
“Créeme. El
fortachón es como un modelo de esos actuales, además, esa belleza es y siempre
ha sido la más llamativa. Es un tiarrón de lo más achuchable. Solo que tú te
acabas de dar cuenta. Puede que sea por su ropa.”
Soul tenía
razón. Jace no llevaba el típico uniforme blanco de la clínica, sino unos
ajustados vaqueros y una camisa azul oscuro que le sentaba como un guante y no
como la ancha bata que siempre llevaba.
“¿No te
parece un poco raro?”Pregunté confundida. “Lo conozco desde hace años y es la
primera vez que lo veo vestido de esta forma. ¿Irá a algún sitio?”
“¿Por qué no
le preguntas?” Dijo ella en tono de guasa.
“Ya. Ja, ja,
ja. Eres muy graciosa.”
“Nadie más
que tú te impide hablar, Raven. Ya lo hemos discutido muchas veces, debes
superar tu miedo y creo que Fortachón es un buen ratón de laboratorio para
intentarlo.”
“No estoy
preparada”
-Oye Rave,
¿Qué pensarías si te digo que tengo una sorpresa para ti?-Preguntó Jace cuando
paramos ante las duchas.
Lo miré
entrecerrando los ojos, pues no sabía muy bien que pensar de sus sorpresas. La
última vez que me había dado una fue un pijama horrible de color rosa, como el
de una niña de tres años, que por pena tuve que llevar durante semanas, hasta
que “accidentalmente” se manchó con la mezcla secreta de Maggie, una de las
cocineras, que era imposible de limpiar.
-No me mires
así, no es un pijama como la última vez- Dijo como si me hubiera leído el
pensamiento.-Por cierto, sé que lo ensuciaste a propósito, pero te perdono.
No pude
evitar mi estúpida cara de sorprendida, pues creía que él no se había dado
cuenta. Jace se echó a reír a carcajadas, llamando la atención de algunas
enfermeras que pasaban por allí y que nos lanzaron una mirada de curiosidad.
-Tranquila.
Apostaría mi vida a que esta sorpresa te va a ilusionar. Espera un momento.-
Dijo haciendo señas con las manos para que no me moviera y dándose la vuelta,
hacia los vestuarios masculinos.
“Tengo que
admitir que sí que me estoy emocionando” le dije a Soul “¿Qué crees que será?”
“Puede que
un juego de lencería. Tal vez por fin se ha decidido a hacerte una mujer.
ARRRRR” Gruño de forma teatral, haciéndome sonrojar.
“De verdad
que no entiendo cómo puedes ser parte de mi. Pareces una vieja verde de esas de
las novelas de Sarah”
“Cielo,
aunque no te lo creas soy mucho mayor de lo que imaginas. He vivido muchas
cosas y sé que con ese pedazo de espécimen masculino tu serias de lo más feliz”
“¡Para ya de
decir esas cosas! ¡Eres una pervertida! ¡No me gusta Jace y no vuelvas a
mencionar el tema! ¿Vale?” Grité furiosa en mi mente.
“Chica,
vale, vale, ya está. Voy a dejar el tema.” Dijo intentando tranquilizarme. “Por
el momento” casi susurró, pues su voz desapareció, a la vez que su presencia.
Un
sentimiento gélido me invadió, comenzando por mi pecho y extendiéndose a todo
mi cuerpo, poco a poco, como si me bañara en él.
Daniel
estaba cerca. Podía sentirlo.
“Buenos días
preciosa, parece que anoche descansaste” Irrumpió en mi mente como si nada. Yo
lo busqué con la mirada hasta que lo encontré entrando por las puertas de
seguridad que separaban el pasillo principal del de las duchas.
No le
contesté mientras que se acercaba a mí.
-Qué raro
que tu perrito guardián te haya dejado sola ¿No crees? Creo que tienes algunas
preguntas rondando por esa cabecita. Tal vez yo pueda ayudarte a responderlas.
No me digné
a responderle y su enorme sonrisa de suficiencia se fue desvaneciendo, hasta
convertirse en una clara mueca de enfado.
-Me necesitaras
tarde o temprano y yo estaré esperando ese momento con ansias.- Advirtió,
aunque casi sonó más a una amenaza.
Y así, tan
rápido como había llegado se fue, justo uno par de segundos antes de que Jace
volviera a aparecer entre las puertas del vestuario con una enorme sonrisa y
una gran bolsa de papel negra, ajeno a todo lo que había pasado.
Al ver mi
cara, posiblemente todavía en shock por la aparición de Daniel, su sonrisa se
apagó y preguntó, preocupado:
-¿Estás
bien? ¿Ha pasado algo?
Yo negué con
la cabeza y me obligué a poner en mi rostro lo más parecido a una sonrisa que
pudiera. Aunque no pareció muy convencido, el también sonrió.
-Bien, toma-
Me ofreció la bolsa y yo la cogí, mientras miraba lo que había dentro el me
dijo –Espero que esto sí que te guste, lo he elegido yo mismo.
Dentro de la
bolsa había unos bonitos vaqueros oscuros, un jersey de cuello alto gris, unos
guantes grises sin dedos, de los que había oído que estaban de moda, un abrigo
de color azul marino y un lazo para el pelo blanco,
¿Qué era
todo eso?
-Se que te estarás
preguntando para qué es eso. Pues te lo explico. Resulta que, según el doctor
Ghost, has estado demasiado tiempo encerrada sin ver del exterior nada más que
lo que ves por las ventanas y me ha pedido, como tu celador “personal” que te
saque del centro por unas horas.
Me quedé
atónita.
¿Iba a salir?
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