viernes, 19 de junio de 2015

CAPITULO 10

CAPITULO 10
-Brigit- grité corriendo hacia ella.
Apenas pude tocar su mano cuando comenzó a caer
El tirón de sentir todo su peso colgando de mi brazo resintió mi muñeca y me hizo gritar de dolor, lo que al parecer la hizo salir del trance, pues sus ojos volvieron a la normalidad, mirándome asustados.
-¡No me sueltes!-rogó chillando.
-No lo voy a hacer, pero podrías intentar ayudar un poco, casi no puedo contigo, no soy muy fuerte que digamos.
Clavando los pies en la roca del acantilado y conmigo tirando de ella, Brigit pudo subir y ambas nos tumbamos sobre el polvo y las cenizas que había en el suelo para recuperar el aliento.
-¿Qué te he pasado?-exigí saber enfadada.
-Sentía algo que me llamaba, me decía que sería la causante de desgracias y muertes y que si no moría el dolor que sentiría sería insoportable. Pero es mentira, yo sé que no soy mala, no puedo serlo- dijo comenzando a llorar.
-Tra…tranquila vale- dije un poco cortada porque no sabía cómo consolarla- Es una mentira, no pienses en ello. Olvídalo.- Al decir eso caí en la cuenta.-¡Que tonta! ¡Parezco ciega! ¡¿Cómo no he podido verlo?!
-¿A qué te refieres?-Preguntó confundida Brigit.
-¿No lo ves? Es parte de la advertencia. “Cuando te olvides de la mentira y el dolor”, ya se ha cumplido y la primera la he visto, he visto mis recuerdos a través del fuego.
-El siguiente es “Cuando abraces el miedo y persigas la lucha”, supongo que hay que dirigirse a los puentes de nuevo.-explicó temblorosa.
-¿Por qué? ¿Qué hay en los puentes?
-Lo que más temo en el mundo, las serpientes de fuego.
-Suena peligroso
-Me han atacado cientos de veces, por eso intento cruzar por el puente colgante, les pilla muy lejos.
-¿Y cómo son? Ya sabes, para estar alerta.
-Créeme, cuando las veas lo sabrás, el nombre que les puse es bastante gráfico.
Seguimos avanzando en silencio hasta que un estruendoso y desagradable sonido me hizo detenerme. Estaba claro que lo que hubiera hecho eso estaba vivo y también que era muy grande.
-Ya estamos cerca-dijo Brigit con el miedo tatuado en la cara.
De repente un calor abrasador, mayor del que ya estábamos soportando y nos mantenía empapadas de sudor, cubrió el aire, haciéndolo casi irrespirable. Podía sentir el fuego en mi rostro.
-¡Los puentes están ardiendo! ¡Corre antes de que se destruyan!-gritó cogiéndome la mano y arrastrándome tras ella mientras corría como si el demonio la persiguiera.
Fue en ese momento, cuando nos acercamos a los puentes ardientes, que vi a las criaturas de las que Brigit me había hablado y no pude evitar pensar en la razón que había tenido al llamarlas serpientes de fuego. Porque no había otra posible calificación para ellas.
Las serpientes de fuego eran gigantescos animales, tan grandes como caballos, con rocas ardientes por escamas y que quemaban todo lo que tocaban sus largos cuerpos.
Brigit seguía caminando arrastrándome tras ella, con una mirada de pura decisión en los ojos. Caminaba a paso tan ligero que no veía nada más que a las horripilantes criaturas a las que nos acercábamos, por lo que no vi una rama en el camino que me hizo tropezar, aunque mantuve el equilibrio. Pero la rama se partió emitiendo un débil aunque notable sonido, llamando la atención de las serpientes, que se enrollaban entorno a los puentes, paralelos, sobre el rio de lava.
Al vernos volvieron a emitir ese extraño rugido y tras una mirada entre ellas, como de complicidad que les daba un aspecto inteligente, casi humano, comenzaron a reptar hacia nosotras.
-Muy bien, ya nos estamos envolviendo en el miedo, aunque yo diría que más bien es meando de miedo, y nos acercamos a una lucha, aunque un poco desigual, que seguramente acabe con nuestra muerte. ¿Qué narices hay que hacer ahora?-Le pregunto con el miedo invadiendo cada fibra de mi ser.
Si pensaba que los animales eran grandes cuando los vi de lejos, a medida que se acercaban su magnitud se elevaba.
-Pues… supongo que luchar- Dijo sonando más como una pregunta que como una afirmación.-Aunque no se me ocurre como acabar con ellas.
-Se que suena un poco estúpido, viendo que estamos en una isla en la que todo lo que hay, hasta los animales, son de fuego, pero… No habrá algún lago o rio que en vez de roca fundida lleve agua ¿verdad?
-Aunque te parezca extraño, sí que lo hay. Pero está al otro lado de los puentes.
-Bien-afirmé mirando el avance de nuestros miedos.- Si cada una se encarga de una serpiente deberíamos poder cruzar.
-¿Cómo que encargarse de las serpientes? ¿Qué vamos a hacer?
-Yo me quedo con el de la derecha, tu el de la izquierda- Estaban a punto de alcanzarnos, a apenas unos metros, cuando grité- ¡Corre!-Mientras me interné en el bosque rojo unos metros para despistar a la serpiente y volví a emerger al camino unos metros después, a la ver que veía a Brigit correr entre las ramas todo lo rápido que podía.
Cada una era perseguida por una de las monstruosas serpientes, que reptaban velozmente intentando alcanzarnos. Apenas prestaba atención a lo que me rodeaba, solo miraba muy bien el suelo que pisaba para no correr el riesgo de caer y ser devorada, por lo que fue para mí toda una alegría ver y sentir los firmes, aunque ahora ardientes, tablones de madera del puente de la derecha, donde me permití levantar la mirada y comprobar que Brigit seguía mi mismo ritmo y también estaba sobre el otro puente, mirándome.
-¡Está a solo unos metros tras el follaje!-gritó señalando los arboles, de un tono más bien amarillento, que formaban un escudo entre el rio de lava y el supuesto lago.
Sin pararme a pensarlo traspasé las hojas de un salto y aterricé en agua, fresca, relajante y deliciosa agua.
Un chapoteo en el agua me indico que mi compañera estaba bien, igual que yo. Nadamos unos metros, apartándonos de la orilla, a tiempo de ver que ambas serpientes se precipitaban sobre el liquido que para ellas resultó mortal, pues al reptar hacia la orilla murieron cuando su fuego se extinguió.
Atravesamos el lago, pues no había forma de salir por donde habíamos entrado.
-Creo que les hemos bajado los humos-Dijo Brigit cuando salimos, haciéndome reír.
-Sí, me dan hasta pena, pero bueno.-Miré alrededor, notando que la luz había disminuido de golpe, como si hubiera anochecido.- No podemos volver atrás.
-Es era una de las estrofas-dijo Brigit buscando algo con la mirada y sonriendo. Parecía feliz.
-¿Qué pasa?
-Nunca se había hecho de noche, el sol era una constante en mis sueños, ahora incluso refresca, y mira- Dijo señalando hacia algún punto ante nosotras.- “El resplandor de la hoguera se encenderá en la noche” recitó con alegría iluminando sus ojos.
Y entonces lo vi.
En medio del bosque, ahora oscuro por la repentina noche, se encontraba un fuego tan grande como ninguno que hubiera visto jamás. Un fuego de llamas, no rojas y naranjas, sino verdes y azules, un fuego poderoso, pero que transmitía paz.
Habíamos llegado.
Ese era el lugar seguro de Brigit.
De verdad la había ayudado.
-Gracias- dijo con lagrimas resbalando por sus mejillas- Sin ti nunca habría llegado. –Se estiró hacia mí y me abrazó con fuerza.-Ya soy libre de soñar, igual que tu también lo serás algún día. Ahora lo entiendo todo Raven.
-¿Qué entiendes?-Pregunté confundida, pero no entendí bien lo que siguió pues mi vista comenzó a nublarse.
-Escucha.. tu tienes .. gra. Poder. Resiste … … Tien.. que… auydar.. todos…com. Mi.
-¡No te entiendo!
-Yo no ….. recordar… nada de …. Cuando yo despiert.
La neblina me invadía cada vez más hasta que ya no la veía.
-¡NO TE FIES DE ÉLLOS!-Gritó


-Eh, dormilona, despierta- dijo la conocida voz de Jace mientras lo sentía sacudirme un poco del brazo.
Abrí los ojos y lo miré allí, inclinado sobre mí con la preocupación pintada en sus ojos.
-Raven, estas empapada en sudor. ¿Estás enferma?- Negué con la cabeza y saqué los pies de la cama.
Era verdad que estaba muy mojada, lo que explicaba el inmenso calor que sentía.
Miré la pared donde mis citas descansaban y leí:
“las alteraciones de la vida no son ni mucho menos tantas como las de los sentimientos humanos”- Frankenstein de Mary Shalley.
Bien. Mi vida había cambiado.
Aún no estaba segura si para bien o para mal, pero estaba dispuesta a averiguarlo.

-Si dices que estas bien es hora de levantarse. Al parecer nos espera un día movidito.

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