CAPITULO 10
-Brigit-
grité corriendo hacia ella.
Apenas pude
tocar su mano cuando comenzó a caer
El tirón de
sentir todo su peso colgando de mi brazo resintió mi muñeca y me hizo gritar de
dolor, lo que al parecer la hizo salir del trance, pues sus ojos volvieron a la
normalidad, mirándome asustados.
-¡No me
sueltes!-rogó chillando.
-No lo voy a
hacer, pero podrías intentar ayudar un poco, casi no puedo contigo, no soy muy
fuerte que digamos.
Clavando los
pies en la roca del acantilado y conmigo tirando de ella, Brigit pudo subir y
ambas nos tumbamos sobre el polvo y las cenizas que había en el suelo para
recuperar el aliento.
-¿Qué te he
pasado?-exigí saber enfadada.
-Sentía algo
que me llamaba, me decía que sería la causante de desgracias y muertes y que si
no moría el dolor que sentiría sería insoportable. Pero es mentira, yo sé que
no soy mala, no puedo serlo- dijo comenzando a llorar.
-Tra…tranquila
vale- dije un poco cortada porque no sabía cómo consolarla- Es una mentira, no
pienses en ello. Olvídalo.- Al decir eso caí en la cuenta.-¡Que tonta! ¡Parezco
ciega! ¡¿Cómo no he podido verlo?!
-¿A qué te
refieres?-Preguntó confundida Brigit.
-¿No lo ves?
Es parte de la advertencia. “Cuando te olvides de la mentira y el dolor”, ya se
ha cumplido y la primera la he visto, he visto mis recuerdos a través del
fuego.
-El
siguiente es “Cuando abraces el miedo y
persigas la lucha”, supongo que hay que dirigirse a los puentes de nuevo.-explicó
temblorosa.
-¿Por qué?
¿Qué hay en los puentes?
-Lo que más
temo en el mundo, las serpientes de fuego.
-Suena
peligroso
-Me han
atacado cientos de veces, por eso intento cruzar por el puente colgante, les
pilla muy lejos.
-¿Y cómo
son? Ya sabes, para estar alerta.
-Créeme,
cuando las veas lo sabrás, el nombre que les puse es bastante gráfico.
Seguimos
avanzando en silencio hasta que un estruendoso y desagradable sonido me hizo
detenerme. Estaba claro que lo que hubiera hecho eso estaba vivo y también que
era muy grande.
-Ya estamos
cerca-dijo Brigit con el miedo tatuado en la cara.
De repente
un calor abrasador, mayor del que ya estábamos soportando y nos mantenía
empapadas de sudor, cubrió el aire, haciéndolo casi irrespirable. Podía sentir
el fuego en mi rostro.
-¡Los
puentes están ardiendo! ¡Corre antes de que se destruyan!-gritó cogiéndome la
mano y arrastrándome tras ella mientras corría como si el demonio la
persiguiera.
Fue en ese
momento, cuando nos acercamos a los puentes ardientes, que vi a las criaturas
de las que Brigit me había hablado y no pude evitar pensar en la razón que
había tenido al llamarlas serpientes de fuego. Porque no había otra posible
calificación para ellas.
Las
serpientes de fuego eran gigantescos animales, tan grandes como caballos, con
rocas ardientes por escamas y que quemaban todo lo que tocaban sus largos
cuerpos.
Brigit
seguía caminando arrastrándome tras ella, con una mirada de pura decisión en
los ojos. Caminaba a paso tan ligero que no veía nada más que a las horripilantes
criaturas a las que nos acercábamos, por lo que no vi una rama en el camino que
me hizo tropezar, aunque mantuve el equilibrio. Pero la rama se partió
emitiendo un débil aunque notable sonido, llamando la atención de las
serpientes, que se enrollaban entorno a los puentes, paralelos, sobre el rio de
lava.
Al vernos
volvieron a emitir ese extraño rugido y tras una mirada entre ellas, como de
complicidad que les daba un aspecto inteligente, casi humano, comenzaron a
reptar hacia nosotras.
-Muy bien,
ya nos estamos envolviendo en el miedo, aunque yo diría que más bien es meando
de miedo, y nos acercamos a una lucha, aunque un poco desigual, que seguramente
acabe con nuestra muerte. ¿Qué narices hay que hacer ahora?-Le pregunto con el
miedo invadiendo cada fibra de mi ser.
Si pensaba
que los animales eran grandes cuando los vi de lejos, a medida que se acercaban
su magnitud se elevaba.
-Pues…
supongo que luchar- Dijo sonando más como una pregunta que como una
afirmación.-Aunque no se me ocurre como acabar con ellas.
-Se que suena
un poco estúpido, viendo que estamos en una isla en la que todo lo que hay,
hasta los animales, son de fuego, pero… No habrá algún lago o rio que en vez de
roca fundida lleve agua ¿verdad?
-Aunque te
parezca extraño, sí que lo hay. Pero está al otro lado de los puentes.
-Bien-afirmé
mirando el avance de nuestros miedos.- Si cada una se encarga de una serpiente
deberíamos poder cruzar.
-¿Cómo que
encargarse de las serpientes? ¿Qué vamos a hacer?
-Yo me quedo
con el de la derecha, tu el de la izquierda- Estaban a punto de alcanzarnos, a
apenas unos metros, cuando grité- ¡Corre!-Mientras me interné en el bosque rojo
unos metros para despistar a la serpiente y volví a emerger al camino unos
metros después, a la ver que veía a Brigit correr entre las ramas todo lo
rápido que podía.
Cada una era
perseguida por una de las monstruosas serpientes, que reptaban velozmente
intentando alcanzarnos. Apenas prestaba atención a lo que me rodeaba, solo
miraba muy bien el suelo que pisaba para no correr el riesgo de caer y ser
devorada, por lo que fue para mí toda una alegría ver y sentir los firmes,
aunque ahora ardientes, tablones de madera del puente de la derecha, donde me permití
levantar la mirada y comprobar que Brigit seguía mi mismo ritmo y también
estaba sobre el otro puente, mirándome.
-¡Está a
solo unos metros tras el follaje!-gritó señalando los arboles, de un tono más
bien amarillento, que formaban un escudo entre el rio de lava y el supuesto
lago.
Sin pararme
a pensarlo traspasé las hojas de un salto y aterricé en agua, fresca, relajante
y deliciosa agua.
Un chapoteo
en el agua me indico que mi compañera estaba bien, igual que yo. Nadamos unos
metros, apartándonos de la orilla, a tiempo de ver que ambas serpientes se
precipitaban sobre el liquido que para ellas resultó mortal, pues al reptar
hacia la orilla murieron cuando su fuego se extinguió.
Atravesamos
el lago, pues no había forma de salir por donde habíamos entrado.
-Creo que
les hemos bajado los humos-Dijo Brigit cuando salimos, haciéndome reír.
-Sí, me dan
hasta pena, pero bueno.-Miré alrededor, notando que la luz había disminuido de
golpe, como si hubiera anochecido.- No podemos volver atrás.
-Es era una
de las estrofas-dijo Brigit buscando algo con la mirada y sonriendo. Parecía
feliz.
-¿Qué pasa?
-Nunca se
había hecho de noche, el sol era una constante en mis sueños, ahora incluso
refresca, y mira- Dijo señalando hacia algún punto ante nosotras.- “El resplandor de la hoguera se encenderá en
la noche” recitó con alegría iluminando sus ojos.
Y entonces
lo vi.
En medio del
bosque, ahora oscuro por la repentina noche, se encontraba un fuego tan grande
como ninguno que hubiera visto jamás. Un fuego de llamas, no rojas y naranjas,
sino verdes y azules, un fuego poderoso, pero que transmitía paz.
Habíamos
llegado.
Ese era el
lugar seguro de Brigit.
De verdad la
había ayudado.
-Gracias-
dijo con lagrimas resbalando por sus mejillas- Sin ti nunca habría llegado. –Se
estiró hacia mí y me abrazó con fuerza.-Ya soy libre de soñar, igual que tu
también lo serás algún día. Ahora lo entiendo todo Raven.
-¿Qué
entiendes?-Pregunté confundida, pero no entendí bien lo que siguió pues mi
vista comenzó a nublarse.
-Escucha..
tu tienes .. gra. Poder. Resiste … … Tien.. que… auydar.. todos…com. Mi.
-¡No te
entiendo!
-Yo no …..
recordar… nada de …. Cuando yo despiert.
La neblina
me invadía cada vez más hasta que ya no la veía.
-¡NO TE FIES
DE ÉLLOS!-Gritó
-Eh,
dormilona, despierta- dijo la conocida voz de Jace mientras lo sentía sacudirme
un poco del brazo.
Abrí los
ojos y lo miré allí, inclinado sobre mí con la preocupación pintada en sus
ojos.
-Raven,
estas empapada en sudor. ¿Estás enferma?- Negué con la cabeza y saqué los pies
de la cama.
Era verdad
que estaba muy mojada, lo que explicaba el inmenso calor que sentía.
Miré la
pared donde mis citas descansaban y leí:
“las alteraciones de la vida no son
ni mucho menos tantas como las de los sentimientos humanos”- Frankenstein de
Mary Shalley.
Bien. Mi
vida había cambiado.
Aún no
estaba segura si para bien o para mal, pero estaba dispuesta a averiguarlo.
-Si dices
que estas bien es hora de levantarse. Al parecer nos espera un día movidito.
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