FUEGO
La cena fue
bastante bien, teniendo en cuenta que Daniel me estuvo vigilando casi sin
pestañear, pero no se acercó a mí, por lo que lo considero una victoria.
Cuando la
hora de apagar las luces llegó el sueño me estaba ganando la batalla.
“Tranquila,
seguro que esta noche será distinta. Y si aparecen de nuevo las puertas…
traspásalas y ves lo que hay detrás. La curiosidad me está matando”. Dijo Soul,
con tono casi enfadado por la impotencia.
“Puede que
lo haga. Buenas noches.” Y cerré los ojos.
De nuevo el
mismo sueño. Sin pararme a contemplar la habitación ni los pasillos, cuya
iluminación había cambiado a tonos más cálidos, rojizos, que daban un aspecto
siniestro a todo, bajé al primer piso y, comprobando que no había nadie cerca,
me acerqué a la primera puerta.
Al fijarme,
me di cuenta que había algo que la noche anterior no había visto. En el lugar
donde debería estar el picaporte había una marca en la madera, una figura, un
dibujo con la forma de una llama.
Con
curiosidad intenté pasar el dedo por encima de la señal, pero atravesó la
puerta y pude notar el calor rozando mi piel. Al sacar la mano unos restos
grises, como de cenizas, la cubrían.
“¡Raven!”
Exclamo una voz en mi cerebro. Al girar la cabeza hacia las escaleras encontré
a Daniel allí, como alarmado. Al ver mi intención de cruzar la puerta gritó
“Espera ¡No!” mientras se lanzaba hacia mí, pero ya era tarde.
Dando un
paso crucé la puerta con los ojos cerrados.
Al instante
el olor a humo impregnó el aire y el calor se intensificó.
Cuando abrí
los ojos apenas podía creerme lo que veía.
Ante mi se
extendía un sendero cubierto de ceniza, con arboles chamuscados a sus
laterales, algunos con llamas en sus ramas, pero eso no era lo que me
impresionaba, no. Lo que me dejó estupefacta fue el inmenso abismo que se
cernía a los lados del sendero, en cuyo fondo fluía un mar de lava hirviente.
De él salían columnas largas de humo y ese intenso olor a azufre.
El calor era
demasiado por lo que me di la vuelta para volver a cruzar la puerta y cuál
sería mi sorpresa al encontrar que allí no había nada, solo el abismo directo
al mar de roca fundida.
El miedo
comenzó a retorcerse desde lo más profundo de mi ser pero lo mantuve a raya y
observé el cielo rojizo, como en llamas, recordándome a la luz extraña de los
pasillos. Ahora que me paraba a pensarlo, ese color parecía como una
premonición de lo que me esperaba.
“Tranquila,
Raven.” Me dije a mi misma. “Solamente relájate y sigue el sendero, esto es
solo un sueño.”
Caminé con
pasos inseguros ya que el sendero no parecía muy fiable y de él se desprendían
trozos que caían a la lava ardiente, haciéndome pensar en lo que ese fuego líquido
me haría a mí si llegara a caer.
Cuando ya
llevaba una media hora andando y casi chorreaba sudor, de ello eran pruebas
claras mi camiseta y mi pantalón, completamente pegados a mi cuerpo como si me
hubiera metido con ellos en la bañera, vi a lo lejos un extraño bulto, colocado
en mitad del camino. Al acercarme más pude ver que era una persona, una mujer a
juzgar por su larga melena roja, que se encaramaba con fuerza al camino
intentando no caer, ya que la mitad inferior de su cuerpo colgaba del
precipicio.
Corrí hacia
ella lo más rápido que pude y la alcancé justo cuando la rama en la que apoyaba
sus pies para no caerse cedió. Se agarró con fuerza a mis brazos hasta llegar a
hacerme daño.
La chica
respiró agitada y se revolvió, como intentando levantarse. Con mis brazos, a
los que seguía agarrada, la impulsé hasta que estuvo de pie.
Cuando
apartó todo ese pelo, rojo como el fuego y la roca fundida que nos rodeaba,
pude ver su cara. Su rostro era infantil, se veía que acababa de entrar en la
adolescencia. Sus ojos eran del color negro del carbón y en ellos brillaban
vetas rojas y naranjas, como si fueran ascuas.
-¿Brigit?-
Pregunto confundida. Era la pirómana.
-¿Raven?
¿Qué haces en mi sueño? ¿Y cómo es que hablas?
-Si te soy
sincera no sé muy bien como he llegado aquí. Yo solo he seguido el camino.
-Pero… Este
es mi sueño, nunca hay nadie más en él, es la primera vez que veo a alguien
cuando estoy dormida.-dijo confundida mirando hacia todas partes como si en algún
lado pudiera encontrar algo que la hiciera resolver el misterio.
-¿Siempre
sueñas lo mismo?
-Cada día
desde que cumplí los diez años.
-¿Y qué
haces todos los días aquí?- pregunto pensando que no habrá mucho que hacer.
-Mmm… Pues
normalmente camino. No siempre sueño con la misma parte, es como si fuera… mmm…
¡Una isla! ¡Sí! Tiene varias partes, aunque básicamente, todo es fuego y calor.
Cuando me despierto aquí normalmente camino hasta que llego al bosque de fuego.
Aunque muchas veces me caigo a la lava, como me ha estado a punto de pasar
ahora. Por cierto, muchas gracias.
-No hay de qué.
Escucha, no tengo ni idea de que hago aquí pero ¿por qué no seguimos caminando
a ver qué sucede?- sugiero intentando sonar alentadora.-Puede que nos
despertemos.
Ella
simplemente asintió y caminamos en silencio.
A veces me
propuse a romper el silencio y hablar con ella pero, seamos realistas, llevaba
años sin hablar con alguien, no tenía ni idea de que decir.
De repente
el color del cielo se oscureció, tornándose de un rojo aterrador. Al verlo,
Brigit abrió los ojos desmesuradamente.
-Oh, mierda.
No entendía por
qué se ponía así hasta que vi emerger de entre las infernales nubes a unas
extrañas figuras, como pájaros que casi se camuflaban con el cielo.
-Raven-
Llamó Brigit. Cuando la miré susurró-Corre.
Ambas
comenzamos a correr lo más rápido que el adusto camino nos permitía, con las extrañas
aves rojas y negras persiguiéndonos.
Fu entonces
cuando un fuerte empujón me dejó colgando al borde del abismo.
Brigit
retrocedió y me agarró de la mano, dando tirones, intentando subirme, pero las
aves, a las que ahora veía perfectamente y cuyo plumaje era más bien llamas que
al rozarte quemaban como una temporada en el infierno, no se lo permitían.
Picoteaban sus brazos y mis dedos que se aferraban a la tierra llena de ceniza
y al brazo de mi fugaz compañera.
Al
comprender que no íbamos a ganar, que no iban a ceder, miré a Brigit que
parecía asustada.
-Suéltame-
ordené, como si tuviera alguna autoridad. Ella negó pero yo insistí.- Hazlo, es
solo un sueño.
Tras un
minuto de vacilación, su mano me liberó y solté el saliente, cayendo hacia el
mar ardiente.
Durante el
minuto que mi cuerpo estuvo quemándose recuerdo que pensé que no era tan malo.
Yo me esperaba sufrimiento, dolor, pero en cambio solo sentí paz.
Entonces,
como si de una película a cámara rápida fuera, todo los acontecimientos del
sueño pasaron ante mis ojos y al coger aire y gritar, estaba de nuevo en mi
cama, con luz entrando por las ventanas.
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