viernes, 17 de abril de 2015

CAPITULO 6

FUEGO
La cena fue bastante bien, teniendo en cuenta que Daniel me estuvo vigilando casi sin pestañear, pero no se acercó a mí, por lo que lo considero una victoria.
Cuando la hora de apagar las luces llegó el sueño me estaba ganando la batalla.
“Tranquila, seguro que esta noche será distinta. Y si aparecen de nuevo las puertas… traspásalas y ves lo que hay detrás. La curiosidad me está matando”. Dijo Soul, con tono casi enfadado por la impotencia.
“Puede que lo haga. Buenas noches.” Y cerré los ojos.


De nuevo el mismo sueño. Sin pararme a contemplar la habitación ni los pasillos, cuya iluminación había cambiado a tonos más cálidos, rojizos, que daban un aspecto siniestro a todo, bajé al primer piso y, comprobando que no había nadie cerca, me acerqué a la primera puerta.
Al fijarme, me di cuenta que había algo que la noche anterior no había visto. En el lugar donde debería estar el picaporte había una marca en la madera, una figura, un dibujo con la forma de una llama.
Con curiosidad intenté pasar el dedo por encima de la señal, pero atravesó la puerta y pude notar el calor rozando mi piel. Al sacar la mano unos restos grises, como de cenizas, la cubrían.
“¡Raven!” Exclamo una voz en mi cerebro. Al girar la cabeza hacia las escaleras encontré a Daniel allí, como alarmado. Al ver mi intención de cruzar la puerta gritó “Espera ¡No!” mientras se lanzaba hacia mí, pero ya era tarde.
Dando un paso crucé la puerta con los ojos cerrados.
Al instante el olor a humo impregnó el aire y el calor se intensificó.
Cuando abrí los ojos apenas podía creerme lo que veía.
Ante mi se extendía un sendero cubierto de ceniza, con arboles chamuscados a sus laterales, algunos con llamas en sus ramas, pero eso no era lo que me impresionaba, no. Lo que me dejó estupefacta fue el inmenso abismo que se cernía a los lados del sendero, en cuyo fondo fluía un mar de lava hirviente. De él salían columnas largas de humo y ese intenso olor a azufre.
El calor era demasiado por lo que me di la vuelta para volver a cruzar la puerta y cuál sería mi sorpresa al encontrar que allí no había nada, solo el abismo directo al mar de roca fundida.
El miedo comenzó a retorcerse desde lo más profundo de mi ser pero lo mantuve a raya y observé el cielo rojizo, como en llamas, recordándome a la luz extraña de los pasillos. Ahora que me paraba a pensarlo, ese color parecía como una premonición de lo que me esperaba.
“Tranquila, Raven.” Me dije a mi misma. “Solamente relájate y sigue el sendero, esto es solo un sueño.”
Caminé con pasos inseguros ya que el sendero no parecía muy fiable y de él se desprendían trozos que caían a la lava ardiente, haciéndome pensar en lo que ese fuego líquido me haría a mí si llegara a caer.
Cuando ya llevaba una media hora andando y casi chorreaba sudor, de ello eran pruebas claras mi camiseta y mi pantalón, completamente pegados a mi cuerpo como si me hubiera metido con ellos en la bañera, vi a lo lejos un extraño bulto, colocado en mitad del camino. Al acercarme más pude ver que era una persona, una mujer a juzgar por su larga melena roja, que se encaramaba con fuerza al camino intentando no caer, ya que la mitad inferior de su cuerpo colgaba del precipicio.
Corrí hacia ella lo más rápido que pude y la alcancé justo cuando la rama en la que apoyaba sus pies para no caerse cedió. Se agarró con fuerza a mis brazos hasta llegar a hacerme daño.
La chica respiró agitada y se revolvió, como intentando levantarse. Con mis brazos, a los que seguía agarrada, la impulsé hasta que estuvo de pie.
Cuando apartó todo ese pelo, rojo como el fuego y la roca fundida que nos rodeaba, pude ver su cara. Su rostro era infantil, se veía que acababa de entrar en la adolescencia. Sus ojos eran del color negro del carbón y en ellos brillaban vetas rojas y naranjas, como si fueran ascuas.
-¿Brigit?- Pregunto confundida. Era la pirómana.
-¿Raven? ¿Qué haces en mi sueño? ¿Y cómo es que hablas?
-Si te soy sincera no sé muy bien como he llegado aquí. Yo solo he seguido el camino.
-Pero… Este es mi sueño, nunca hay nadie más en él, es la primera vez que veo a alguien cuando estoy dormida.-dijo confundida mirando hacia todas partes como si en algún lado pudiera encontrar algo que la hiciera resolver el misterio.
-¿Siempre sueñas lo mismo?
-Cada día desde que cumplí los diez años.
-¿Y qué haces todos los días aquí?- pregunto pensando que no habrá mucho que hacer.
-Mmm… Pues normalmente camino. No siempre sueño con la misma parte, es como si fuera… mmm… ¡Una isla! ¡Sí! Tiene varias partes, aunque básicamente, todo es fuego y calor. Cuando me despierto aquí normalmente camino hasta que llego al bosque de fuego. Aunque muchas veces me caigo a la lava, como me ha estado a punto de pasar ahora. Por cierto, muchas gracias.
-No hay de qué. Escucha, no tengo ni idea de que hago aquí pero ¿por qué no seguimos caminando a ver qué sucede?- sugiero intentando sonar alentadora.-Puede que nos despertemos.
Ella simplemente asintió y caminamos en silencio.
A veces me propuse a romper el silencio y hablar con ella pero, seamos realistas, llevaba años sin hablar con alguien, no tenía ni idea de que decir.
De repente el color del cielo se oscureció, tornándose de un rojo aterrador. Al verlo, Brigit abrió los ojos desmesuradamente.
-Oh, mierda.
No entendía por qué se ponía así hasta que vi emerger de entre las infernales nubes a unas extrañas figuras, como pájaros que casi se camuflaban con el cielo.
-Raven- Llamó Brigit. Cuando la miré susurró-Corre.
Ambas comenzamos a correr lo más rápido que el adusto camino nos permitía, con las extrañas aves rojas y negras persiguiéndonos.
Fu entonces cuando un fuerte empujón me dejó colgando al borde del abismo.
Brigit retrocedió y me agarró de la mano, dando tirones, intentando subirme, pero las aves, a las que ahora veía perfectamente y cuyo plumaje era más bien llamas que al rozarte quemaban como una temporada en el infierno, no se lo permitían. Picoteaban sus brazos y mis dedos que se aferraban a la tierra llena de ceniza y al brazo de mi fugaz compañera.
Al comprender que no íbamos a ganar, que no iban a ceder, miré a Brigit que parecía asustada.
-Suéltame- ordené, como si tuviera alguna autoridad. Ella negó pero yo insistí.- Hazlo, es solo un sueño.
Tras un minuto de vacilación, su mano me liberó y solté el saliente, cayendo hacia el mar ardiente.
Durante el minuto que mi cuerpo estuvo quemándose recuerdo que pensé que no era tan malo. Yo me esperaba sufrimiento, dolor, pero en cambio solo sentí paz.

Entonces, como si de una película a cámara rápida fuera, todo los acontecimientos del sueño pasaron ante mis ojos y al coger aire y gritar, estaba de nuevo en mi cama, con luz entrando por las ventanas.

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