jueves, 26 de febrero de 2015

CAPITULO 2: PARTE 2

CAPITULO 2: PARTE 2

La luz intensa entraba por la rendija bajo la puerta, iluminando todo el oscuro cuarto. Por la ventana no se veía nada, todo era negro, lo que era extraño porque no podían haber pasado tantas horas desde que me dormí.
Me levante y mire mi habitación. Estaba completamente vacía. En ella solo estábamos la cama y yo. ¿Dónde estaban todas mis cosas? ¿Cómo podían haberlas sacado sin que los oyera?
De repente, comenzó a soplar una intensa ráfaga de aire que abrió la puerta de par en par y me permitió ver el pasillo. Al mirar arriba no se veía el techo, ni esos horribles fluorescentes, solo luz, pura y blanca, que lo iluminaba todo de forma cálida. Las paredes no estaban cubiertas por ese espantoso papel pintado sino que eran de un color gris bastante agradable. Por todo el pasillo se extendía las paredes, completamente lisas, sin ninguna puerta, lo que era todavía más extraño que lo de mis cosas, porque hasta hacia unas horas, cuando había pasado por ese mismo pasillo, las puertas estaban allí, al menos unas cuatro y ahora no había nada. Era rarísimo. No sabía cómo podían haber hecho todo eso en el poco tiempo que llevara durmiendo, a no ser que me hubieran vuelto a sedar. La última vez que lo hicieron estuve inconsciente dos días. Pero no me habían puesto ninguna vía ni pinchado. Además, Jace me lo habría dicho. ¡Un momento! Jace no había venido a por mí para lo de la llamada, así que… Claro. Tenía que ser un sueño. Era la única explicación para todas las cosas raras, que siguiera durmiendo.
Con curiosidad por ver a donde me llevaba el sueño, camine hasta la escalera. Ella no había cambiado nada. Al bajar al segundo piso vi que allí también faltaban puertas, pero había algunas, extrañamente distribuidas. Camine hacia la más cercana pero no tenia pomo para abrirla. Por debajo se colaba la misma brillante luz que se había visto por la de mi habitación antes de abrirse.
Cuando empujé la puerta para abrirla, la supuesta madera cedió ante mis dedos y mi mano la traspasó como si solo fuera una fina lámina de agua flotando ante mí. Rápidamente, de un sobresalto, aparte la mano y la mire sorprendida. Aunque fuera un sueño esa puerta parecía muy real. Lentamente, con precaución, volví a introducir la mano sin sentir nada, era como si la puerta fuera cosa de mi cabeza, como si no hubiera nada allí. Fui metiendo el brazo poco a poco hasta el codo, con miedo de que de repente la puerta se solidificara. Bueno, era un sueño, todo podía pasar. Pero antes de que siguiera y acabar metiéndome dentro del todo escuche pasos en la escalera y me dirigí hacia ella para ver quien subía.
Jace y el tal Daniel subían como si tuvieran prisa. Corrí escaleras arriba de vuelta al pasillo de mi habitación y corrí hacia mi puerta. De nuevo estaba cerrada y , al igual que las de abajo, no tenia pomo. Al intentar traspasarla como había hecho con la de abajo no pude, por lo que me volví de cara al pasillo y espere a que llegaran, sin saber que me dirían en mi sueño.
-Las habitaciones de los pacientes no pueden tener pestillo por política del centro, pero aun asi es mejor que toques la puerta antes de entrar en una de las habitaciones, no solo por respeto e intimidad, que es algo que los “enfermos” del centro no suelen tener, sino para evitar posibles situaciones límite- Explicaba Jace mientras aparecía por la otra punta del pasillo. Por un segundo me miro directamente a los ojos, que se le abrieron con lo que parecía un gesto de sorpresa durante un milisegundo pero al instante, como si me lo hubiera imaginado, pasó su mirada de largo e hizo como que no me veía, o eso creía.
-¿Por qué podría eso causar una situación límite?- Preguntó Daniel apareciendo tras él. Era extraño, como todo lo que hasta ahora había pasado en el sueño, pero había dejado de brillar. El sí que me estaba mirando, sin molestarse en apartar los ojos de mí, como si quisiera que supiera que me veía, lo que era aun más raro. ¿Por qué no iba a verme?
-No conoces a ninguno de los pacientes, sus situaciones o sus posibles reacciones. Algunos pueden resultar agresivos si se les asusta.
En un gesto tan rápido que ni me dio tiempo a moverme, Jace camino hacia mí y ni siquiera me topo, me traspasó como si fuera un fantasma, como si hubiera desaparecido. Eso explicaría porque podía pasar la puerta de abajo, pero no porque no podía cruzar la mía, o porque Daniel me veía. Definitivamente era el sueño más raro que había tenido en toda mi vida.
Con unos golpes contundentes en la puerta que sentí resonar en mi cabeza, Jace me llamó y de repente una espiral se formó a mí alrededor y todo desapareció. Estaba en la más completa oscuridad.
-Raven, es la hora de la llamada- Dijo Jace desde el otro lado de la puerta.
Abrí los ojos y todo estaba en su sitio, igual que lo había dejado al acostarme. Los libros amontonados, el armario viejo, el desagradable papel pintado, todas mis cosas estaban bien, como siempre lo habían estado.
Me levante y abrí la puerta sin molestarme el estirarme la ropa o cepillarme el pelo con el único utensilio que me permitían tener, un viejo peine de plata que había sido de mi madre.
Ambos, lo que era rarísimo, como todo ese día, estaban exactamente en las mismas posiciones que segundos antes en mi sueño. Daniel me miraba como un bicho raro, pero lo pase por alto.

-Es la hora-Indicó Jace con una indulgente sonrisa.

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