La ducha fue
como estar en la gloria. La relajación en la que te sumerges cuando en agua
caliente cae sobre ti es como celestial.
-¡Oye Raven!
¡No se tarda tanto en ducharse! ¡¿Qué estás haciendo ahí, pervertida?! ¡Si no
sales pronto entraré, me da igual si estas presentable o no!- Gritó Jace desde
el otro lado de la puerta de la pequeña cabina en la que me estaba lavando.
“Se acabó el
cielo” Se burló Soul.
El resto del
día no fue demasiado interesante. Lo único que cabe destacar es la actitud hostil
de Jace hacia Daniel.
Cada vez que
Daniel aparecía en una habitación, ya fuera llevado cajas de comida en el
comedor, o ayudando a alguno de los
pacientes, Jace aparecía, como un fantasma, junto a mí, sin despegar los ojos
de un muy despreocupado Daniel, e incluso poniéndole mala cara.
Este hecho
no les pasó desapercibidos a los otros celadores, pues algunos de ellos parecían
divertidos ante la protección exagerada de Jace, y a las enfermeras, como
Stella, que se acercó a hablar con él y a decirle que se relajara un poco.
En resumen, tuve
un perro guardián, más insistente de lo normal.
Soul tampoco
desperdicio esa oportunidad para molestarme, diciendo que “el pobre guaperas de
Jace”, como ella lo solía llamar, estaba tan celoso que le salía humo por las
orejas.
Yo, como la mayoría
de las veces, la ignoré, pero me divertí bastante viendo a Jace refunfuñar y de
mal humor.
Volví a
darle una paliza al ajedrez.
Cuando
fueron las ocho de la noche Jace me acompañó a mi habitación y me dio las buenas
noches antes de marcharse, mirando bien el pasillo para asegurarse de que no
hubiera “nadie” escondido, como un padre mirando bajo la cama de un niño por si
hubieran monstruos.
Me senté en
mi cama y esperé a que el sueño me llegara.
Cuando mis
ojos se estaban cerrando algo me lo impidió.
“Parece que
tu guardián no me permitirá acercarme a ti más. Pobre tonto, piensa que vigilándome
me impedirá hablarte” Retumbó una voz por la habitación.
“¿Daniel?” Pregunté
confundida.
“Tengo al
muy tonto justo frente a mí y no tiene ni idea de que estoy comunicándome contigo.
Me divierte la insignificancia de los humanos, creen que lo saben todo pero no
llegan ni a la mitad” Rió de nuevo.
“¿Qué dices?
¿Humanos? ¿Por qué lo dices de ese modo?” Pregunté confundida.
“¿De qué
modo Raven?”
“Como si no tuviera
nada que ver contigo, como si tu no fueras humano” Expliqué algo cohibida, pues
el sueño me invadía y notaba la pesadez de mis parpados vencerme.
“Eso es
porque no lo soy. Buenas noches, preciosa”
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